Domino el patio donde retozan los críos. Es la hora que ellas disfrutan, porque doña Abigail va a misa de seis de la tarde. Es una mujer de trabajo, incansable, seria. ¿Ha olvidado su niñez, o quizá nunca supo de ella? Es la hora que sus nietas se escapan al solar sembrado de frutales. Hay gallinas, guajolotes y al fondo, en un corral está el chancho. Corren y entre ellas inventan sus juegos. Marta es mayor y gusta de la brusquedad, en cambio Noemí es frágil, femenina. Mientras una está subiéndose al naranjo, la otra tiene entre sus brazos a una muñeca de trapo que la baña sin agua, viste, da de comer; la duerme.
Rubén las ve por una rendija de su casa. Tiene temor de que lo ignoren, además de que los niños no juegan con muñecas. Saca el balero y trata de ensartarlo, no  acierta, su pensamiento anda en otro lado.

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