El cielo es el mismo de Rubén García García

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Después del estallido siguió el de las ametralladoras. Luego, un silencio que ocupó el espacio de las almas. Se oían sollozos y las lágrimas rodaban por los pómulos de las mujeres. Gritos de muerte cabalgaban en aquellas tierras de oración y fe. Y entre el desierto y la montaña incrédulos se miraban Mahoma y Moisés.

* Ocupó el segundo lugar en Ficticia.com el jurado fue Dolores Koch, (qepd) a quien se le deben muchos estudios sobre la minificción.

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La Rémora de Rubén García García

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El viejo marinero, acomodó los barquitos sobre un mar de papel azul. Miró a los niños, se puso la gorra y con voz pausada se dirigió a los pequeños.—Mi tatarabuelo que era capitán de los siete mares me dijo que en tiempos antiguos los barcos se hacían de madera. Y en uno de los siete mares, el vigía alertó con su grito: “piratas a la vista” Ellos, formaron un frente con galeones, nosotros, frente a ellos. Enmedio: silencio y mar. Antes de que se iniciara la contienda, salió una Rémora, que se levantó sobre el agua, daba vueltas con gracia en el aire y parecía formar parte de la espuma y la brisa. Al terminar su acto, se paraba sobre sus aletas y doblaba graciosamente la cabeza. Tanto los piratas como nosotros tronamos los cañones y fue una forma de reconocer y aplaudir a la Rémora. Tanto fue el entusiasmo que cada barco se alejó por una ruta diferente. De esa manera, se evitó una guerra.—¿y las rémoras son grandes como las ballenas? —No, no son tan grandes, pero son enormes en gracia y corazón.

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El desposado de Rubén García García

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No era mal partido, honrado, trabajador, pero de una pereza para concurrir a reuniones, bailes y lo peor, era un aburrido, no se le dio flirtear. “Ya llegará la mujer de mi vida” se decía mientras trabajaba como hormigo. Años después una mujer lo cargaba y se perdía con él en un laberinto de neblinas. Sonriendo, feliz como mariposa negra, se decía, mejor partido imposible.

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El rescate de Rubén García García

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Ayer pasó con bastón y morral el vidente. Me dio un manojo de hierbas. Me abrazó, escuché sus consejos y me encomendó a los dioses. llegué al inframundo. El perro de tres cabezas solo me olisqueó y Caronte miró hacia otro lado. La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas que traía inmovilicé su cuello. Casi en la salida escuchamos ¡A dónde vas! y por reflejo ella quiso voltear, y no pudo. La empujé hacia afuera y corrimos hasta ver el día. Ella florecía en una lluvia de lágrimas al estrecharse en un abrazo con sus hijos.

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Ver la alborada es increíble de Rubén García García

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La alborada fresca, rosa. Llega con silbidos y paz. Abrir los brazos y llenarte de briza. ¡Es tan saludable! Después de cinco intentos pude abrir la puerta del departamento. Las escaleras que me conducen a la recámara es una tarea imposible. Luego de tres caídas, me acomodo en la mecedora. Me dormi con la idea de que ser soltero tiene sus ventajas. Desperté cerca del mediodía con caldo caliente y una cerveza helada. Hay un recado: ya te preparé el baño, fui con mi madre, a mi regreso hablamos.

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Noche de horror de Rubén García García

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Esa tarde noche el carpintero se le olvidó tapar el recipiente mezclado de gomas, alcohol, thiner y tierra de colores que recogía del barro cercano a un cementerio. Pasada la medianoche, los clavos sin cabeza salieron y caminaron por la mesa de trabajo. Las tablas y la madera comprimida salieron aterrados a esconderse, algunos pedazos se suicidaron aventándose al vacío. La pesadilla terminó justo cuando el imán se despertó.

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Caricaturas de ayer, hoy y siempre

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La muñeca mira al gato, que se impulsa para cazar al ratón. ¡“Lo va a atrapar” !, el roedor se convierte en perro. ¡No lo puede creer! El can persigue al gato que sube por la cortina, ‘Esta, al desgarrarse, queda al alcance del perro. ¡“lo va a matar”! El felino le hace frente, como gato salvaje, y casi tiene por el cuello al perro, pero el can logra zafarse gracias al claxon del carro maravilla, que distrae al cazador. El gato lo sigue muy de cerca, y a punto de atraparlo, el perro salta al vacío. El gatuno irritado ladea la cabeza. Ve a la muñeca, se dirige hacia ella. Da un salto y poco antes de caer sobre su cara, desaparece, quedando un tierno y lindo gatito. Cuando está siendo cargada por su “mama” le dice que le contará el cuento de un cachorro y un pirata minino. La bambina tiembla, se infarta. La niña grita y llora, ¡Mamá!, ¡mamá!, la muñeca se murió, ¡ya no abre los ojos!

