La feria

—Buscaste en los cajones
—si
—Debajo de la cama
—si
—¿Debajo del colchón? El flaco se paró y fue hacia el pequeño y revuelto dormitorio
—Aquí está el billete. Alcanza para pasajes y algunas chelas.
Poco hablaron, empezaron a vestirse y salieron hacia la comunidad. A media hora en urbano. El pueblo tenía fama de ser afectuoso y tener hermosas mujeres. 
La noche caía. El baile sería en un campo a cielo abierto. La parte donde tocaría el conjunto era la única cubierta. La mitad de las mesas estaban ocupadas.
Alejados de las torres de sonido, pidieron al mesero cervezas.  Eran estudiantes, gustaban del relajo, tenían la anécdota, la risa a flor de boca. Podían platicar por horas con algo frío en la mano.
—El pago es por adelantado. —Dijo el mesero.
A lo lejos se veían relámpagos, las nubes gordas y oscuras, ocultando parcialmente a la luna.
Habían tomado tres cervezas al inicio de la tormenta. Gotas grandes, filosas que espantaban a la gente
—¡Chigatumadre si te paras!
—¡Chingas la tuya si te rajas!
LLamaron al mesero que fue con paraguas.
—Otras. —Dijo Jorge y pagó.
Las gentes se retiraron para guarecerse. Ellos quedaron. El mesero iba y venía llevando las amargosas. 
Un sujeto con chistera. vestido estrafalariamente, protegido por el paraguas llegó hasta ellos.
—Están tomando cerveza de mi marca, soy el caballero corona, por su constancia les obsequiaré un cartón de cerveza. El mesero con impermeable, venía dando tumbos, llegaba con el cartón de chelas, sin cobro.
El agua calmó y las parejas regresaron a las mesas, la música tropical movía caderas. El cartón se vació.
La noche se puso bochornosa.
—Tengo hambre –
—También.
Comieron media docena de tacos y con la mirada vidriosa, Jorge dijo
—A ver si eres tan cabrón, Te reto a que te subas a la rueda de la fortuna.
—Chingo a mi madre si no acepto.
Compraron los boletos, se subieron y el empleado que los sujetó, les hablo de cerca.
—Están pedos.
Jorge sacó un billete de veinte pesos y se los puso en la bolsa.
A la tercera vuelta, la náusea llegó a trote en ambos. Vomitaron los tacos y la cerveza que en cascada caían sobre las personas, el operador. Bañado por el vómito, paró la rueda. Un parroquiano manchado de la ropa les dio una patada por el culo y como pudieron salieron de la zona. Todavía escucharon:
—¡Borrachos hijos de la chingada váyanse a vomitar a su madre!
Otro aguacero, el lugar quedó solitario.
—Vámonos.
—¿no has visto la hora?
– Ya pasa de la media noche. No hay cómo irse.
– Vamos a la carretera federal. Por allá debe de pasar alguno.
Caminaban apoyándose el uno con el otro a media calle, una camioneta les sonó el claxon para que transitaran por la orilla.
—¡Puede llevarnos! gritó Antonio
—¿A dónde van?
— A Veracruz.
—Súbanse en la batea. Tengan cuidado con los cerdos.
Iban en la camioneta aferrados a la reja. Resistieron de pie hasta que el vehículo encontró un bache y cayeron al piso. No podían levantarse, estaba resbaloso de tanta mierda y cuando casi lo lograban, un empellón de los cerdos los hacía caer de nuevo. Ya en la carretera se pusieron de píe.
—¡Tengo mierda de cerdo hasta en el culo! Dijo Jorge.
—Estoy peor, no encuentro mis lentes, no veo nada. ¡Ayúdame! 
Te agarro del cinturón y tantea entre la mierda, total uno poco más no te hará daño.
Estaban a tres kilómetros de donde vivían. El par era más mierda que carne. La borrachera se les había bajado, Llegaron a la fuente de las tortugas.
—Chingas a tu madre si no te metes
—Chingas a la tuya si no.
Corrieron como preescolares, se metieron. Su fortuna terminaría cuando se paró una patrulla de la policía y los sacaron, con chingadazos de macana en la espalda.
Súbanse cabroncitos, dormirán en la cárcel.
—Pareja, pareja, mejor pídales algo de billete, o el reloj, estos cabrones apestan a mierda de puerco y van a perfumar la nave.
—Ya juntos en la regadera, Antonio dijo en voz alta
—A ver cuando me invitas a otra fiestecita de pueblo cabroncito.
—Deja de chillar, y date otra enjabonada con detergente, pues el olor de mierda del cerdo no se va.

