La plática

Meci y sendero

¿Me tardé mucho? — ¿Hiciste barquitos, mientras llegaba?, ¿me regalarás uno? quiero el que lleva un ojo de pirata, me gusta — ¿me lo das?
Te acaricio con ternura, mis ojos se humedecen, me acurruco en tu pecho —Eres un hombre grande, —te digo— pero me gusta que me ames con la dulzura de un niño.
Soy niño de la calle, tengo ojos de libro y pómulos de barro, quiero que me des tu fuerza de enredadera y me confieses cómo floreaste en el cielo,
Sonrío, me apego más a ti ; entre besos y susurros, me enredo, así jugamos para tocar el cielo…

margaritas

Pregunta de zoología

Hoy sentí el calor de la tarde. Merodeé por el vecindario y regresé a la cueva… yo amo la noche. Algo me pasa, ¡estoy intranquilo! me distraigo cuando vuelo… ¡no soy el mismo! ¡Tengo una rabia! 

Deseo satisfecho

La vieja pretensión se hizo presente en su fiesta de cumpleaños. Blanca, de cabello color caoba que al caminar ondeaba con gracia, bella de trato y amada por sus dos hijos y su esposo. Llevaba vida social que le permitía su clase social. En el dormitorio,  entre los susurros del acondicionador del aire, le llegó el anhelo de lo que en otras familias había mucho. Deseaba una oveja negra.
Aunque tenía confianza con su esposo, guardó el secreto. Poco a poco el deseo adquirió una cuenta de susurros que le cuchicheaban. Se vestía menos formal, dejó de asistir a las tertulias de su clase, para asistir a expresiones de ritmos afrocaribeños. Su esposo, fiel acompañante, se extrañaba de los cambios, pero los atribuyó a los vaivenes que las mujeres padecen. Otras veces acudía a sitios donde el saxofonista dejaba en la penumbra del bar su música sensual..
Ella seguía siendo la mujer transparente, apasionada; su espacio lo ocupó por solos de trompeta. El cónyuge estaba consciente de su transformación, mas ella lo realizaba con la naturalidad de haberlo hecho miles de veces. Así la amaba, el disfrute de ella, era también el de él y optó por guardar silencio.
Su blancura contrastaba con los tonos ciegos de sus vestidos amplios que le daban un bamboleo como lo hacen las cañas cuando las mueve la brisa de la tarde.
Una madrugada, llegó una ambulancia hasta su residencia. En el servicio de urgencia no dudaron en intervenirla. Su marido sorprendido, veía al lado de ella un vástago; ella, hinchada del corazón, acariciaba maternal a su oveja negra.

jass motley

 

 

La púber

Célibe camina por la playa, siente el cosquilleo que hacen las burbujas entre los dedos. Sentada contempla la puesta del sol. La brisa llega con olores de ostra que alborotan su pelo. Oleaje que brama y soledad. Abierta la blusa, percibe el viento. Entrecruza las piernas. Los brazos reposan en las ingles. Dormita. Relajada disfruta.
Recrea. La hermana mayor sentada sobre las piernas del novio, moviendo las caderas.
Despeinada. Respira profundo, sus pechos empujan la blusa; germinan sus pezones. Entrelaza sus piernas una y otra vez. Se inquieta. Llega el bochorno que rebalsa recorriendo el cuerpo, hay un rosario de latidos en su bajo vientre. Cierra los ojos y vuelve a rememorar el quehacer de la hermana que es besada en cuello y senos.
Los dedos bajo el short tamborilean.
La hermana a horcajadas sube y baja con ritmo. Murmullos que son suspiros.
La mano laboriosa y gatuna salta al monte de Venus y retoza. El mar estalla y humedece el calor de la arena.

Mujer sola en el mar

Apuntes de un niño abue camila

 

Estaba feliz, la abuela vivía junto a mí. No fue por mucho tiempo, recuerdo su vestido azul de bolitas y sus brazos de palo con grandes venas que sobresalían. Una noche me desperté porque sentía que no podía respirar, mi madre vino a auxiliarme y encontré su cara mojada de llanto.
Duerme, duerme, Mamá Camila se fue al cielo. No podía creer, por la mañana fui a verla, me abrazó y me dio un dulce de torreja.

abue

¡Qué pena!

He sustituido a tu sombra, al mismo ángel que te cuida. Me atrae tu pelo negro azul que se mece al compás de tu muelleo. Recargarme en tu aroma de capulines, que salta  al viento como grillos nerviosos. Me gusta escucharte con la fina armonía que hablas. Estar contigo en el arrecife mirando la vastedad; aquel barco que se escurre  por el horizonte. Es una pena que pases tomada de la mano, de una mano que se ha quitado previamente el anillo y el perfume que otras manos le dejaron.

paisaje con nubes monet claude

El discípulo Marco Denevi

Durante largo tiempo el discípulo es atendido por un ayudante del Maestro.
¿Cuándo conoceré al al maestro?, pregunta el discípulo. Todas las veces el ayudante le responde de mal modo: Cuando seas digno de él. El discípulo inclina humildemente la cabeza y estudia con ardor para ser digno del Maestro. Hasta que comprende que el ayudante es el propio Maestro y que ha sido él, el discípulo, quien lo rebajó de categoría. El Maestro lo había sabido desde el primer momento y se había vengado con aquella arrogante contestación.
estudiante Emilio Centurión

Día del libro

«De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”, Jorge Luis Borges.

