Abandonaba la lectura de una novela a la mitad, pues intuía el final del personaje principal y eso lo deprimía.

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En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción


La espera ha sido larga. La luna desde la curva parece decirme: » asi somos». Muevo la cabeza, sorbo mi tercer brandi español, de lejos escucho un tango de Piazzola. Dejo de mirar la ventana y corro hacia la pista dando graciosas piruetas; algunas damas acarician mi elasticidad con su mirada. Abro la puerta y un olor a desinfectante barato entorpece la respiración. Sin ningún recato a las personas que están, me hago un sitio y un chorro caliente baña el recipiente de azulejos. Las perlas de sudor desaparecen y regreso a mi sitio a mirar de nuevo la luna, esperando al mesero, que tarda en traerme otro brandi.
A punto de retirarme, la miro con un vestido de fiesta, con una flor en la sien, con arroz y confeti en el pelo.
-Pensé que no te encontraría, me escapé de la fiesta, no recordaba que este día era madrina de cojines, pues se casó mi prima. ¿Me quieres así?
Uno a uno quité arroces y confeti de colores, pues por cada beso que le daba me comía papelitos con cereal.



Frederick Childe
¡Tenía siete años cuando nació mi hermano. Se hizo gordo y grande . Era comer, dormir. Ejercía con maestría la ocupación de chillar. Consentido por las vecinas, lo acostumbraron a los brazos. El tío Lupe, erizaba los cabellos a mamá. Tenía poco más de ocho meses, lo ponía de pie en sus manos. el chiquillo reía de que lo subieran y bajaran y disfrutaba de los malabares.
-¡Se te va a caer!
-No se cae, aguanta. Va a ser fuerte.
-¡Ya Lupe, déjalo y llévalo a su cuna!.
Lo acostaban y apenas sentía el colchón, berreaba a todo volumen.
-¡Mece a el niño Rubén!
Tenía que dejar el partido y mecer y mecer y él llorar y llorar, para zafarme.
-Debe de tener hambre.
-Acaba de comer.
-Es tragón ama, ya quiere de nuevo.
.Mécelo, no te vas a jugar hasta que se duerma.
Afuera se escuchaba el griterío de los amigos que coreaban » goool» y yo, meciendo al hermano que no se cansaba de llorar.
Pasaron los años y mi hermano dormía conmigo, aquella casa era pequeña, de madera y con losetas de barro con un patio lleno de árboles frutales. Los baños se ubicaban fuera de la casa.
Tal vez cinco años, pero mi carnal no tan solo mojaba la cama, sino también a mí. cuando eso sucedía buscaba sábanas y ropa interior. Él no cooperaba para ser vestido, seguía dormido. Ya había nacido la niña. Esta vez, le puse una pantaleta rosa con maripositas.
En la mañana, mamá platicaba con las vecinas, cuando salió hacía el baño a orinar, yo escondido detrás de un árbol, mi má, lo vio, se dio cuenta y calló. minutos después se escuchó un grito agudo , casi horripilante y la voz sollozante que decía:
-¡Mamá traigo calzones de vieja!
Han pasado muchos años y él recuerda.
le contesto: «¡pero que tal, dejaste de orinar la cama!»
Nos reímos y gracias a él mi vida ha sido de dicha.

Kandinski





No lo afectó la luz del sol, la cruz o el medallón de ajos; tampoco la estaca, sino cuando le informaron que su primogénito había donado sangre.


Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Amado Nervo
Después quiso rectificar, Nada se podía hacer el acta iba en camino hacia rectoría.
Tenía dos opciones, volver a hacer el curso con el doctor o bien presentarme a un examen extraordinario. Fui a las oficinas, pagué el arancel. Cuando vi la dirección, me dije » En la madre otra vez por la salida hacia cuernavaca»
La cita era a las quince horas, llegué antes. ¡Sorpresa! encontré viejos conocidos. Cerca de cuarenta que presentaríamos el examen.
-¿Por qué hay tantos?
– ¿No sabes? El maestro le apodamos el «trasatlántico» porque es un gran «barco»* Por eso es que hay muchos.
A las tres llegó el maestro adscrito
» ya no debe de tardar el profesor titular de la materia, el Dr Bueno».
Dieron las seis de la tarde y el auxiliar nos reunió en el salón:
– – En vista de que no ha llegado el maestro, les haré el examen.
Ya nos llevó la chingada, exclamaron varios de mis compañeros. «Este adscrito es un cabrón bien hecho, si nos hace el examen, tronaremos como palomitas de maíz».
Habíamos sacado, el lápiz, el borrador, cuando ¡oh! sorpresa, llegó el titular de la materia.
– – Son muchos, llévate la mitad tú y la mitad yo, así terminamos rápido. ¿Quienes estuvieron en el curso conmigo?
Casi todos levantaron las manos. El dr Bueno, sacó una vieja lista y fue nombrando.
Los que hicimos el examen con el adscrito, terminamos en hora y media el exámen, fue oral. Cinco preguntas, de esas en que sabes o no sabes. Había que esperar, pues la boleta y el acta debe ser firmada por el titular de la materia.
Pasaban de la seis de la tarde cuando empezaron a salir los del grupo que hicieron el examen con el titular. Caras largas, sollozantes y una mirada con rencor.
– ¿Qué pasó?
– Pinche maestro, de todos los que éramos solo pasó a dos. Ya ni chinga, creimos que que nos preguntaría sobre las enfermedades comunes, . Nada de eso se metió con la bioquímica de las hormonas y nos jodió casi a todos.
-Por acá solo reprobaron como cuatro.
–
Hice parada en la calle insurgentes. Fui a ver a mi mentor, mi maestro grande, el que daba todo cada vez que disertaba. Fui a decirle que había terminado la carrera de medicina. Me dio un abrazo de corazón que aún siento el apretón de su sinceridad.

Frag mur. Teodoro Cano
