La maga de León Tolstoi

En un pueblo había un hombre sumamente avaro y ambicioso. Poseía una gran fortuna pero siempre deseaba mas riquezas para si. Tenía por vecino a un hombre tremendamente envidioso. Un día llegó al pueblo una maga que sabía de estos dos hombres y les ofreció un trato. Les concedería a ambos un deseo con una condición: Cualquier cosa que desearan se le concedería el doble también al otro. El avaro pensó “mejor no pido nada y dejo que pida el envidioso, de lo que él pida tendré el doble y el no recibirá nada de mí”. El envidioso que detestaba al avaro pidió que a él se le cayera un ojo. Y así el envidioso quedó tuerto y el avaro, ciego.
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Frederick Childe

Apuntes de un niño- Durmiendo con el hermano

¡Tenía siete años cuando nació mi hermano. Se hizo gordo y grande . Era comer, dormir. Ejercía con maestría la ocupación  de chillar. Consentido por las vecinas, lo acostumbraron a los brazos. El tío Lupe, erizaba los cabellos  a mamá. Tenía poco más de ocho meses, lo ponía de pie en sus manos. el chiquillo reía de que lo subieran y bajaran y disfrutaba de los malabares.
-¡Se te va a caer!
-No se cae, aguanta. Va a ser fuerte.
-¡Ya Lupe, déjalo y llévalo a su cuna!.

Lo acostaban y apenas sentía el colchón, berreaba a todo volumen.

-¡Mece a el niño Rubén!

Tenía que dejar el partido y mecer y mecer y él llorar y llorar, para zafarme.

-Debe de tener hambre.
-Acaba de comer.
-Es tragón ama, ya quiere de nuevo.
.Mécelo, no te vas a jugar hasta que se duerma.

Afuera se escuchaba el griterío de los amigos que coreaban » goool» y yo, meciendo al hermano que no se cansaba de llorar.

Pasaron los años y mi hermano dormía conmigo, aquella casa era pequeña, de madera y con losetas de barro con un patio lleno de árboles frutales. Los baños se ubicaban fuera de la casa.

Tal vez cinco años, pero mi carnal no tan solo mojaba la cama, sino también a mí. cuando eso sucedía buscaba sábanas y ropa interior. Él no cooperaba para ser vestido, seguía dormido. Ya había nacido la niña. Esta vez, le puse una pantaleta rosa con maripositas.

En la mañana,  mamá platicaba con las vecinas, cuando salió hacía el baño a orinar, yo escondido detrás de un árbol, mi má, lo vio, se dio cuenta y calló. minutos después se escuchó un grito agudo , casi horripilante y la voz sollozante que decía:

-¡Mamá traigo calzones de vieja!

Han pasado muchos años y él recuerda.

le contesto: «¡pero que tal, dejaste de orinar la cama!»

Nos reímos y gracias a él mi vida ha sido de dicha.

Murnau, Paisagem Estival

Kandinski

El oficio

Un binomio al cuadrado es igual al cuadrado del primer término, más el doble producto del primero por el segundo más el cuadrado segundo. «Esto no es para mí», dijo P. Irritans y se tiró de al lomo del felpudo para continuar leyendo: Las aventuras de una pulga en el país de las cucarachas.

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Síndrome de Estocolmo

Tras horas de intenso maquillaje, la princesa estaba lista para esperar en la ventana de la torre más alta del castillo. Solo habían pasado algunos minutos cuando apareció a caballo el primer príncipe que acudía en su rescate aquel día. Presurosa, se dispuso a afilar los cuchillos. Hoy el dragón había salido.
Lorena Escudero

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Apuntes de un niño doce(la boleta)

Recibimos la boleta de estudios de que habíamos aprobado el sexto año. Veníamos felices. Solo dividía a nuestras casas la calle de barro. Poco antes de llegar a Guillermo se le ocurrió.
– Hagamos caras largas, mirada triste. Pensarán que hemos reprobado, luego, enseñamos la  boleta.
Estuve de acuerdo con los hermanos.
Por la noche a la luz del quemador de gas no los vi en el juego del bote escondido.Al día siguiente encontré a uno de ellos y tímido me preguntó
-¿ Cómo te fue?
Como quedamos, puse la cara larga y la mirada llorosa.
– ¿Reprobaste, verdad? dijo mi mamá
Me quedé en silencio. Mamá se hizo la desentendida siguió haciendo tortillas y dando la espalda. Con voz clara y alta.
-Ahora que venga tu padre, le dices.
Se dio una media vuelta y con el rabillo del ojo me vio una sonrisa pícara.
Llegó a mi lado. Me dio un jalón de oreja y me abrazo. Y no pasó a mayores.

