La tortuga

Cuando seguía al sol, caminé sobre una cinta grisácea. Aridez de lado a lado. Piedra más piedra, una que otra hierba. Encontré la mujer en el suelo, abrazaba a su hijo. Estaban siendo arrastrados por un sujeto que les gritaba:
-¡largo de aquí! ¡Fuera!
-Ya no me pegues Juan
Poco después llegó otro varón que al verlos caídos les dio agua. Juan regresó furioso. tiró de los cabellos a la mujer. La pelea fue brutal entre los hombres. Juan era tundido a puñetazos, sangraba de ceja y nariz. Desmayado. La mujer con una piedra golpeo la cabeza. Había dos hombres tirados en el asfalto. Una mujer que limpiaba la sangre, decía.
-A mi macho nadie le pega.
Seguí mi camino.

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La tarde

El viento ronroneaba entre las plantas. La tarde calurosa enterraba su bochorno. Salía una luna papel bond, bajo el caimito me llenaba de inmensidad. Las ramas verdes parecían brazos caídos. Se cerraba un día, empezaba a ahorcarse entre el cuchicheo de las hojas. El sombreo de la tarde, la luna blanca destellaba el cobre en su fragua. A su lado fulgía Venus. Las ramas se mecían, yo sumido en el asiento que me vio de niño.

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Cuando te avizoro

Fugaz, siempre fugaz como las chupa rosas que van a ninguna parte. ¿De dónde eres?  En tarde soñolienta, brumosa, se que vas delante porque tu cadera desprende manzanilla, muelle y flor.

 

mujer en paris

Del diario de una mujer 6

No tarda en llegar el taxi para ir a la oficina. Él ríe de «Nieve»; a través de la ventana se ve a la perra persiguiendo a la libélula en el jardín. Al encontrarme con sus ojos sonreímos los dos.  Tibia mañana, de café con pan. Nadie llegará hasta después del mediodía. Él vino de un trópico distante. Me perturba. Hinco el cuero de la bota en la duela del piso, no tanto para que se fijara en mis formas de mujer, sino para decirme que volar con algo que no es tuyo, es peligroso.  La tonadilla de una canción suena en mi cabeza.
lara la la la…La vida es una autopista que no tiene regreso, lalala-lala…
Salí apresurada hacia la puerta de mi casa, le pagué al taxista y regresé.

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Apuntes de un niño-visitando el monte

Tenía seis años, el primo, por primera vez me llevó al monte. Fui con camisa de manga larga, un sombrero de palma, botas por debajo de la rodilla.  En el camino topé con sembradíos de maíz y partes fangosas donde crecían vainas que en la punta terminaban en capuchones de tal manera que parecían cohetes, de los que explotan y caen colores del cielo.
—La almohada que tienes, está hecha con la planta que ves— dijo el primo.
 —¿Recuerdas cuando llevé un manojo de esas vainas a la casa?, mamá Camila las puso al sol, después de tres días, obtuvo una pelusa, con la que llenó una funda de tela. Así las almohadas se hacen frescas, suaves.
A medida que avanzábamos, la maleza se hacía tupida, Enrique desenfundó el machete para abrir camino; las enredaderas reptaban por los arbustos, brincaban hacia los árboles, de las ramas descendían lianas que se enroscan como serpientes. Lo que sorprendió es que de los tallos salían raíces que parecían barbas verdes, rizadas, que llegaban hasta el suelo para perderse  entre la hierba. 
—¡Ten cuidado!,   gritó Enrique, —fíjate bien donde pones la mano, pues nunca sabes que está escondido. ¿Qué quieres hacer…?
—Tocar. 
Tomó el machete lo introdujo entre las barbas y las sacudió. Ahora sí, puedes hacerlo.
Sentí las raíces duras, largas, verde opacas, llenas de retoños, que al estirarlas crecían más que las reglas que usaba en la escuela.
Regresé con otros ojos.
 Semanas después, pasó una muchacha a saludar a mamá Meche, preguntando por Enrique. Me acarició la barbilla. contó a mi madre. 
—Hoy me enseñaron la raíz cuadrada.
Me llegó la imagen del monte. Tantas raíces vi, nunca que fuese cuadrada. ¿Cómo sería ésta?  Por la noche pensé en ella, y no pude imaginarla. No cabía en mi cabeza.
 La soñé como si fuesen los dados que aventaba en el juego de la escalera y reí de mi bobera. 
Por la mañana, le dije serio a mamá. 
¿Quiero conocer la raíz cuadrada?
Mi mamá no supo que decirme, solo contestó que me esperara hasta que llegase Enrique. En la mañana fui directo al cuarto de Enrique, ya no estaba.  En la noche prometí no dormir hasta que  llegase. Cuando el sueño me vencía, corría al lavabo y me lavaba la cara.  Cuando escuchó los pasos,  antes de le hiciera un cariño, le dijo.
—¡Quiero conocer la raíz cuadrada! – Como se quedó en silencio, volví a repetir.
—Quiero conocer la raíz cuadrada.
—Estás peque, no la entenderías.
Tanto le insistí que no le quedó otra, que buscar un cuaderno y nos sentamos en la mesa.
Cuando terminó la explicación le dije:
—Esto no es la raíz cuadrada, es aritmética.
 La raíz cuadrada debe ser diferente, debe de  estar más allá del monte. En algún lugar.  pensé.

