Llamó el sanador. Juana tiene veinte años, débil, sus rodillas desfallecen. Delgada, con perfil de cuchillo y pálida confía su fe en el rezandero. Él ofrecerá oraciones para restituir la salud.
Al llegar ordena que las veladoras y los santos estén en armonía con las flores. El rosario y el misal al lado de San Judas Tadeo. oró como si platicara con él, y el santo.
—¿ Recuerda la bata de flores amarillas? La noche en que lloró. ¡Qué a nadie dijo! Lo supe  por el libro de misal que es suyo. huele a lágrimas secas.
Su voz resuena en las cuerdas del alma de Juana. Olor de hierbas; murmullos y eructos. Después de tres horas las plegarias están en camino.
Meses después ella canta y corta rosas para los floreros, mientras el sanador la recuerda con dolores intensos en las rodillas, con un perfil de cera y diezmado por fiebres.

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