Deseo, escritura y muerte en Annie Ernaux. — Andando tras tu encuentro…

Es difícil imaginar una vida apasionada que consista en la repetición mecánica de ciertos hábitos. Se debe temer demasiado la vida para que la monotonía no produzca cierta dosis de desgana. La pasión oscurece en aguas estancadas, por ello muchas personas buscan encrucijadas emocionales, porque de ellas extraen el jugo de la inspiración, así fluye […]

Deseo, escritura y muerte en Annie Ernaux. — Andando tras tu encuentro…

Cuestión de tiempo de Rubén García García

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Qué tienen las flores del muerto que te cimbran y te muestran lo debilucho que eres; tu vida breve en los rostros que miras, que los viste de niños y que ya hombres te observan y te dan el paso. Llegas a la estación y no sabes cuanto tiempo tardará el último transporte. Todos deseamos que nos sorprenda con los zapatos puestos y nunca mordisqueado por la enfermedad. Retumban los acordes de “Acaba de una vez de un solo golpe” “Caminito” y “Adiós muchachos” y las vibraciones geniales de la quinta sinfonía de Beethoven.

Ayer me dijeron que mi cardiólogo se había muerto, y es como si te quitaran una horqueta que te sostiene. Corrimos juntos en competencias, entre las enredaderas y ceibas enormes. Ya no está el amigo, el especialista y caminas y sientes su ausencia. Ya no está… y cada vez hay menos.

Buen viaje Gustavo Márquez

La seña del murmullo

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LA SEÑA DEL MURMULLO DE RUBÉN GARCÍA GARCÍA

Antier se puso a la venta en AMAZON editado por B.C.R. (colección digital de microficción Iberoamericana ) Agradezco a Homero Carvalho Oliva director, tener el privilegio de ser incluido en tan selecta colección.

ACERCA DEL LIBRO

Es un conjunto de textos que le da la palabra a las voces marginadas. El viajero que tarda en llegar a su destino bajo un sol quemante. Las familias que han visto irse a sus seres queridos en busca de recursos. El matrimonio que vive en la sierra y baja en la madrugada con el niño porque se ha puesto grave. Aquel que llega tarde al entierro de la hermana y escucha ruidos en la fosa. La madre que va de pueblo en pueblo buscando a su hijo que está desaparecido y momentos de risa como el del médico que no encuentra compañero para tomarse una cerveza, o bien el paciente que se ve obligado a comer tlacuache (zarigüeya) para recuperar la salud. El médico tiene que atravesar el cementerio para poder tomar el transporte y siente que lo siguen. El libro contiene treinta textos donde los personajes dejan su quehacer.

COSTO: accesible.

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5 trabajos que desaparecerían para dar paso a la inteligencia artificial. — Andando tras tu encuentro…

La inteligencia artificial será responsable de hacer obsoletas algunas profesiones y trabajos; te decimos cuáles son. Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde se encuentre escrito con “azul”. Muchas gracias. En el futuro, 5 trabajos desaparecerían para dar paso a la inteligencia artificial, aseguran algunos expertos. No cabe duda que la inteligencia […]

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Casualidad o causalidad? — Andando tras tu encuentro…

Qué dices?  Que has conocido a una mujer, que te ha dejado tumbado, de tal manera que crees que ha sido un amor  a primera vista. *** Dime;  como se llama? Angelina, dices. *** Dime, amigo por casualidad, la has conocido en el bar al cual solemos ir de vez  en cuando? *** Bueno, amigo […]

Casualidad o causalidad? — Andando tras tu encuentro…

Que bonito es no hacer nada de Rubén García García

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Asomada a la ventana de un quinto piso siento la brisa de la lluvia. Abajo hay un desfile de sombrillas de colores. Con empeño encuentro la gorra de Fernando Valenzuela. El bombín de Charles Chaplin. La gorra cazadora de cuadros de Sherlock Holmes. Allá va el de Indiana Jones. ¡Oh my God! el pulóver de Cortázar y la capa de Arreola. Allá, a lo lejos aparece el sombrero de la reina Isabel y al lado, otro de paja, ¿será el espantapájaros? No, es Chencha, porque camina como Chencha. Noooo es mi madre y yo ni siquiera he tendido la cama.

Consecuencias de Rubén García García

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Bastó un balazo en el cielo del paladar y escurrió de la comisura un hilo de sangre. El cuerpo se acomodó en el sillón del dormitorio. Era media noche.

El ángel de la guarda del occiso se la pasó dando vueltas en la recámara. El cadáver, aún tenía el arma en la mano y la primera mosca revoloteaba.

El ángel maldecía molesto. «con lo que me encabrona hacer reportes a la santa sede»

El faro de Rubén García García

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Subió con jadeos a la montaña. Levantó los brazos y de su ojo de cíclope salieron destellos de luz que parpadearon sobre el tormentoso mar. Poco a poco la nave evitó los promontorios rocosos zigzagueando con destreza hasta llegar a salvo al muelle. Apagó su ojo. silbo satisfecho y atendió a los reclamos de su madre.