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Otra del patito feo de Rubén García García

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¿Por qué te dejas Patito? Es que son muchos, suman más de diez. Al patito feo le daban cargada sus “hermanos” si con los patos o los gansos, así que era un ir y venir de un extremo a otro de la laguna. ¿Y tu mamá no te protege? ni la una, ni la otra, hacen como que no ven los picotazos que me dan. Convocaron a una competencia de nado para las aves infantes. Serían mil metros de nado libre, fue una lucha entre los patos y los gansos, pero salió triunfador el que nadie quería. Él levantó el trofeo y diez kilos de mosquitos deshidratados. A los clics de los fotógrafos, atrás de él se encontraban mamá pato y mamá ganso, levantándole cada una de ellas un ala.

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Sususrros en el árbol

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Las hojas del árbol cuchichean en la noche, el búho lo sabe, «nunca habla» » si canta, me espanta» » se ve más gordo» » y cómo no, se la pasa durmiendo». Voló a un árbol seco y deshojado y en silencio cenó ratón en su jugo.

Grandes perchas de búho barrado en un árbol de fiesta en un langosta.

La docta rana

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Nadie lo quiere, ni mamá Pato, ni mamá Ganso. «Es su karma dijo la Rana, docta en ciencias ocultas. Triste nadó hacia las fauces de Lagarta, cuando fue rescatado. En la veterinaria se le identificó con una especie en vías de extinción. Desde ese momento le dieron atenciones extremas. De vez en cuando le llegaban noticias de sus hermanos. Algunos, a vuelo de mata escondiéndose de la carabina de Elmer. Los gansos perseguidos por su hígado. Los pocos sobrevivientes al reconocerlo se ponían verdes de envidia. La Rana movía la cabeza y a cada salto decía croando:  «Es el karma»” es el karma”

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Zancadilla al cazador de Rubén García García

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Es un baño comunal, yo, mecía mi poltrona en el corredor. La vi salir con una media toalla en su cabeza y la otra enredada a su cuerpo, iba sin zapatos. Se dio cuenta que la veía e hizo lo mismo. Era la hora de la siesta y la gente de la vivienda dormitaba. Seguí la huella y la puerta de su cuarto estaba entreabierta. Metí un ojo en la rendija y me percaté que buscaba su ropa interior en un cajón inferior. Con un valor, que no sé de donde lo saqué, y tras de ella me llegó su fragancia a hierbas. Leve fue su resistencia y grande fue el placer para los dos. Diez años hace de esto y lo recuerdo como si fuese ayer. Ella no se encuentra, se fue por los niños al colegio y aquí estoy cuidando que la sopa no se queme.

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Alo, alo… soy lobo

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Terminaba el arreglo de la oficina escolar dirigida por monjas, cuando repiqueteo el teléfono.

—Sí… a escasos metros la superiora dejó la lectura y paró la oreja.

—Soy lobo. Habla lobo. —Era la primera vez que escuchaba aquella voz, pero el alias le era conocido. La voz le cayó con la fuerza de un martillo y la hizo tartamudear. Sabía que la superiora la tenía en el foco. ´

—¿eres tú, alada? Ella engoló la voz, la hizo firme y le respondió.

—Habla usted a la dirección de la escuela ¿se le ofrece algo?

—Sí, eres tú, así es como imaginé tu voz: clara, con un siseo musical… ¿sabes dónde estoy?, sin esperar la respuesta prosiguió, estoy en tu ciudad, he cruzado el mar para venir a verte y estar a tu lado.

Con fuerza colgó el teléfono, pero no pudo evitar que la palidez se apropiara de su rostro juvenil.

—¿Quién era novicia?

—Teléfono equivocado, Superiora.

Sor Angélica movió la cabeza mentalmente y se dijo “la novicia cree que nací ayer…” y continuó con sus quehaceres.

La cuenta cuentos de Rubén García García

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Amábamos a Lía. Ella nos contaba cuentos y nos hacía reír. Las horas pasaban sin sentir. Nuestros hijos volaban a paraísos y tierras de misterio. Para que ella pudiese continuar cautivando la imaginación de nuestros hijos, las presas más bellas, dejaban sus senos a la mirada del jefe de los custodios y otras descruzaban sus piernas, así, los soldados permitían que ella se extendiese. Lía era un viento fresco… en aquella cárcel donde habían nacido nuestros hijos. Hijos de nadie y de todos.

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