Uta monogatari: prosa y tanka

Sendero

Mi aliento ya no posee el brío del venado; los árboles, de mi jardín, florean por la magia de la vida. Tienes en tu mano un espejismo, tan quebradizo que el vuelo de un pájaro lo rompería. Mi árbol carente ha tirado la hoja y los retoños tardan, como una esperanza sin esperanza.

En mi jardín,

por amor a la vida,

de vez en cuando,

se adorna y reverdece,

la magia del amor.

Van Gogh. Cuando la tristeza inspira tu vida y arte.

El cielo es el mismo de Rubén García García

Sendero

Después del estallido siguió el de las ametralladoras. Luego, un silencio que ocupó el espacio de las almas. Se oían sollozos y las lágrimas rodaban por los pómulos de las mujeres. Gritos de muerte cabalgaban en aquellas tierras de oración y fe. Y entre el desierto y la montaña incrédulos se miraban Mahoma y Moisés.

* Ocupó el segundo lugar en Ficticia.com el jurado fue Dolores Koch, (qepd) a quien se le deben muchos estudios sobre la minificción.

Las 10 ciudades con el cielo más azul del mundo

La Rémora de Rubén García García

Sendero

El viejo marinero, acomodó los barquitos sobre un mar de papel azul. Miró a los niños, se puso la gorra y con voz pausada se dirigió a los pequeños.—Mi tatarabuelo que era capitán de los siete mares me dijo que en tiempos antiguos los barcos se hacían de madera. Y en uno de los siete mares, el vigía alertó con su grito: “piratas a la vista” Ellos, formaron un frente con galeones, nosotros, frente a ellos. Enmedio: silencio y mar. Antes de que se iniciara la contienda, salió una Rémora, que se levantó sobre el agua, daba vueltas con gracia en el aire y parecía formar parte de la espuma y la brisa. Al terminar su acto, se paraba sobre sus aletas y doblaba graciosamente la cabeza. Tanto los piratas como nosotros tronamos los cañones y fue una forma de reconocer y aplaudir a la Rémora. Tanto fue el entusiasmo que cada barco se alejó por una ruta diferente. De esa manera, se evitó una guerra.—¿y las rémoras son grandes como las ballenas? —No, no son tan grandes, pero son enormes en gracia y corazón.

Sign in | Fotos de peces, Peces de mar, Animáles de océano

ORHAN PAMUK: Estambul, el centro o la periferia — OTRAS MIRADAS

«Pinta tu aldea…» Orhan Pamuk, nacido en Turquía, recibió el Premio Nobel de Literatura en 2006. Para hablar de lo que ha transitado como hombre y como escritor, en su discurso reflexiona acerca de la relación con su padre y los significados que muchos hechos fueron adquiriendo o modificando a través del tiempo hasta el […]

ORHAN PAMUK: Estambul, el centro o la periferia — OTRAS MIRADAS

Poesía japonesa

Sendero, choka

Amenazante.
es un cielo revuelto
oscuro y gris.
Es un cielo globoso
que inmóvil mira
el miedo de mis ojos.
Imaginaste
un silencio profundo,
las aves mudas
que intuyen la zozobra.
La mujer reza
cobijando a sus hijos.
Calles desiertas,
los difuntos más muertos.
Hay una niña
que va tocando puertas,
y busca a su mamá
.

Por qué las nubes se ponen negras cuando va a llover? - Descrúbrelo AQUÍ

RESILIENCIA — Escribir sobre la punta de la i

La Venus de Milo sin brazos y sin cabeza.Fotografía de Alba Pérez Fernández  Fue recién empezada la primavera. En el patio de atrás. Recuerdo que no había parado de llover las últimas semanas. Cuando salí a podar la exuberante hierba, observé atónito que había brotado una mujer. Era muy joven todavía. Y hasta bonita si…

RESILIENCIA — Escribir sobre la punta de la i

El desposado de Rubén García García

Sendero

No era mal partido, honrado, trabajador, pero de una pereza para concurrir a reuniones, bailes y lo peor, era un aburrido, no se le dio flirtear. “Ya llegará la mujer de mi vida” se decía mientras trabajaba como hormigo. Años después una mujer lo cargaba y se perdía con él en un laberinto de neblinas. Sonriendo, feliz como mariposa negra, se decía, mejor partido imposible.

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El rescate de Rubén García García

Sendero

Ayer pasó con bastón y morral el vidente. Me dio un manojo de hierbas. Me abrazó, escuché sus consejos y me encomendó a los dioses. llegué al inframundo. El perro de tres cabezas solo me olisqueó y Caronte miró hacia otro lado. La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas que traía inmovilicé su cuello. Casi en la salida escuchamos ¡A dónde vas! y por reflejo ella quiso voltear, y no pudo. La empujé hacia afuera y corrimos hasta ver el día. Ella florecía en una lluvia de lágrimas al estrecharse en un abrazo con sus hijos.

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