Sospecha infundada

Me desordena el color fucsia de la blusa, El vestido corto que descubre tu piel, tu aroma que dispersas al caminar. Me turba la túnica que erecta tus pezones, la seda que hunde su respiración en la intimidad de tu surco, la mirada descarada de los transeúntes. Me Altera qué mis ojos dejen de ser tímidos y capturen tu sonrisa cómplice. Me insulta saber que tienes un amante y que tu esposo sospeche que soy yo.

TOULOUSE 6

Mentira que fue verdad

Sobre la frente, manaba sudor, ojos espantados. No lloraba, parecía. Lo encontré en la poltrona. Había dos beatas, una de cada lado, que con abanicos trataban de reanimarlo. La testa, la reclinaba sobre el cabezal del mueble otras fingía ser un péndulo que bamboleaba entre sus piernas.Respiraba superficial, rápido; tenía los globos de los ojos saltones, sus manos  las cerraba, en otras las abría para darse aire; o bien pegarse sobre el pecho.
Él cursaba con una gran crisis. A cada rato repetía:¿Qué tengo? Yo callaba. Su mirada recorría todos los lugares y en ninguno se fijaba.
Sabía con exactitud lo que pasaba: Cuando llegó su secretaria para decirme que fuese a darle atención; me informó que después de una breve e intensa discusión, ella le mencionó que no le había bajado su menstruación. “Se lo dije en broma” “ estaba molesta” de esa manera se disculpó la muy cabrona. El sudor, el sofoco, en un hombre menor de 35 años y con el antecedente de la noticia, me ofrecía un diagnóstico certero y la seguridad de tenerlo activo en un lapso de horas. Abrí su vena, le instalé un suero, metí grandes dosis de vitamina B y por último un tranquilizante. Mañana, antes de clarear, estaría como si nada hubiese sucedido, ofrecería  la misa de gallo para el pueblo.
Eso pensé. Pero no fue así. !Quién me iba a decir que el sacerdote era alérgico a la vitamina B! y el farmacéutico por ser feriado se había ido del pueblo. Hace quince días se le dio sepultura. Y hoy vino la secretaria a decirme, entre sollozos, que la broma que le había dicho al sacerdote, ya no era tal.

Dante G. Rossetti

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El curandero

Llamó el sanador. Juana tiene veinte años, débil, sus rodillas desfallecen. Delgada, con perfil de cuchillo y pálida confía su fe en el rezandero. Él ofrecerá oraciones para restituir la salud.
Al llegar ordena que las veladoras y los santos estén en armonía con las flores. El rosario y el misal al lado de San Judas Tadeo. oró como si platicara con él, y el santo.
—¿ Recuerda la bata de flores amarillas? La noche en que lloró. ¡Qué a nadie dijo! Lo supe  por el libro de misal que es suyo. huele a lágrimas secas.
Su voz resuena en las cuerdas del alma de Juana. Olor de hierbas; murmullos y eructos. Después de tres horas las plegarias están en camino.
Meses después ella canta y corta rosas para los floreros, mientras el sanador la recuerda con dolores intensos en las rodillas, con un perfil de cera y diezmado por fiebres.

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Crucigrama

Eres tan enigmática como una tarde que parece mañana. Tan serena que no sé si el río corre o se detiene. La señal de tus manos es distinta a la de tu abrazo. ¿ tu abrazo? hace tiempo que lo olvidé. ¿cómo será?

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¡Futuro para qué!

Todas las madrugadas despierto y me levanto a caminar por los recovecos de la casa. Me he sorprendido mirando el cielo y son los azahares del naranjo los que avivan mi vigilia. No sé qué pasa cuando regreso;  ¡puedo vivir sin futuro! Tiendo el lecho para hacerlo confortable y, cierro ruidosamente mi ataúd.

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La espera

Espero una mujer. Tejo el riesgo de mirarla y perderme en el precipicio de sus aguas. No sé qué vendrá: sí la muerte, o la esperanza.mujer en paisaje

Una enfermedad llamada rutina sexual

Mi esposo duerme. Luego de la intimidad,  ronca y es  que después de veinte años de convivencia, queda la sensación de haber hecho el amor con un amigo de la infancia.

pareja ferran

El estornudo de la muerte

Después de haber burlado la defensa, tomó la vía rápida y llegó a la central nerviosa. Un ejército iba tras de él. Hábil traspasó la barrera encefálica y saltando se introdujo por la única rendija al núcleo. Trabajó rápido, las señales genéticas fueron cambiadas, recibiendo nuevas órdenes para clonar al intruso. Millones dispuestos a todo. Un puñado de ellos saldrá a la búsqueda de más humanos susceptibles, cada vez que se estornude volará la muerte.

