El potro del 2018 ( Felicidades a los que sigo y a mis seguidores. Abrazo y rosas para mis amigas)

A este Potro que viene, hay que montarlo, domarlo y hacerlo a tu modo, pero si te tira. párate, vuelve a montar y hunde los talones a fondo, y que aprenda que eres tú el que decide.

potro

Las despedidas

lejaniaCobijado por la tarde vieja, los amigos se despiden, cada quien marcha por diferente camino, unos a pie, otros en mulas. lejos, ondean el sombrero; cada arriero chifla tres veces, deseando buena ventura. Se vuelven diminutos y  entre la niebla van como fantasmas-. Tal vez nunca volverán a verse, quizá en la próxima fiesta. Un año se va rápido.
Otros están tirados en la calle, alcoholizados. La mujer espera.

borrachos

 

Volcán

Dejamos ropa, bailábamos, mis manos rodean tu cintura; media luz que te viste. Seré nave bajo tu vientre. Tu ombligo redondo, profundo, curvado. Soy carruaje que vuelca hacía tu precipicio de fuego y lava.

Degas.

degas

Una mujer en el urbano

Ya noche tomé el urbano. había aroma de tabaco, axila y acre. Enfrente tenía una mujer que miraba indiferente. Ella recargaba su cara en el vidrio, tenía humedad en sus mejillas. Joven, pelo trenzado con mechón blanco en el copete. Respiraba frecuente, tronaba sus dedos. Ráfagas de aire frío se colaban. Llevaba un pantalón raído, blusa sin el botón inicial; una mancha de sangre reciente en uno de sus tenis, que trataba de esconder detrás del otro. Afuera llovía. Luces de navidad soltaban colores que prendían formando figuras. Solicitó la parada, me vio con su mirada lejana, salió cojeando y se perdió entre el gentío.

Christmas_decorations_on_Oxford_Street,_London

La autodepilación

El aseo se vuelve complicado. Los pelos de la nariz crecen con desmesura. Conseguí un espejo y una pinza. A ver, allí está uno, trato de apresarlo, el pulso tiembla, ¡al fin!, tardé una eternidad. Parece que fue ayer cuando mi amante decía, acuéstese, que yo lo depilaré. Uno atrás de otro, salían. Cada vez que gritaba, ella corría sus dedos por mi mejilla frotando su nariz con la mía. Ahora, cada vez que quito uno, sobo mi piel, limpio el espejo y  el bulto húmedo de mis ojos.

renoir.2

El paraguas

Se dio cuenta, un paraguas abierto la cubría, La lluvia había llegado sin anuncio previo. Vio a la persona que la resguardó-— no se moleste— no es molestia, ella intentó salirse del área del paraguas,  Él volvió a decir:
— Así me enseñaron a ser. No desconfié.
Ella sonrió y aceptó contrariada. Dio las gracias tímidamente
— Me llamo Roberto, para servirle
— Soy Estela. Estela Romero
— ¿Espera el transporte, al parque América?
— Si.
— Está tardando mucho.
— Si.
— Por allá trabaja?
— Si.
— Se me hace que la invito a tomar un café
— Y ¿qué le hace pensar eso?
— Que a todo dice sí.
Ella intentó salirse del paraguas a pesar de que la lluvia arreciaba
— por favor es un broma, no se moleste , no quise ….
Ella con seriedad le respondió:
— ¡No me gustan mucho las bromas!, así que… ahora invíteme.

paraguas

 

