A los políticos

Los ciudadanos reclamamos que quienes soliciten gobernar pasen primero por el detector de valores.Estamos hasta la madre de promesas y mentiras.

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El psiquiátrico, antes manicomio

A las seis de la mañana los internos de psiquiatría van en fila hacia las regaderas, el agua fría hace estremecer sus cuerpos, tiritan,  mientras esperan a ser secados por la asistente; toman una bata del cesto; regresan a sus camas sobreviviendo a la institución y sus demonios.

locura

Lejanía

Es noche, las lagartijas fueron a su escondite. Escucho voces lejanas; el amanecer no tarda. Pienso en mi amada.¿ Qué estará soñando? Parece verla a tras luz. Es hermosa. Estoy por darle un beso en la mejilla, me detengo, tocaré sus labios. El viento trae sereno, el río pasa a grandes zancadas haciendo rodar las piedras. Despierto.

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El pez-gato y su pesadilla

En la pecera vive un pez gato que se sueña atrapando ratones. Anoche tuvo en su calidad de pez, una pesadilla donde su contraparte lo devoraba.

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La certeza

Me sentí como un ave sin alas perdida en la selva. Envuelta en la oscuridad, no  dormí esperando la garra final. Falta poco para que llegue la mañana; mi corazón está agotado de tanto correr.

surrealismo

La plática

Meci y sendero

¿Me tardé mucho? — ¿Hiciste barquitos, mientras llegaba?, ¿me regalarás uno? quiero el que lleva un ojo de pirata, me gusta — ¿me lo das?
Te acaricio con ternura, mis ojos se humedecen, me acurruco en tu pecho —Eres un hombre grande, —te digo— pero me gusta que me ames con la dulzura de un niño.
Soy niño de la calle, tengo ojos de libro y pómulos de barro, quiero que me des tu fuerza de enredadera y me confieses cómo floreaste en el cielo,
Sonrío, me apego más a ti ; entre besos y susurros, me enredo, así jugamos para tocar el cielo…

margaritas

Pregunta de zoología

Hoy sentí el calor de la tarde. Merodeé por el vecindario y regresé a la cueva… yo amo la noche. Algo me pasa, ¡estoy intranquilo! me distraigo cuando vuelo… ¡no soy el mismo! ¡Tengo una rabia! 

Deseo satisfecho

La vieja pretensión se hizo presente en su fiesta de cumpleaños. Blanca, de cabello color caoba que al caminar ondeaba con gracia, bella de trato y amada por sus dos hijos y su esposo. Llevaba vida social que le permitía su clase social. En el dormitorio,  entre los susurros del acondicionador del aire, le llegó el anhelo de lo que en otras familias había mucho. Deseaba una oveja negra.
Aunque tenía confianza con su esposo, guardó el secreto. Poco a poco el deseo adquirió una cuenta de susurros que le cuchicheaban. Se vestía menos formal, dejó de asistir a las tertulias de su clase, para asistir a expresiones de ritmos afrocaribeños. Su esposo, fiel acompañante, se extrañaba de los cambios, pero los atribuyó a los vaivenes que las mujeres padecen. Otras veces acudía a sitios donde el saxofonista dejaba en la penumbra del bar su música sensual..
Ella seguía siendo la mujer transparente, apasionada; su espacio lo ocupó por solos de trompeta. El cónyuge estaba consciente de su transformación, mas ella lo realizaba con la naturalidad de haberlo hecho miles de veces. Así la amaba, el disfrute de ella, era también el de él y optó por guardar silencio.
Su blancura contrastaba con los tonos ciegos de sus vestidos amplios que le daban un bamboleo como lo hacen las cañas cuando las mueve la brisa de la tarde.
Una madrugada, llegó una ambulancia hasta su residencia. En el servicio de urgencia no dudaron en intervenirla. Su marido sorprendido, veía al lado de ella un vástago; ella, hinchada del corazón, acariciaba maternal a su oveja negra.

jass motley

 

 

La púber

Célibe camina por la playa, siente el cosquilleo que hacen las burbujas entre los dedos. Sentada contempla la puesta del sol. La brisa llega con olores de ostra que alborotan su pelo. Oleaje que brama y soledad. Abierta la blusa, percibe el viento. Entrecruza las piernas. Los brazos reposan en las ingles. Dormita. Relajada disfruta.
Recrea. La hermana mayor sentada sobre las piernas del novio, moviendo las caderas.
Despeinada. Respira profundo, sus pechos empujan la blusa; germinan sus pezones. Entrelaza sus piernas una y otra vez. Se inquieta. Llega el bochorno que rebalsa recorriendo el cuerpo, hay un rosario de latidos en su bajo vientre. Cierra los ojos y vuelve a rememorar el quehacer de la hermana que es besada en cuello y senos.
Los dedos bajo el short tamborilean.
La hermana a horcajadas sube y baja con ritmo. Murmullos que son suspiros.
La mano laboriosa y gatuna salta al monte de Venus y retoza. El mar estalla y humedece el calor de la arena.

Mujer sola en el mar