 

virus

La cita

Cuídate como si me cuidarás a mí. Eres casi lo que soy. Estás lejos, pero nunca te has ido de mí. Hoy mismo moría por contarte lo que soñé, eres la única en quién confío, la que me conoce a cabalidad. Cuídate, que aún tenemos una cita pendiente, será mañana o en algún nunca, no lo sé.

picasso.

Siempre ganas por decisión

Eres elegante boxeadora. Con pasitos hacia delante, a los lados, mueves tu cuello con gracia; me distraes. Poco a poco me acorralas. Cuando llega tu golpe, me abrazo a ti. En el clinch bailamos, mejilla con mejilla y por instantes golpeo con besos intensos tu cuello y caemos. Murmullos, suspiros, respiraciones entrecortadas de los cuerpos. La campana suena y regresamos a nuestra rutina, esperando la revancha.

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A mis maestras

Me acercas tu voz, mi oído hace fiesta y no sabe qué hacer; como el perro amarrado por días,  y lo sueltas.  Corro, me detengo, te miro, te beso. Deseo abrazarte, permanecer dentro.
 Tu voz cotidiana que platica del viento,  de los fantasmas que van, o te asomas por la ventana para mirar la pileta donde la luna acude a delinearse la sombra.
Me alcanza tu voz instructora, las frases que corriges, se transforman. Tienen tus ojos saber, y las cucarachas del lenguaje corren en desbandada. Me amenazas con tu sonrisa; bajo tu mirada, atento, pongo mi parco entendimiento para comprender las declinaciones que susurras.
En el devenir  escucho  tu voz de mujer sosiego, mujer oído que con su sapiencia  alcanza mis viejas paredes. Cuando hablas y cantas mi nombre, mi oído se hincha y baila.

Maestra manet

Y la pelota nunca para

Mi silencio desbarata los poemas grotescos que la realidad dicta.  En mi oreja se etiquetan los coletazos del río, algunos cantos de sirena, el chismerío de las hojas que mueve el viento. Voces que no preguntan; la vida cotidiana distrae, o mi nombre tiene gérmenes de ausencia que desconozco. Son días fértiles para la nada. Te das cuenta que con o sin ti, la vida sigue; sigue como una pelota que nunca para de rebotar.

gente Renoir

La madre

Doña Candi era esposa de un vaquero que  sabía de vacas y hacer hijos. Ella tenía como oficio ser mamá. Él, como muchos varones, gustaba de la cerveza, gastar lo ganado en mujeres. Doña Candi, hacia todo lo posible por sostener a la prole. No, nada de pegarles a los hijos, anteponía su amor,  a los maltratos que le propinaba su esposo. ¿Quién me lo decía? Nadie, sólo veía,  lavaba ropa ajena y ayudaba a los pequeños. Nadie me decía nada. De vez en cuando, me ofrecía un café, un bocadillo.  Veía su silencio. sonrisa y su trajín. Sabía, entonces, que esa mujer no escondía celos, rencillas sino un profundo amor para sus hijos.

Tribute-to-Diego

 

El retorno

Hay días que pasan sin pena ni gloria, otros vuelven a zarandearte. Días periféricos que sin ser cometas arriban. Te percatas cuando transitas. Me turba ser de nuevo tu presa, estoy oliendo tus abrazos, mi boca memoriosa desfallece. Eres laguna y soy pez, cuello de gacela y tu leona. Desapareces y se que el día menos pensado llegarás.Vivo tiempos periféricos.

vangogh

 

Nació una leyenda

Las hormigas llevaron de toxicología sangre de diabético, que suicidó con pesticida. Murieron en su hormiguero. Sólo vivió una que todo olisqueaba y que habían encarcelado por tener una conducta extraviada. Los “gemidos” que fueron de advertencia se convirtieron en aullidos de dolor. Así nació la leyenda de la hormiga perro.hormiguitas