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Sin preguntar,  Memo empezó a contar cuando nos encontramos en el molino.
-Nosotros llegamos al patio donde mamá lavaba la ropa. Solo movió la cabeza al vernos. En ese instante mi papá salió del baño y al vernos,  sin decir nada se sacó el cinturón y nos dio en las nalgas. Encarrerado levantó el brazo.
-¡Aprobamos, aprobamos! Gritó mi hermano.
-¡Ya no les pegues! dijo mi madre, dame el cinturón y alzó el brazo y nos dio más y exclamó encabronada.
¡ Esto es. por querer engañarme!
Lávense las manos que vamos a comer y cuidadito con llorar.
Tomó la masa y se fue corriendo hacia su casa. Seguro que a sus padres todavía no se les pasaba el enojo.

 

 

El último momento

Con que sabor de boca se queda él, si antes de expirar, tu hijo el que fue bendecido por tus desvelos exclama » Que bien que ya se fue el bulto. la herencia me pertenece»

anciano.Jean Baptiste Greuze - 1 Filial Piety (The Paralytic)-Hermitage

Apuntes de un niño once(lucha libre)

La moda entre nosotros era la lucha libre, invadía nuestras mentes: el Santo, Blue Demon, Black shadow, el Cavernario, La tonina Jackson, el Médico asesino, el Enfermero, jugamos a las luchas imitando, sobre todo al Santo enmascarado de plata. Se vendían camisetas, máscaras, juguetes . Una empresa dio a conocer un álbum que se llenaba con figuras de luchadores. Había un furor entre la chamacada;. comprabamos las figuritas en pequeños comercios ( Changarros) éstas venían en sobres, que la mayor de las veces eran repetidas y el álbum dificilmente se llenaba. Intercambiamos figuritas, o bien se apostaban en algún juego. Todo quinto que me caía, era para ir de inmediato al Changarro y comprar y comprar.
Mamá Meche platicaba que vio morir de lombrices a varios niños » se le salían los animales por la boca y la nariz.» Se disponía de unas sales y de un aceite de Ricino. Te purgaré el fin de semana, terminó por decirme.
Ese día mi madre llegó con  unos frascos pequeños; mañana antes de que desayunes te tomarás esta botellita.
– ¿Qué será? me fui a dormir. Por la mañana me repitió.
– Te tomarás esto primero y me enseñó la botellita, al mismo tiempo que partía unas naranjas.
– Me hará un jugo de naranja.me dije  y fui al baño.
Al regresar, vi que el tio Lupe y ella platicaban, como si estuvieran contando algo que no deseaban que oyera.
Te la tomarás todo de un solo trago. dijo el tío.
Cuando olí, por poco me vomito en la cara de mamá. Eso era apestoso, nauseabundo
-Yo no tomo eso.
-Te la vas a tomar, porque es para que mueran todas las lombrices.
-Yo decía que no y no
-Ellos que sí y sí
Me tomó el tío por la fuerza y mamá con la botellita en la mano.
¡Ábre la boca! anda ábrela.
No podía manotear, porque el tío me había abrazado, pero si podía cerrar la boca y aguantar la respiración para no oler.
-Si te la tomas, te compro veinte centavos de figuritas.
Esa fue la palabra mágica. Abrí la boca, cerré los ojos, aguanté la respiración.
-Dale la naranja, para que no la vomite, decía el tío.
Mamá cumplió,  me dio un veinte para ir al changarro. Todo ese día y al día siguiente estuve con una diarrea, pero nunca ví una lombriz.
Lo que si veo en mis pesadillas es el aceite, blanco, viscoso, y nauseabundo.
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Drácula

No lo afectó la luz del sol, la cruz o el medallón de ajos; tampoco la estaca, sino cuando le informaron que su primogénito había donado sangre.