selva pantano

Del diario íntimo 5

Es complicado imaginarme que eres tú quien me hace el amor, mientras estoy en intimidad con él.  Juegan en ese momento los jadeos, el sudor, los olores; aunque cierre los ojos, ellos me delatan. Sólo el movimiento de mis labios apretados contra la almohada, me hacen gritar en silencio tu nombre.

mujer escribiendo

Diario de una mujer 4

Algo me recorre, la grama está húmeda, mullida para el retozo. Los trompos de lumbre solo pueden ser colmados por dedos hábiles, por una lengua ávida o un falo sublime que frote. Mis labios exigen besar, besarte de principio a fin hasta tener en mi boca el recipiente exacto de tus germinales. Todo me hace insaciable. Atrás quedó mi dulzura, la mujer juiciosa y socialmente impoluta.

Del diario de una mujer 3

Jugábamos en la puerta del baño. Abrí la llave de la regadera aquella mañana fría, las gotas cayeron sobre tu cabello, la camisa mojada se pegó a tu espalda. Me llevaste a tu lado, tomé tus caderas. Hielo derretido que nos cortaba la respiración. Erectos mis botones. Del agua nieve, pasamos a la pasión que azuzó la lava de tu boca, saciaste tu sed con la plenitud de mis pechos, me llené de contracciones. tomé de tu geografía la península y la anexé como un territorio conquistado. Sonaba el agua, el suspiro y mi pierna subía y bajaba sofocando tu cintura.
Derretimos al frío.

 

sex

 

 

Del diario de ella 2

Luce ágil porque recolecta pitahayas. Regresa dando brincos, los pezones abultan por el roce de la tela. A la luz del candil, se corta el pelo, se pinta las uñas, riza sus pestañas. Pretende ir a la capital, ofrecer sus atributos. Ingresar a un club selecto.
En las orillas del pueblo la esperaba el apuesto muchacho que la llevaría…

mujer daniel F. Gerhartz

Daniel F,Gerhartz

 

 

El diario de una mujer uno

Me gustan las manos ásperas, aradas por el golpe a golpe. Ese contraste entre la callosidad de la mano y la tersura de mis caderas.  Estoy exhausta, satisfecha de intimar con un hombre al que le dejé una porción generosa de dinero.

mujer de birgit gerritsen

Hoy es el día amada

Una noche especial. Prenderé el fuego lunar, tus ojos caerán atrapados por el ombligo saltón del conejo, tomaremos el te entre los pinares de la montaña; a los píes de las flores silvestres; con la intermitencia de las luciérnagas, el canto lejano del ave de las mil voces y el aroma de viejas manzanas. Olvidaba decirte que es la fiesta de tu no cumpleaños.

olio su tela, cm 95,5 x 122,2 Southampton City Art Gallery

 

A ella le gusta mirar las estrellas.

Amo a la mujer con quien tengo coincidencias; flores que nacen una al lado de la otra. Amo las diferencias, sin ellas, seríamos fábula. Gusta de las estrellas. Yo sueño con montar un cometa. Disfruta la soledad, estar con bata bajo la luz de la luna. Yo la atormento con la guitarra, canto en la noche a la rueda cobriza que salta de rama en rama. Lejos aullan los perros y se escucha el motor de los camiones que van hacia la montaña.

Pau cezanne

Tiempo de elecciones

Me obligo a ser respetuoso con los directores. Escucho sus pláticas, me honran invitándome a sus eventos, donde los candidatos enseñaran el músculo. Prometo ir, no voy. En la inmensidad del tiempo, ser director de un nivel intermedio, es un puntito deslavado en la historia. Sigo tallando la idea, la palabra, quizá mañana, algún lector despistado me encuentre. Eso anima más, que ser un «ejecutivito».

Raymundo de Madrazo