Archivo de categoría: FICCIÓN BREVE
En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
El placer de correr
La línea blanca de la carretera se pierde, una motocicleta irrumpe y desaparece. Corriendo por la mañana, el sol cae sobre mi espalda; delante veo mi sombra desfalleciente. En la cima rozo las nubes, abajo los árboles parecen arbustos. La mirada se refresca al mirar correr el agua; imagino, llenar el hueco de mis manos y humedecer los labios. Cuando mi sudor es regato sobre mi piel; buscará el arroyo, el río y llegará hacia el mar.

El sueño
Juan soñaba con Isabela. Los besos de ella le causaban sofoco, dejando un olor de piñas fermentadas. Su esposa intentaba despertarlo, pero él tenía los ojos lejanos, en los labios un azul húmedo que enmarcaba su fría sonrisa.

Señales
La muerte siempre manda un surtido de sueños antes de llegar.![Planeta Deshabitado [ Wallpaper HD ]](https://sendero.blog/wp-content/uploads/2018/04/planeta-deshabitado-wallpaper-hd.jpg?w=620)
Del diario de una mujer once.
Bajo la sombra recortaba las uñas de los pies de mi esposo. Mis amigas aconsejaron que no lo hiciera más ¡Qué vivíamos otros tiempos! Al hacerlo con torpeza se hirió, días después su pierna cambió a un azul marmóreo y tuvieron que amputarle la extremidad. Cómo la pensión de él es insuficiente para resolver los gastos, ahora doy servicio de pedicura a domicilio a las que fueron mis amigas.

Observaciones de una tortuga
Me refugié con los humanos. Observé que para subsistir, ellos tienen que olvidarse de sí. Su memoria es débil. Exigen, envidian y cultivan la soberbia. Alaban por alabar. Atropellan al cometa, al grillo y a ellos. Podrían competir a ser tristes, inauténticos e insensibles.

Diario intimo (10) Después de una experiencia.
De regreso a casa, pensaba en mi manera de ser. Puedo ser tierna, compartida, asegurar que los pequeños detalles estén presentes, que son la vida. Es cierto, tengo mis tristezas, mis enojos, dolores que toda mujer tiene. Valoro una caricia en la mejilla, un roce de labios en la frente o un beso en la piel de mis senos. Atesoro caminar bajo un atardecer o refugiarme en los brazos de Antonio, al escuchar el retumbo de los truenos. En estos días ha pasado todo. Tengo que decir que el amor es mucho de lo que escribo, pero falta algo más, algo que no tiene nombre, que es inefable y que Antonio nunca tendrá.
El amor que tengo por mi difunto esposo es íntimo, intenso, nació de un cielo, cuando una estrella se desprendió y llegó a mis manos. Aquél baile de carnaval que danzamos, charlamos, reímos. Al despedirnos me quitó la careta, hice lo mismo, atraídos sin que nada nos importara, nos besamos, ese beso lo percibo como si fuese ahora, lo llevo siempre; nada lo borra. Toño es un buen hombre, mi esposo es una luz.

Vladimir Valegob
Diario de una mujer nueve
En el dormitorio la cama es ancha, blanda, con sábanas rojas, blondas almohadas. No tengo lámparas en el buró. Apagaremos la luz, encenderemos una bujía con aroma a jazmín. Como hace calor dormiremos sin frazadas. Bien, yo suelo dormir con una camiseta larga de algodón. Me quitaré la ropa, voltea hacia la ventana, mientras lo hago Acuéstate y descubre el lado donde me acostaré. Mis pies fríos los cobijaré con el calor de tus piernas ¿ no te enojas? Me recuesto en tu pecho y digo en voz baja a tu corazón: me encanta que estés en el lugar que sueño cada noche, es la primera vez, que un hombre se acuesta conmigo en este lecho. Es la primera vez. ¡No me defraudes!

diario de una mujer 8, frente al espejo
¿Dónde tendría el cerebro para aceptar a este bueno para nada?, ronca peor que cerdo? Hace dos años, estoy de bruta sintiendo mariposas en la barriga. Tan bien que estaba antes de conocerlo. Si comía bien, si no también. Si quería irme a bailar no tenía que pedirle permiso a nadie. Llegó este cabrón a calentarme la cabeza y me casé. Ahora tengo que lavar, planchar, hacer de comer, aparte de la joda que te dan en la fábrica de ropa; en la noche, quieras o no, si el marrano tiene ganas, tengo que complacerlo. ¡Ah…eso no es todo! Aparte de soportarlo a él, también tengo que tolerar a sus amigos. Me dice: “mi amor tráenos otra cerveza y, más botana para picar”. Después de que terminan briagos y dando traspiés, se van. hay que limpiar sus porquerías, poner todo en orden. ¡Escuchen como ronca! Ni la vida le corre al desgraciado. ¡Cómo él no tiene que levantarse temprano! Pero, ¿a quién madres le echo la culpa? Si mi madre viviera, tendría que darle la razón ¡Nunca se me va a quitar lo pendeja!