Deben de estar locos

—¡Tienes que estar loco para pensar así! ¿Cómo se te ocurre decirle a esa muchacha que la quieres y, sobretodo, que te vas a casar con ella? ¡Pues qué! ¿Tienes la cabeza en las patas? ¿Con qué la vas a mantener? ¿Dónde vas a vivir? No tienes ahorrado nada, ¡ni para comprarte un par de calzones! Me dices que ella te dijo que sí. ¡Pero si la pobre está que se troza de flaca! No creo que pueda llevar una casa, ¡te lo juro! Antes de que pase una semana huye de ti. Nada más que te vea tirado en la cama, soñando en no sé cuántas cosas, se irá. ¿Qué me dices?— y lo miró fijamente.
—Nada, ya está decidido.
— ¿Decidido qué?
—Que nos vamos a casar.
—Y los papás de ella, ¿ya lo saben?
—En este momento debe de estar diciéndoles.
— ¡Por favor! ¡Vuelve en ti!
Se escuchan pasos por el corredor, tocan a la puerta; la madre, abre bruscamente. El matrimonio da las buenas tardes, y detrás, viene la hija, tan delgada como su sombra. Jorge, el padre de ella, se dirige directamente a la madre.
—Señora Josefa, perdone usted que venga a interrumpir sus quehaceres, el asunto que nos trae por aquí es delicado. Nuestra hija nos acaba de decir que se quiere casar con su hijo, Virgilio. Ya su mamá y yo le hemos hecho ver que su hijo no puede ofrecerle nada y, a pesar de todo, ella insiste.
—Lo mismo le he dicho a mi muchacho, ¡pero no hace caso! Está necio.
—Por eso venimos y ¡qué bueno que usted piensa igual que nosotros! ¡A ver si entran en razón! ¡Y que entiendan que la vida no es un instante!
Los muchachos, a pasos cortos, fueron acercándose uno al otro y, mientras los padres discutían los avatares de una vida en pareja, ellos buscaron la sombra del patio, cuchichean y se reían.
Cuando los buscaron iban rumbo a otro pueblo.

pareja en azul de alejandro Ramos martinez

Lupita y las Guayabas

A Lupita se le antojaron las guayabas. Las vio en el puesto de doña Jesusa, a unos cien metros de su casa.
—Mamá cómprame unas.
— ¿No te llenaste con el pan?
—Sí, pero tengo ganas de comer guayabas.
—No hay dinero, apenas alcanza para frijoles y masa. Tu papá fue en busca de trabajo. Espérate a que regrese.
—Mamá quiero unas guayabas…
— ¡Llévate la moneda de diez pesos y cuidado con andar de boba!
La niña tomó el dinero y se fue. Al regresar, traía la fruta en el hueco que se hace cuando juntas las manos. La mujer del puesto no le había dado bolsa.
— ¿Y el cambio de la moneda? —preguntó la madre.
La niña con las manos ocupadas susurró:
—No sé…
—¡Lo primero que te digo, y lo primero que haces!
La mujer furiosa con una vara azotó la espalda de Lupita. La niña oprimió el tesoro contra su pecho y corrió; corrió por solares vacíos, después por pastizales hasta llegar a un potrero. Al dolor del espinazo se le agregó el de las pantorrillas que sangraban por las heridas que se hizo mientras corría.
Allí la encontró su padre, con la mirada perdida y apretando la fruta contra su pecho. La tarde se iba.
Su papá la llevó en brazos hasta la casa, donde la madre lavaba la ropa.
—Allá la hubieras dejado, para que se le quite lo bruta. ¡Perder el cambio, con la necesidad de dinero que tenemos!
El hombre la situó sobre una poltrona y revisó las heridas. Le quitó la tierra con agua limpia, sin evitar que su enojo creciera.
—No ha de estar tan mal, mira, todavía tiene agarradas las guayabas.
Con violencia, le abrió las manos. Las frutas saltaron y detrás de ellas, rodaban las monedas del cambio que le habían dado a la niña.

niña maggie lp

Puente

Si hubiera vientos y montañas en formación, este puente sería un ave dispuesta al vuelo. Sus rodillas tocan la tierra de los mares y sus ojos siempre despiertan al sol. Es un puente de niños, que juega con la voz alta y le grita al mar. Veo tus deseos de revuelo, cuando pasan por tus muros los peces en procesión.

mujer caminando

Efectos secundarios

A las moscas les valió madre que no hubiese letreros en el arca dándoles la bienvenida. Se posaron sobre la mierda y empezaron a proliferar. Al mes, era tal su cantidad que su asedio se volvió intolerable.
Noé habló implorando al cielo; días después un viento gélido envolvió la nave y casi las exterminó. Otras especies valiosas y bellas murieron.

Bassano-Entry_of_the_animals_in_the_Ark_mg_1715

Un tango para los dos

Dejamos ropa, bailamos, llevo las manos por tu cintura, hasta  la media luz que cubre tu  espalda. Seré barco en tu mar y bajo tu vientre náufrago. Tu ombligo redondo, profundo, curvado. Mi aliento, carruaje de ola que vuelca hacía fondos de coral y vida.

paisaje coral