Cuestión de tiempo de Rubén García García

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Qué tienen las flores del muerto que te cimbran y te muestran lo debilucho que eres; tu vida breve en los rostros que miras, que los viste de niños y que ya hombres te observan y te dan el paso. Llegas a la estación y no sabes cuanto tiempo tardará el último transporte. Todos deseamos que nos sorprenda con los zapatos puestos y nunca mordisqueado por la enfermedad. Retumban los acordes de “Acaba de una vez de un solo golpe” “Caminito” y “Adiós muchachos” y las vibraciones geniales de la quinta sinfonía de Beethoven.

Ayer me dijeron que mi cardiólogo se había muerto, y es como si te quitaran una horqueta que te sostiene. Corrimos juntos en competencias, entre las enredaderas y ceibas enormes. Ya no está el amigo, el especialista y caminas y sientes su ausencia. Ya no está… y cada vez hay menos.

Buen viaje Gustavo Márquez

La seña del murmullo

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LA SEÑA DEL MURMULLO DE RUBÉN GARCÍA GARCÍA

Antier se puso a la venta en AMAZON editado por B.C.R. (colección digital de microficción Iberoamericana ) Agradezco a Homero Carvalho Oliva director, tener el privilegio de ser incluido en tan selecta colección.

ACERCA DEL LIBRO

Es un conjunto de textos que le da la palabra a las voces marginadas. El viajero que tarda en llegar a su destino bajo un sol quemante. Las familias que han visto irse a sus seres queridos en busca de recursos. El matrimonio que vive en la sierra y baja en la madrugada con el niño porque se ha puesto grave. Aquel que llega tarde al entierro de la hermana y escucha ruidos en la fosa. La madre que va de pueblo en pueblo buscando a su hijo que está desaparecido y momentos de risa como el del médico que no encuentra compañero para tomarse una cerveza, o bien el paciente que se ve obligado a comer tlacuache (zarigüeya) para recuperar la salud. El médico tiene que atravesar el cementerio para poder tomar el transporte y siente que lo siguen. El libro contiene treinta textos donde los personajes dejan su quehacer.

COSTO: accesible.

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Que bonito es no hacer nada de Rubén García García

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Asomada a la ventana de un quinto piso siento la brisa de la lluvia. Abajo hay un desfile de sombrillas de colores. Con empeño encuentro la gorra de Fernando Valenzuela. El bombín de Charles Chaplin. La gorra cazadora de cuadros de Sherlock Holmes. Allá va el de Indiana Jones. ¡Oh my God! el pulóver de Cortázar y la capa de Arreola. Allá, a lo lejos aparece el sombrero de la reina Isabel y al lado, otro de paja, ¿será el espantapájaros? No, es Chencha, porque camina como Chencha. Noooo es mi madre y yo ni siquiera he tendido la cama.

Consecuencias de Rubén García García

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Bastó un balazo en el cielo del paladar y escurrió de la comisura un hilo de sangre. El cuerpo se acomodó en el sillón del dormitorio. Era media noche.

El ángel de la guarda del occiso se la pasó dando vueltas en la recámara. El cadáver, aún tenía el arma en la mano y la primera mosca revoloteaba.

El ángel maldecía molesto. «con lo que me encabrona hacer reportes a la santa sede»

El faro de Rubén García García

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Subió con jadeos a la montaña. Levantó los brazos y de su ojo de cíclope salieron destellos de luz que parpadearon sobre el tormentoso mar. Poco a poco la nave evitó los promontorios rocosos zigzagueando con destreza hasta llegar a salvo al muelle. Apagó su ojo. silbo satisfecho y atendió a los reclamos de su madre.

Caras vemos… de Rubén García García

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No hay nadie en casa. Presiento que alguien se esconde, tal vez sea el viento que mueve las cortinas. ¡Nada! No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía. Es difícil de creer, pero cuándo voy a pensar en un amigo, repiquetea el teléfono, contesto y pregunta: ¿Pensabas en mí? ¿Qué haces? Bastaron seis meses para que sacara las uñas. Me hizo quemar mi directorio, borrar de mi celular el archivo y prolongar mi permiso en el trabajo hasta que me llegó la liquidación. «con lo que gano es suficiente y alcanza para irnos de vacaciones» Él me dio su telefono y dejó que borrara sus contactos, la agenda la quemó y me dijo: estamos iguales. El amor que nos tenemos basta para ser felices en soledad. Cada ocho días vamos al colmado, «con ese vestido tan entallado, te faltaran al respeto. Llévate el vestido azul, es amplio y fresco» Vivimos en una casa que fue de sus abuelos, Tiene un patio extenso, jardines en floración y árboles frutales. Una casa de dos pisos y un sótano que sirve de cava. Ayer me di cuenta que cerca de la cava hay una media puerta camuflada. Pude abrirla y encontré una escalerilla que lleva a una pieza, que parece un bunker. Regresé días después. Encontré papeles dispersos y escrita la palabra Auxilio. Poco sabía de él, lo nuestro fue amor a primera vista y en un tris nos casamos, No hicimos fiesta, sino que tomamos un crucero y después de dos meses regresamos a esta mansión.

Ahora entiendo, soy su próxima víctima. ¡Claro! El no sabe, lo que sé. También ignora de lo que soy capaz.

