Apuntes de un niño 3

Jugué con canicas, trompo, balero y carritos de madera. Me gustaba caminar bajo la lluvia y brincar sobre los charcos. Mirar a las mariposas que iban y venían revoloteando.  Otras amarillas marchaban como soldaditos sobre las flores que se abrían después del aguacero.  Lo mejor,   lo daba mamá, besos y abrazos sin ton ni son; café con leche por la mañana con pedacitos de harina que cocía en la estufa de petróleo. Ella me decía que eran gatitos y  me abrazaba a sus piernas.

mariposas-amarillas

Filomeno Mata población totonaca

Filomeno Mata Ver. Población totonaca. Mujeres dando la bienvenida a funcionarios del estado. Hay un dolor viejo en ellas, seguramente obligadas a pasar lista. Filomeno mata es montaña, costumbres intensas, también enfermedad y olvido.

filomeno mata

Foto de Rubén García García

El pez

Montada en caballo. La luna teje un velo sobre tu espalda; tus pechos ondulan siguiendo las olas, el rumor del mar se columpia en tus oídos ¡Soy pez que te sigue!

mujer y mar

La muerte del senador

Los senos de la adolescente reposaron en la media cara del senador. Percibiò la fragancia del nardo que abre. Aceptò sin reclamo que ella serìa su tumba. La corbata de seda que aprieta. La seda de su vientre y la caída al abismo despuès de retozar entre el vainillal del monte.

pereja

Apuntes de un niño dos

El silbato de la empresa petrolera sonaba a las seis y cuarenta y cinco de la mañana y quince minutos después volvía a pitar y marcaba el inicio de labores de los trabajadores. Recuerdo que gruñía profundamente en mí oído, haciéndome creer que se trataba de un buque de vapor surcando sobre el oleaje; luego el capitán lo desviaba río arriba para que los niños conocieran una nave de verdad. Los únicos barcos que conocía eran los ilustrados en los libros o bien los armados con hojas del cuaderno, que en días de lluvia los soltaba a la corriente y los veía alejarse,  dentro, mi pulso brincaba y hacía sonar un silbato diminuto que me llegaba del barco de papel.
Silba silbato,
que te escuche el pez bobo,
y el verde pájaro.

barco

Postcirugia

El dolor se ha hecho tolerable; en la oscuridad, con el silencio se alza, alisa su chaqueta y camina hincando el tacón sobre los pliegues de la sábana. Respiras despacio, hueles la gota de sudor que baja por las mejillas. Muerdes tu labio, un quejido se abre paso por tu garganta. Así es él. Se va por ratos y es cuando el metal de los párpados cae como la ventana metálica de la ferretería. Duermes.
Despiertas porque hay partes vivas que gritan de tanto estar inmóviles y, recurres a la poca fuerza de tus brazos. El codo se vuelve palanca, te alzas del tronco para moverte cinco miserables centímetros a un lado. Es un aliento, un soplo fresco que las otras partes del cuerpo te lo agradecen. Duermes, duermes no sabes cuánto, pues el tiempo lo mides por el goteo que recorre el frasco de vidrio y llega hasta tu red venosa. Sabes que cuarenta gotas es un minuto, eso contestó la enfermera a una pregunta estúpida que hice. Todo es inmenso: el silencio, la oscuridad, el sueño, la nausea.

infierno Anaidia

Anaydia

 

La mujer

La miraba sin que ella se percatara, fingía ver los rulos oscuros de su pelo; me detenía en los signos de incomodidad. Ella sonreía.
¡Qué feliz me haces! Y apretaba mi mano
Mentía. No se percataba que después de su sonrisa, fruncía el entrecejo. Yo, movía mentalmente la testa. Las últimas veces, al despedirnos, notaba su urgencia por darme las buenas noches y ésta, aunque se oculte, un hombre sensible percibe.
Hubo instantes… como resguardar su mano entre mi mano; en otras, la conducía entre las grandes avenidas donde la muchedumbre se arrebataba para cruzar la calle, ella caminaba o se detenía a la sutil orden de un apretón sobre su piel. Recordé la luz tierna de su mirada cuando ésta respondía a mi sonrisa, después se fue apagando. ¿quizá no se daba cuenta o sí?
No le di tiempo de decírmelo.
Aquella mañana la neblina reptaba en el piso. La reconocí por su caminar, en una mano su equipaje y la otra suelta; con desorden, como lo hace una mariposa con el ala rota. ¿Se iba de viaje?, cuando ayer todavía me abrazaba?
El tren partía, me vio y la saludé agitando el pañuelo, bordado por sus manos que en mi cumpleaños me había regalado.  

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Rumores

¡Mírala! ¡qué hace!

Es la noche que prepara su bebida, tiene boldo, sauce y cascaras de quina.

¿Para qué?

Así conserva su carácter fuerte, sólido. Amarga su corazón, frita la alegría. Eso dicen, la he visto llorar en las noches, cuando prende el cigarro de hojas.

mujer-fumando

 

Apuntes de un niño 1

Pasé mi niñez en una ciudad que tenía trópico y veneros de petróleo. Los directores de la empresa vivían en la loma, en casas de lujo; los obreros calificados tenían viviendas de madera tratada en la planicie, mientras que en las afueras habitaban los indígenas, en chozas que tenían paredes de barro y techo de palma. Mi casa era de madera con piso de color ladrillo y un patio rico en olores y sombra.
Verdes guayabas,
limón, lima y naranja.
Luz de luciérnagas.

p.gaugin

Tierra y continente

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Te recorro con los dedos de mi olfato, camino con los pies de mi palabra. Eres tierra y continente. Montañas que se abren a veneros de flores. Pinares que hacen germinar cielos de verde y oseznos que juegan entre desiertos de nieve.

Eres pangea;

montañas dehicientes

a nieve y fuego.

Meretriz

Me gustan las manos ásperas, aradas por el golpe a golpe. Ese contraste entre la callosidad de la mano y la tersura de mis caderas. Estoy exhausta, satisfecha de copular con un hombre al que le dejo una porción generosa.

Henrri de tolouse

Henrri de toulouse Lautrec

Haibun en edad de merecer

En la madrugada el viento se ha sentado y se esparce aroma de limonarias. Dentro, la cabeza monótona del ventilador. Hay otro ruido, los silbidos que parlotean en mis oídos, que me prometió la edad. Nada extraordinario es que coseches lo que has sembrado. Estas en edad de merecer desde un sueño erótico, el chapoteo del agua o el roer del gusano. Lo acepto Así que chiflo a mis perros y me contestan con su gritería los cotorros. Será un día bello.

Huele de noche

Los grillos parlotean;

Silban cotorros.

Monet_-_Monets_Garten_in_Giverny