Célibe camina por la playa, siente el cosquilleo que hacen las burbujas entre los dedos. Sentada contempla la puesta del sol. La brisa llega con olores de ostra que alborotan su pelo. Oleaje que brama y soledad. Abierta la blusa, percibe el viento. Entrecruza las piernas. Los brazos reposan en las ingles. Dormita. Relajada disfruta.
Recrea. La hermana mayor sentada sobre las piernas del novio, moviendo las caderas.
Despeinada. Respira profundo, sus pechos empujan la blusa; germinan sus pezones. Entrelaza sus piernas una y otra vez. Se inquieta. Llega el bochorno que rebalsa recorriendo el cuerpo, hay un rosario de latidos en su bajo vientre. Cierra los ojos y vuelve a rememorar el quehacer de la hermana que es besada en cuello y senos.
Los dedos bajo el short tamborilean.
La hermana a horcajadas sube y baja con ritmo. Murmullos que son suspiros.
La mano laboriosa y gatuna salta al monte de Venus y retoza. El mar estalla y humedece el calor de la arena.

Mujer sola en el mar