Diario de una mujer siete
Me llevaste a un lugar muy alto, e indicaste mirar abajo. Apretaste mi mano porque tenía miedo.Mientras veía un río de agua transparente. me aferraba a tí.
Estábamos en una cabaña cercada de eucaliptos, rodeada por su aroma. Descalza. vestía una túnica transparente. Sentía tus ojos, mientras cantaba cocinando para ti. Por la noche, el viento abría las cortinas dejando ver una luna cobriza. Dormí recostada sobre tu pecho morocho, tus manos tibias en mi cintura.
Afuera los árboles crujían; lejos los gritos de las aves.
Desperté del sueño por los golpes que daba mi esposo en la puerta. Entró dando tumbos cayendo como regla pesada, atravesado sobre la cama. Dormité en el sofá.
Abría el día cuando iba rumbo a la terminal; tomaría el tren que me llevase a cualquier parte.

La puber de las pitahayas
Luce la púber porque recolecta pitahayas. Regresa del monte con la bolsa llena de frutos. Brinca, silba. Ágil baja del cerro. los senos prometen ser abultados. A la luz del candil, se corta el pelo, se pinta las uñas, riza sus pestañas. Se irá a la capital. Un forastero que recién conoció le ayudará a conseguir trabajo en un club selecto de hombres de negocios. La vida promete; se mira con vestidos de marca luciendo su figura de libélula. Mientras se acomoda vivirá con la madre de León, que así se llama su amigo.

La tortuga
Cuando seguía al sol, caminé sobre una cinta grisácea. Aridez de lado a lado. Piedra más piedra, una que otra hierba. Encontré la mujer en el suelo, abrazaba a su hijo. Estaban siendo arrastrados por un sujeto que les gritaba:
-¡largo de aquí! ¡Fuera!
-Ya no me pegues Juan
Poco después llegó otro varón que al verlos caídos les dio agua. Juan regresó furioso. tiró de los cabellos a la mujer. La pelea fue brutal entre los hombres. Juan era tundido a puñetazos, sangraba de ceja y nariz. Desmayado. La mujer con una piedra golpeo la cabeza. Había dos hombres tirados en el asfalto. Una mujer que limpiaba la sangre, decía.
-A mi macho nadie le pega.
Seguí mi camino.

La tarde
El viento ronroneaba entre las plantas. La tarde calurosa enterraba su bochorno. Salía una luna papel bond, bajo el caimito me llenaba de inmensidad. Las ramas verdes parecían brazos caídos. Se cerraba un día, empezaba a ahorcarse entre el cuchicheo de las hojas. El sombreo de la tarde, la luna blanca destellaba el cobre en su fragua. A su lado fulgía Venus. Las ramas se mecían, yo sumido en el asiento que me vio de niño.

Cuando te avizoro
Fugaz, siempre fugaz como las chupa rosas que van a ninguna parte. ¿De dónde eres? En tarde soñolienta, brumosa, se que vas delante porque tu cadera desprende manzanilla, muelle y flor.

Del diario de una mujer 6
No tarda en llegar el taxi para ir a la oficina. Él ríe de «Nieve»; a través de la ventana se ve a la perra persiguiendo a la libélula en el jardín. Al encontrarme con sus ojos sonreímos los dos. Tibia mañana, de café con pan. Nadie llegará hasta después del mediodía. Él vino de un trópico distante. Me perturba. Hinco el cuero de la bota en la duela del piso, no tanto para que se fijara en mis formas de mujer, sino para decirme que volar con algo que no es tuyo, es peligroso. La tonadilla de una canción suena en mi cabeza.
lara la la la…La vida es una autopista que no tiene regreso, lalala-lala…
Salí apresurada hacia la puerta de mi casa, le pagué al taxista y regresé.


