Pasé mi niñez en una ciudad que tenía trópico y veneros de petróleo. Los directores de la empresa vivían en la loma, en casas de lujo; los obreros calificados tenían viviendas de madera tratada en la planicie, mientras que en las afueras habitaban los indígenas, en chozas que tenían paredes de barro y techo de palma. Mi casa era de madera con piso de color ladrillo y un patio rico en olores y sombra.
Verdes guayabas,
limón, lima y naranja.
Luz de luciérnagas.

p.gaugin