El verano acalorado se vistió de invierno: gotas nanométricas, afiladas, caen sobre el naranjo, Busca y rebusca y no encuentra el poncho. Él esperaba un chubasco, disfrutar el agua fresa, bañarse del polvo cotidiano de los días. No a  la insolencia de una migaja fría que lo estremece y perturba su floración.

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