Huayalaloca por Rubén García García

Sendero

Huayalaloca

La primera vez que estuve en aquella tierra de pinares tuve la delicia de comer hongos colorados en caldo, paseé por sus calles empedradas y conocí su iglesia de siglos. Era día de mercado y me llamó la atención que la mayor parte de la gente llevaba paraguas.

Tiempo después, comisionado a ese pueblo, llegué un domingo y me atavié de primera: fino pantalón gris, guayabera azul cielo y zapatos de tela color mezclilla.

El sol, esplendoroso. El cielo, limpio.

Me encaminé al mercado.

«La barbacoa de borrego es una delicia», me había dicho mi rentera.

Había caminado dos cuadras cuando todo cambió. El cielo se hizo negro y empezó el agua. Solo faltó que cayera un pez.

Regresé encabronado. Los zapatos de tela parecían dos canoas.

Antes de llegar a la vivienda, salió otra vez el sol, sonriente y esplendoroso.

Me vio la rentera y movió la cabeza.

«Tan guapo que se veía».

«¿Cómo dice que se llama el pueblo?»

«Huayacocotla, pero también lo conocemos como Huayalaloca»

Poesía El viento por Rubén García García

Sendero

El viento es frío

El viento es frío.
Por la tarde migraron
las mariposas.

Las llamas del fogón
queman el vidrio
nublado por el vaho.

Sorbo el café
y veo en tu mirada
un mar de soledad.

Las glicineas por Rubén García García

sendero

GLICINEAS por Rubén García García
Mientras la perra juega en el jardín, te llega el deseo de no ir al trabajo.
Vi cómo sacudiste la cabeza y clavaste el tacón en la madera. Me miraste; yo hice lo mismo.
Ambos deseamos perdernos en algún lugar, disfrutando la intimidad del tiempo.
Reímos.
Pero volar es peligroso.
Te despediste con un beso a orillas de mi boca; yo acaricié tu cabellera y tus hombros.
El taxi te esperaba, la oficina también.
En el alféizar, la floración enrojecida de las glicineas.