El devenir de Rubén García García

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Pasará.

Todo pasará

como todo pasa.

Como pasa el invierno, el viento, la vida.

Pasará el aroma dulce;

que por ser dulce no queremos que pase.

Todo se va como las urracas del mal que revolotean, pero un día se van.

también pasa la náusea, y un día pasará el recuerdo, porque el olvido es parte de la vida.

Aunque dicen, sin ser del todo cierto que algunos muertos al soñar lloran.

En el río Tlen de Rubén García García

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Pasan haciendo alharaca una docena de hombres. van rumbo al río Tlen, a sentir la corriente fría de la montaña. Se acomodan fetalmente, así el agua masajea y relaja. Hay en la vera del río donde me acuesto en una gran laja a ver el tablero del cielo: torres caballos, alfiles y peones.

Los hombres descamisados, pisan viejas pisadas. platican de mujeres y algunos se embroman tocándose las nalgas. A la vera del camino, se oye, lejana la risa cascada de los abuelos. Por un momento dejan la charla y beben dejando en el viento el dulce sabor de la caña. Mañana, el sol escarbará, una vez más, en su espalda.

En la iglesia su patrón, cena con el prior y degustan un tequila, especial para limpiar pecados.

Mis ojos juegan ajedrez en la inmensa copa del cielo. Tengo caballos, alfiles y una dama que al bailar tira sus velos.

El Cien Pies Y La Araña…(Cuento) — El Rincón de Rovica

Había una vez un día como cualquier día. Una araña esperaba sentada al borde del camino más oscuro del bosque. Se rascaba la cabeza, pensativa. Al ver que venía el ciempiés, la araña se puso de pie y se le acercó muy respetuosa. -Señor ciempiés- le dijo – ¿puedo recurrir a su gentileza para…

El Cien Pies Y La Araña…(Cuento) — El Rincón de Rovica

Volar da hambre de Rubén García García

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Volar da hambre de Rubén García García

Corro por desiertos y laderas de nieve. Voy por los tejados abrasados y me da por brincar tan alto que vuelo. Volar rozando las olas. Volar entre flores y salir con olor a jazmín. Mirar desde el cielo a los pescadores que llegan al puerto y retornar por callejones trenzados con piedra y laja. ¡Ahh! el aroma sagrado del pan y caminar con pisadas de gato hacia la cocina y tomar una pieza dorada y esponjosa. «Solo así te paras haragán”—me dice la compañera.

Ella no sabe que volar da mucha hambre.

Donde los ríos se unen de Rubén García García

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Te encontré donde los ríos se unen. donde el puente simulaba un ave dispuesta al vuelo. El cielo en ocres. Ollas de fragua donde el cobre se licua. El estruendo, el agua presurosa y los dos en un abrazo. Y después la eterna oscuridad, el sinsentido. Solo en mi memoria el aroma que me dejaste en los labios.

Desperté empapado de sudor en aquella tierra de sombras y silencio.

Mi primer beso de Rubén García García

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Mi primer beso de Rubén García García

Ella tenía veinte años y yo era un chamaco. Su pelo danzaba cuando subía por los escalones y bajo la rodilla tenía un lunar en forma de ala.

Un día le pedí un beso, ella movió la cabeza y me dio la espalda. aunque logré mirar una mueca que me pareció una sonrisa. La miraba en silencio todos los días. Una tarde me llamó a su oficina.

«Te voy a dar el beso, no soporto tu mirada pedinche». La veía hacia arriba, había almendra en sus ojos y una corona de oro en su diente medió. Cerré mis ojos, sus labios sobre mi frente, por un momento sentí la decepción, y un poco antes de abrir mis ojos, sus labios encontraron los míos. Soy un viejo, pero si me toco el centro de mi boca vuelvo a sentir sus labios y mi juventud aparece.

Lejanía relativa de Rubén García García

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Era una tía lejana, porque radicaba en el extranjero, y también era de tercer grado. Viuda regresó al pueblo. Me tomó como su secretario. Esa vez le preparé su baño y poco después me llamó enérgica, pensé para mis adentros «¿Qué habré hecho mal?»

Sigue siendo mí tía lejana, pero esta tarde en la tina, acortamos distancias.

Una vaca negra en el cielo de Rubén García García

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La tierra apelmazada se suelta por las navajas de una ave. En el cielo hay una nube gorda, perezosa, que simula una vaca negra. Llueve, llueve a cántaros y por una brevedad humedece el ejido. El aroma dormido despierta. Es olor a tierra mojada que se esparce. Es un olor viejo de vida, es cavernícola. Olor que a los muertos despierta y los hace recordar su niñez. El sol irrumpe poderoso y la memoria se cierra, para volver a la eternidad del silencio.

El microrrelato de los viernes: Dos micros en torno a la escritura — Aire Nuestro

UNA INMORTALIDADEl poeta de moda murió, y levantaron una estatua. Al pie grabaron uno de los epigramas que le valieron la inmortalidad y que ahora provoca la indiferencia o la risa, como la chistera, el corbatín y la barba de chivo del pobre busto. El Infierno no es de fuego ni de hielo, sino de bronce imperecedero.CARLOS ALMIRA (Castellón de la Plana, 1965).

El microrrelato de los viernes: Dos micros en torno a la escritura — Aire Nuestro

El ciego Tiresias de Rubén García García

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Solo Tiresias sabía de mi viaje y pasé a despedirme. En la bolsa acomodé la flauta, los maderos, cuerdas y un ramo de hierbas aderezadas por el sereno y la luna. «suerte y buen viaje» me dijo cuando me abrazaba.

Un mes después, en la puerta al inframundo toqué con maestría la flauta y las tres cabezas del perro se durmieron. Caronte me dijo, al bajarme de su barca, «no tienes mucho tiempo». La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas y las cuerdas inmovilicé su cuello. Poco antes de la salida se oyó una voz imperativa atrás de ella: «¡A dónde vas!» Ella quiso voltear, pero no rompió los amarres. Corrimos hasta ver el día. La mujer florecía en lágrimas al abrazarse con sus hijos, que decían «has vuelto mamá».