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De dimesiones

Miraba el mar. Cada ola era un verso. «seré mejor que Amado Nervo». -decía. Al tiempo la espuma se hizo rala y musitaba entre dientes»trataré de escribir tan bien como él».
Años después, mi mejor endecasílabo estaba a mucha distancia de lo hecho por el poeta. Cerca de mi ocaso, percibí enorme lo  breve, y despedí a la inmensidad con una patada en el trasero. ¡Ay de aquel que piense y sienta  que el mar es muy pequeño para hacer buches!

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Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Amado Nervo

Endocrino, el último escalón

Estaba a punto de concluir mi carrera, faltaba el curso de endocrinología que el titular de la materia pensó que no tenía méritos para aprobarlo, tenía en la boleta cinco.
-Mire García Robles, esto es lo que sacó. Enseño el exámen, vi la hoja blanca con garabatos.
Dr. esta no es mi letra; yo no soy García Robles.

Después quiso rectificar, Nada se podía hacer el acta iba en camino hacia rectoría.

Tenía dos opciones, volver a hacer el curso con el doctor o bien presentarme a un examen extraordinario. Fui a las oficinas, pagué el arancel. Cuando vi la dirección, me dije » En la madre otra vez por la salida hacia cuernavaca»

La cita era a las quince horas, llegué antes. ¡Sorpresa! encontré viejos conocidos. Cerca de cuarenta que presentaríamos el examen.
-¿Por qué hay tantos?
– ¿No sabes? El maestro le apodamos el «trasatlántico» porque es un gran «barco»* Por eso es que hay muchos.

A las tres llegó el maestro adscrito
» ya no debe de tardar el profesor titular de la materia, el Dr Bueno».
Dieron las seis de la tarde y el auxiliar nos reunió en el salón:

– – En vista de que no ha llegado el maestro, les haré el examen.

Ya nos llevó la chingada, exclamaron varios de mis compañeros. «Este adscrito es un cabrón bien hecho, si nos hace el examen, tronaremos como palomitas de maíz».

Habíamos sacado, el lápiz, el borrador, cuando ¡oh! sorpresa, llegó el titular de la materia.

– – Son muchos, llévate la mitad tú y la mitad yo, así terminamos rápido. ¿Quienes estuvieron en el curso conmigo?

Casi todos levantaron las manos. El dr Bueno, sacó una vieja lista y fue nombrando.

Los que hicimos el examen con el adscrito, terminamos en hora y media el exámen, fue oral. Cinco preguntas, de esas en que sabes o no sabes. Había que esperar, pues la boleta y el acta debe ser firmada por el titular de la materia.

Pasaban de la seis de la tarde cuando empezaron a salir los del grupo que hicieron el examen con el titular. Caras largas, sollozantes y una mirada con rencor.
– ¿Qué pasó?
– Pinche maestro, de todos los que éramos solo pasó a dos. Ya ni chinga, creimos que que nos preguntaría sobre las enfermedades comunes, . Nada de eso se metió con la bioquímica de las hormonas y nos jodió casi a todos.
-Por acá solo reprobaron como cuatro.

Hice parada en la calle insurgentes. Fui a ver a mi mentor, mi maestro grande, el que daba todo cada vez que disertaba. Fui a decirle que había terminado la carrera de medicina. Me dio un abrazo de corazón que aún siento el apretón de su sinceridad.

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Apuntes de un niño diez ( la cocina)

Las gotas frías caen perseverantes sobre la hojas de los árboles  y el ruido de la lluvia percute en el tejado.
—Esta silla es mía.
— ¿Quién te la va a quitar, tú?
— ¡Mis hermanos, mamá, mis hermanos!
—Deja de hacerte el chistoso, pues bien sabes que no tienes hermanos.
— Bueno, por si las dudas.
Mamá se arrima al fogón, sopla con fuerza para que la lumbre baile alrededor de la sartén y escucho el chirriar del aceite. Al poco rato me llega un rico olor a plátanos fritos, y el aroma que no se ve, que despierta ansias. A mí me lo dan con leche porque los chiquitos no deben tomarlo solo. Me froto las manos para quitarme el frío y mamá me dice cuando sorbo: “Te vas a quemar”. Si supiera mamá que cuando ella se descuida  lo tomo caliente y negro.
En la cocina de mamá se está re bien; hay plátanos, galletas y café. Ella a cada rato me acaricia y me pregunta — ¿No quieres más?
Afuera, el agua se envuelve con el frío y la hoja de plátano al caerle la gotera parece que tirita…