Ya llegará la noche de Rubén García García

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Miro a través de la ventana, la perra nevada juega con su sombra en el jardín mientras afinas tu arreglo en el espejo que cuelga de la sala de estar. Me pierdo en la floración de las buganvillas, pero mi oído me dice que vas y vienes de tu recámara al espejo, Capto el taconeo de tus botas en la duela. Es una pisada que hinca, con el ojo angulado veo que sacudes la cabeza y me roza tu mirada. No tarda el Taxi de la compañía en pitar el claxon y sé que no deseas ir al laburo. Los dos sentimos el deseo de perdernos en la intimidad del tiempo. Me volteo y reímos y sin decirlo nos asalta la idea de volar, pero volar es peligroso y el beso que me das solo queda a la orillas de mi boca.

Como me tienes de huésped, la noche podría meternos zancadilla.

Nos van a ver de Rubén García García

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¡Zas! Se fue la señal, la red y la luz. No quedó más remedio que ir a la iglesia y después al parque central, comprar un “algodón” o una nieve en el quiosco. Citada la amiga, dimos de vueltas alrededor de la alameda. «cómo lo hacían los abuelos». En minutos la neblina lo abarcó todo. Se oían los chillidos de las aves, también los suspiros y uno que otro gemido.

Ya llegará la noche de Rubén García García

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Miro a través de la ventana, la perra nevada juega con su sombra en el jardín y afinas tu arreglo en el espejo que cuelga de la sala de estar. Me pierdo en la floración de las buganvillas, pero mi oído me dice que vas y vienes de tu recámara al espejo, Capto el taconeo de tus botas en la duela. Es una pisada que hinca, con el ojo angulado veo que sacudes la cabeza y me roza tu mirada. No tarda el Taxi de la compañía en pitar el claxon y sé que no deseas ir al laburo. Los dos sentimos el deseo de perdernos en la intimidad del tiempo. Me volteo y reímos y sin decirlo nos asalta la idea de volar, pero volar es peligroso y el beso que me das solo queda a la orillas de mi boca.

Como me tienes de huésped, la noche podría meternos zancadilla.

Una mañana fría

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Jugábamos. Abrí la manivela y las gotas frías cayeron sobre tu cabello, la camisa se pegó a mis senos libres. Te jalé. Aun con la respiración entrecortada mordiste mi labio y había en tu boca yescas. Deslizaste tus besos para llegar a la lava. ¿Quién sentía el agua fría? saciaste tu sed ardiente en la plenitud de mis pechos. Epiléptica de mis deseos tomé tu península y la anexé como territorio conquistado. Sonaba el agua, el gemido y mi pierna fue una boa enroscada a tu cintura.

El frío tomó su sombrero y se fue.

El invitado de Rubén García García

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Su delicadeza me ganó y durante meses fui su amante. Mi esposo en la construcción de su novela interminable, nunca se dio por enterado. Me confundía y, mi estado de ánimo iba de un extremo a otro. Me decidí a dejarle pequeñas pistas, hasta que una de esas veces que teníamos intimidad en vez de gritar ¡Oh dios Roberto!, dije Antonio. En la sobre cama me dijo con una calma de franciscano: «¿Quién es ese Antonio?».

Con Antonio las cosas fueron más sencillas, «mi esposo sabe de nuestra relación». —le dije— Con el tiempo, ambos me preguntaron lo mismo y por más que evadía ese tipo de cuestiones íntimas, poco a poco supieron de mis preferencias y de las suyas.

Un día, mi esposo me dijo que lo invitara. La cena y los vinos fueron una delicia.

«¿De quién fue la idea del menú?, está excelente. «la idea del menú y de los vinos fue de Roberto». La platica siguió por dos horas y aunque se habló de todo, no hubo discrepancias, llegó el momento de despedirse, y estando en la calle, dice Antonio «la otra cena la invito yo».

Ayer llamó, yo estaba con deseos de él. Pero no escuché esa palabra que te enciende «¿a dónde vamos a comer chiquita?»” En la plática estuvo un tanto evasivo, al final se decidió y me dijo: «Pásame a Roberto».

El tío Laudano de Rubén García García

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Se rompió la presa, se inundó el pueblo, hubo ahogados y los muertos del cementerio salieron por las calles.

Lo reconocí por la camisa a cuadros estilo vaquero. Hui.

Yo vivía en casa de mi tía y cuando ella no estaba él me decía, «Mira que ya estás tirando la ceniza, qué guapa te estas poniendo, ni muerto perderé las esperanzas».

«Ahora que el agua lo desenterró me sigue».

Me daba miedo el tio Laudano. Y alli venía, el ataúd abierto y con los brazos de fuera. Lo sentí respirar por mi nuca, abrazándome, y diciendo: «¡Se me hizo sobrinita!, se me hizo», no tardaría en darme alcance.

Asi como se va la tarde, se fue el agua. Los ataúdes quedaron entre el lodo. El de Láudano parece que se lo llevó el río. El mío lo encontraron en las escaleras que van al campanario.

¿olvidar? ni lo pienses

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El escritor de historias detuvo la narración, se volteó irritado para mirar quién lo había tomado del hombro. Una boca depositó un beso en el lóbulo de la oreja y con voz suave le dijo:

Soñé que escribías algo para mí.

Aún estaba molesto, pero la caricia le disipó el enojo y tomándola de la cintura le susurró: «espérame sobrina que lo haremos con la pasión de Venus y el empuje de Marte y los dos nos bañaremos en las aguas del rio Lete para olvidar el agravio a la moral. Y cuando leas la crónica sentirás que fuiste la protagonista.

—No. Bañarnos en el rio Late no tiene sentido para mí. Tu texto lo quiero como perla brillante en la oscuridad de mi ombligo.