 

libro
libros
Es un honor que dos textos míos se encuentren: «La mariposa fea
ajedrez

De la bondad

Las ondas de frío laceran a los humildes.Pienso en mi amigo y le junto los periódicos que amontonan en mi casa. ¡Me siento tan bien¡
En el confort de la sala, le digo a mamá que me apetece comer palomitas de maíz con mantequilla, hechas con el horno de microondas. Después de todo no son tan malas las ondas.

bondad

Breve historia de una despedida

Aquella mañana la neblina reptaba sobre el piso. La reconocí por su caminar, en una mano su equipaje y la otra suelta; como lo haría una mariposa con el ala rota. ¿Se iba de viaje?, Si ayer todavía apretaba mi mano. 
El tren partió. Antes, la saludé agitando el pañuelo bordado que me obsequió una semana antes.

estació del tren

¡Llegó abue Camila! Apuntes de un niño 16

Desperté por el ruido. Mi abuela materna se instalaba a un lado de donde vivíamos. y llegaron relámpagos de recuerdo.
Veo a mi padre manejando hacia el pueblo donde nació mamá. Vivía a diez minutos del río con los primos Enrique, Tere, tía Elvira. Los sábados hacían plaza en el parque. Había tendidos de mercancía,  grandes árboles, suelo arenoso, Me gustaba meter el pie y levantarlo, disfrutaba ver nubes de polvo que la brisa alejaba. Hasta que mi abuela delgada ,menuda y con grandes venas en los brazos, me ordenaba que no lo hiciera. Vivía en casa de barro con techo de palma. La cocina tenía bracero, el fuego se alimentaba  con leña. Los pisos lucían limpios. Una casa humilde fresca y amplia. Todos dormían en catres. El patio arbolado y al fondo el horno de barro donde se horneaba el pan que se vendía.
Años después mi madre contaría que Enrique de ocho meses gateaba yendo debajo de un catre. La gata rayada no lo dejaba y le tiraba de zarpazos.
Eso enfureció a la abuela.
– «Gata cabrona después de que se te da de comer ahora quieres lastimar al niño» Se fue a la cocina a buscar un leño, cuando regresó, la tía Elvira ya cargaba al infante y la gata iba detrás de una víbora.

LLegaron los vecinos al escuchar el alboroto.

Es coralillo dijo un vecino y lo mataron..

-La gata lo espantó , decía mi abuela con orgullo..

El felino vio crecer al primo Enrique y donde andaba la cría estaba la gata.

Estaba feliz, la abuela la tendría viviendo junto a mí.. delgada fibrosa y por sus brazos corrían venas tensas, abultadas como cuerdas de tololoche.

abuela

Novio frustrado

La miraba sin que ella se percatara, fingía ver los rulos oscuros de su pelo; me detenía en los signos de incomodidad. Ella sonreía.
¡Qué feliz me haces! Y apretaba mi mano
Mentía. No se percataba que después de su sonrisa, fruncía el entrecejo. Las últimas veces, al despedirnos, notaba su urgencia por darme las buenas noches.
Hubo instantes… cuando resguardaba su mano entre mi mano; en otras, la conducía entre las avenidas donde la muchedumbre se recogía para cruzar la calle, ella caminaba o se detenía a la sutil orden de un apretón sobre su palma. Recordé la luz tierna de su mirada cuando ésta respondía a mi sonrisa, luego llegó la tenuidad.
Aquella mañana la neblina reptaba en el piso. La reconocí por su caminar, en una mano su equipaje y la otra suelta; con desorden, como lo hace una mariposa con el ala rota. ¿Se iba de viaje?, si ayer todavía me abrazaba?
El tren partió. Antes la saludé agitando el pañuelo, bordado por sus manos que me había regalado una semana antes.

picasso.

De los besos

Aquel fue fruto de caudaloso viento que arrancó de la rama. Otro murió en el fuego de tu vientre; su vida fue intensa, quedan escombros al recordarlo.Espero uno sin espinas. Que sea cielo; un beso que provenga de boca caminante y compañera.

fabian

Nuestros caminos

Al terminar de leerte cerré los ojos. Vi mi paisaje de tiempo atrás. Cruzaban ráfagas, ecos hirientes; la envidia la náusea. Había energías oscuras a la vida que hice frente, cultive la paciencia, calmé pulsos, apreté arcadas. Caminaba entre yuyos, ortigas. Las cimas cortaban el aliento, las piedras caían de los riscos y tenía que sentarme. Había un paisaje inmensamente triste. seguro pasamos por el mismo camino en diferentes momentos. Ni lo bueno, ni lo malo es eterno; el viento, la lluvia, el frío cesan. Así la alegría, el bienestar llegan. Es parte de lo que nos tocó vivir. Hoy sonrío, cuando siento que tu mirada es intensa, sosegada, juega entre tus manos lo esencial para seguir en la andanza . Tienes la sonrisa, la suave brisa que nos despeina.