Frag mur. Teodoro Cano

teodoro cano

Apuntes de un niño 9 (El mercado)

Mi vía crucis era cada ocho días.  El día que llegaba al mercado la fruta, la verdura. «¡Qué pachorra, mañana hay que levantarse temprano!». Hermosas bolsas de yute tejidas, coloreadas de un amarillo canario o bien de un rosa mexicano. Mi labor era ayudar a mamá, ir detras, mientras hacía la compra. El mercado, rústico, con cientos de gente comprando, pasillos estrechos, ruidosos, extensos.

-Ten cuidado no te vayas a perder.

-Cómo crees ama, ya estoy grande, ya se llegar a la casa.

las manos de ella palpaban la verdura, la fruta y con el rabillo del ojo me buscaba.

Ten cuidado, volvía a decirme, cuando escuchabamos » Allí va el golpe, allí va el golpe.» a  pocos metros venían cargando sobre la espalda, la pierna de res o la mitad de un puerco.  De la carne goteaba sangre que se derramaba sobre la ropa de los cargadores que a paso rápido transportaban su carga hacia las carnicerías.

-¡Hazte a un lado! y me situaba tras de ella.

Compraba el tomate aquí, la zanahoria allá, y las calabazas,  mucho más allá. Íbamos y veníamos como los trompos. Afuera hacía calor, pero dentro del mercado era  horno.

-Mama, mire, en este puesto tienen de todo. ¡Aquí compré!

-No. A este señor,  le compro el tomate, la viejita que está en el extremo la lechuga, me la da caro.

-Y si se la da caro, ¿porqué vamos hasta allá?

Los dos cargabamos el mandado, hasta llegar a la parada del urbano. Si había asientos, ¡qué bendición!, sino te resignabas a irte de pie.

Hoy mi esposa, la llevo en el auto, toma un carrito y en espacios iluminados, con acondicionador de aire, va comprando al precio marcado.  Extraño la voz del cargador y la voz del comerciante que le decía a mama, » Le pongo un tomate de más, para que regrese» y la voz de mamá que decía

«Gracias por el pilón»

 

Diego Rivera

AZTECAS

Apuntes de un niño ocho ( el norte)

La gente decía que había norte cuando veíamos al viento azotar las palmeras y caían las gotas diminutas que significaba pasar las vacaciones escolares metido en la casa sin poder salir a jugar por días y días. Era lluvia fina, afilada, helada, que caía monótona por semanas, empapaba en brevedad la ropa y dejaba una humedad que hacía tiritar. Le decíamos chipi-chipi.

En esos días la pasábamos en la cocina con mamá, saboreando el café caliente y un pan recién horneado que al morderlo, crujía y esparcía el sabor de la melcocha. Afuera la gotera caía en la cubeta o resbalaba sobre la circunferencia de las naranjas y el tac-tac que escuchaba al caer sobre las hojas del plátano. Cerraba los ojos y veía en mi mente a los quemadores y cómo de su tallo se desprendían lenguas y pájaros de fuego. Yo volaba en una de esas aves y recorría paisajes desconocidos. Hoy comprendo que aquella lluvia tenaz me obsequió los besos tiernos de mi madre y los andamios de mi fantasía.

Tribute-to-Diego

Apuntes de un niño siete -Tormenta

Los aguaceros llegaban con el anuncio de los truenos y los rayos. Mamá corría a cubrir los espejos, me abrazaba fuerte, muy fuerte. Después de varios días asomaba a la ventana; el patio, las calles parecían piletas.Vendría la recompensa, los charcos se cubrían de gusarapos, y salían mariposas que volaban en filas, se posaban en mis manos, detenía la respiración para que se mantuvieran en mis dedos. Arriba como saetas pasaban las libélulas con su iridiscencia azulada. Poco a poco el sol tostaba el barro y volvía con los amigos a jugar, cobijados por la luz del gigante de fuego.

paisaje truenos