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Feminicidio

Largo festín de la manada de perros, desmembrando a la mujer sin rostro. Fue la que estuvo un día antes, tomando una cerveza con sus amigos recientes.

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Un paseo por la noche

La noche es mi cobija, la ciudad duerme,  veo la bastedad del tiempo oculto en las paredes de la iglesia. En los callejones es profundo el silencio; El tum tum de mis pisadas resuenan. Me paro.Vuelve la mudez, parecería que no hay nadie. Escojo recovecos a la luz tenue de algún farol. Me tenso al imaginar lo que aconteció en esas paredes. Tal vez podrían escucharse las voces, gritos. Me he alejado mucho. Este callejón no lo recuerdo; a cada paso que doy se hace estrecho. Tal parece que termina. Si no estoy equivocado este muro es falso. Lo traspaso, me adentro en un enorme patio, la sombra de los ahuehuetes oscurece más la noche. Escucho pisadas detrás, me doy la vuelta y no hay nadie. Es solo un gato que se enrosca entre mis piernas, me mira. Sus ojos brillan intensamente. Me pierdo en su luz. Estoy dentro del felino, recorre senderos que nunca imaginé que existieran, vericuetos olvidados, enormes helechos, árboles que forman túneles, se hacen estrechos, que apenas, el felino puede traspasarlos. Cuando pensé que ya había terminado, sus ojos me depositaron en un valle dorado, él se perdió entre los arbustos de colores. El despertador me devuelve y de la ventana salta una sombra.

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Entre 40 y 45 grados centigrados

Hay monotonía en el acondicionador de aire. A veces descansa cuando logra sacar a patadas el bochorno. Las más de las veces se acelera, aunque ni a marcha forzada podrá romper la flama de un clima atormentado por el hombre.

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Manuela Carrión

La dicha breve

Me duele pensarte. Ayer casi toqué tus manos; segundos más, apareció la tarde vieja, lejana. Noches profundas donde escuchaba tu voz de susurro. Los días llegaban con aromas silvestres, breves. Duele alejarse del hola, de los buenos días y las pequeñeces que me contabas. Asistieron los falsos de la vida, la promesa enterrada. Hay días de recuerdo que son inevitables como inconfundible tu voz de ciruela.

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Todos son iguales

La quinceañera humilde invitó a su amiga rica a su fiesta . Vivía en casa de madera, los jóvenes que la invitaban a bailar no traían ropa de marca, su manera de hablar chocaba con su esmerada educación LLegó uno de corbata y dijo.
-¿Vos no bailais?
La manera de solicitarle, la perturbo. Pensó , «éste no es como los demas» y aceptó. Mientras bailaban
-¿ A que os dedicáis?
– Estudio.
– ¿Y que es lo que más gustáis leer?
– Me gusta la biología.
– ¿A vos le agradan los animales?
A cada paso del baile sentía que disfrutaba la charla con aquel desconocido , era estudiado y no del barrio. De pronto ya para terminar la pieza, le hizo la última pregunta. Atenta lo escuchaba.
– ¿Y vos no cojeis?