Eduardo Galeano: algunas ventanas de la historia (inclusive entre América y España) — Lapizázulix la galaxia del cuento

1559 Ciudad de México Los dolientes El águila de los Austrias abre sus alas de oro contra el limpio cielo del altiplano. Sobre un paño negro, rodeada de banderas, resplandece la corona. El túmulo rinde homenaje a Carlos V y también a la muerte, que a monarca tan invencible venció. La corona, copia exacta de […]

Eduardo Galeano: algunas ventanas de la historia (inclusive entre América y España) — Lapizázulix la galaxia del cuento

Caras vemos… de Rubén García García

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No hay nadie en casa. Presiento que alguien se esconde, tal vez sea el viento que mueve las cortinas. ¡Nada! No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía. Es difícil de creer, pero cuándo voy a pensar en un amigo, repiquetea el teléfono, contesto y pregunta: ¿Pensabas en mí? ¿Qué haces? Bastaron seis meses para que sacara las uñas. Me hizo quemar mi directorio, borrar de mi celular el archivo y prolongar mi permiso en el trabajo hasta que me llegó la liquidación. «con lo que gano es suficiente y alcanza para irnos de vacaciones» Él me dio su telefono y dejó que borrara sus contactos, la agenda la quemó y me dijo: estamos iguales. El amor que nos tenemos basta para ser felices en soledad. Cada ocho días vamos al colmado, «con ese vestido tan entallado, te faltaran al respeto. Llévate el vestido azul, es amplio y fresco» Vivimos en una casa que fue de sus abuelos, Tiene un patio extenso, jardines en floración y árboles frutales. Una casa de dos pisos y un sótano que sirve de cava. Ayer me di cuenta que cerca de la cava hay una media puerta camuflada. Pude abrirla y encontré una escalerilla que lleva a una pieza, que parece un bunker. Regresé días después. Encontré papeles dispersos y escrita la palabra Auxilio. Poco sabía de él, lo nuestro fue amor a primera vista y en un tris nos casamos, No hicimos fiesta, sino que tomamos un crucero y después de dos meses regresamos a esta mansión.

Ahora entiendo, soy su próxima víctima. ¡Claro! El no sabe, lo que sé. También ignora de lo que soy capaz.

El poco conocido vínculo entre Victoria Ocampo* y Carl Gustav Jung. — Andando tras tu encuentro…

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Victoria Ocampo nació el 7 de abril de 1890 en el seno de una familia aristocrática de Buenos Aires.

Hija de Ramona Aguirre y Manuel Ocampo, ingeniero especializado en la construcción de carreteras y puentes.

Se radicaron en Francia cuando ella era una niña.

Tomó clases de música y fue educada por institutrices. Cursó estudios en la Soborna.

Se casó en noviembre de 1912 con Luis Bernardo de Estrada. Tras una larga luna de miel en Europa, iniciaron sus desavenencias. Regresaron a Buenos Aires y aunque vivían en la misma casa, sólo se encontraban en reuniones sociales para mantener las apariencias hasta que se separaron legalmente en 1922. Victoria Ocampo no tuvo hijos ni volvió a casarse.

Su primera publicación se tituló «Babel«, un comentario del Canto XV del Purgatorio de Dante, aparecido en el diario La Nación en mayo de 1920. Posteriormente publicó «De Francesca a Beatrice» (1924), «La laguna de los nenúfares» (1926), «Domingos en Hyde Park» (1936), «Emily Brontë (Terra incognita)» (1938), «San Isidro» (1941), «338171 T.E.» (Lawrence de Arabia) (1942), «El viajero y una de sus sombras: Keyserling en mis memorias» (1951), «Lawrence de Arabia y otros ensayos» (1951), «Virginia Woolf en su diario» (1954), «Habla el algarrobo» (1959), «Tagore en las barrancas de San Isidro» (1961), «Juan Sebastián Bach, el hombre» (1964), «Diálogo con Borges» (1969), «Diálogo con Mallea» (1969).

Sus obras más importantes fueron la serie de «Testimonios«, diez volúmenes en total, publicados entre 1935 y 1977, y su Autobiografía, en seis volúmenes, que fueron editados tras su fallecimiento, entre 1979 y 1984. Como editora ofreció espacios en su revista «Sur» a escritores famosos y otros desconocidos. A causa de sus ideas políticas, contrarias al gobierno peronista, fue encarcelada.

Desde 1958 presidió el Fondo Nacional de las Artes. En 1962 obtuvo las condecoraciones de Officier de La Légion d’Honneur y de Commandeur des Arts et des Lettres otorgadas por el gobierno francés, y la distinción de Commander of the Order of the British Empire concedido por la Reina Isabel de Inglaterra. En 1967 la nombraron doctora honoris causa de la Universidad de Harvard. En 1976 fue designada miembro de la Academia Argentina de Letras, la primera mujer en ocupar ese lugar. Además fue presidenta del Directorio del Teatro Colón en 1933; Fundadora de la Unión Argentina de Mujeres y su presidenta de 1936 a 1938; Vicepresidenta Honoraria Internacional del Pen Club; y Miembro del Directorio del Fondo Nacional de las Artes de 1958 a 1973.

Victoria Ocampo falleció en Buenos Aires el 27 de enero de 1979.

Sabías que…

El 27 de enero se cumplieron 44 años del fallecimiento Victoria Ocampo. Antonio Las Heras revela su poco conocido vínculo con el sabio suizo Carl Gustav Jung. Hace 44 años, el 27 de enero de 1979, falleció Victoria Ocampo. Entre sus historias de vida menos conocidas, está la de su vínculo con el célebre sabio […]

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