15 años

José Negrete Herrera, mi querido maestro

Cuando tomé clases con mi maestro de Anatomía el Dr. José Negrete Herrera, él era una explosión de conocimientos frente al cadáver. Decía: hacemos la incisión, alejamos el tejido graso y aconsejaba: “no usen instrumentos de corte, sólo de disección. Vean, cuento uno, cuento dos y tres y aquí debe de estar el nervio Circunflejo”. Y lo sacaba con la sonda acanalada.”Pintamos a la vena de azul, a la arteria de rojo y al nervio de verde y esto lo llamamos disectocromia. Ande, ande, toquen… el que no toca no siente, el que no siente es como el que no ve y el que no ve, no sabe”. Escribió su libro de anatomía bajo una óptica clínica,” este tipo de anatomía sirve más al médico general, pues relaciona los puntos anatómicos con el quehacer de la clínica” . Además del conocimiento profundo de la anatomía, había en él, un valor mayor, la de ser humano. Un compañero de estudios me confesó “ Vivo solamente con mi madre, y ella empezó con un dolor en su vientre y fiebre, Le hablé al maestro explicándole , y dijo que la llevara a urgencias del hospital Juárez que él, llegaría. Y llegó… diagnosticó una apendicitis y operó de inmediato, se había reventado. Mi madre vive por el”.
Estábamos pendientes de sus manos, cuando el tomaba los instrumentos., pues como un mago siempre nos sorprendía. Lo conocí cuando sus condiciones físicas mermaban por las mordidas de la diabetes, pero su pulso se mantuvo firme, su deseo de ofrecer su sapiencia inmutable. El halo de las personas que aman el mundo en que viven; la bondad.
Ha pasado mucho tiempo, sé que te has integrado a la naturaleza, tu presencia en muchas conciencias persiste, tu estatura moral sirva a nuestro México y al mundo, tan necesitado de valores.

NEGRETE

El naranjo no encuentra el poncho.

El verano acalorado se vistió de invierno: gotas nanométricas, afiladas, caen sobre el naranjo, Busca y rebusca y no encuentra el poncho. Él esperaba un chubasco, disfrutar el agua fresa, bañarse del polvo cotidiano de los días. No a  la insolencia de una migaja fría que lo estremece y perturba su floración.

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El ave

He recibido la visita de un ave verde. Se posa en las varillas de la ventana. Presiento que busca nido,  mi alcoba podría servir como hogar de una nueva generación. El ave también podría tener narcisismo, brincotea cuando se refleja en el vidrio. O bien que  fuese un pájaro veedor. 
Hoy no vino y lo extraño.

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Inesperado

¡Un día especial! ¿El tren, el avión, el barco el paracaídas?renoir, nada. Sólo el viento de abril abrió la puerta.

Recordando a un hombre sin títulos

Don José cruz era un lector empedernido, autodidacta. Nunca fue a la escuela. Recto, con bonhomía.  narraba su vida y las horas se hacían breves. Egresado de la vida y con valores más altos que una catedral. Hoy lo recuerdo porque se me da la gana y porque a mi país le falta. Menos títulos y más amor a la tierra y a la gente que hoy vive de la promesa y el engaño.

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Costumbres.

Llegaron al puesto de un lejano pueblo,  un anciano y dos jóvenes, con cara de niños. El viejo Ordenò tres cervezas.
-Mejor refrescos. Dijo uno de los chavales.
– Los invité y son tres cervezas. Si no hubiera sido por ustedes, la carreta y el caballo seguirìan atascados en el lodo del pantano. ¡Salud! Ustedes me salvaron. ¡Salud! Otras tres cervezas.
-No, ya no. Dijo el más chaparro.
Tienen cara de bebes, terceo el tendero.
-Claro que sí, dijo el vejete, también tienen cara de borrachos. -Nadie dijo nada- 
y siguieron tomando.

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Recordando al príncipe

Caminaba por las dunas, había ruidos que flotaban en el viento. Luces sueltas en el cielo, silencio disperso en la inmensidad. Al día siguiente encontré a un niño con un cuaderno  interrogando a un señor. Hincado componía su avioneta. Sabía que las palmeras de dátil eran espejismo y seguí de largo.

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Medusa

Entendió que me burlaba, que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era darle muerte. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua. Soy cuerpo de piedra. El otoño llega lúgubre, gélido. Me azota el viento frío del sur; no hay nada que congele mi amor ni la tibieza de su recuerdo.
Recién se fue con Perseo.

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Un día vendrás

Al pensarte llegaban recuerdos como parvadas. Hoy no llegan las aves. Rara vez tu aroma lo percibía en noches de silencio. Dejé de soñarte; el vapor gris se adueñó preparando la fraga del olvido. Ayer un amigo de años, me dijo que te vio triste, caminando a la deriva con tu pelo en desorden. Creo que no tardaremos en vernos. Espero no te importe la incomodidad de mi ataúd.

noche