Desperté por el ruido. Mi abuela materna se instalaba a un lado de donde vivíamos. y llegaron relámpagos de recuerdo.
Veo a mi padre manejando hacia el pueblo donde nació mamá. Vivía a diez minutos del río con los primos Enrique, Tere, tía Elvira. Los sábados hacían plaza en el parque. Había tendidos de mercancía,  grandes árboles, suelo arenoso, Me gustaba meter el pie y levantarlo, disfrutaba ver nubes de polvo que la brisa alejaba. Hasta que mi abuela delgada ,menuda y con grandes venas en los brazos, me ordenaba que no lo hiciera. Vivía en casa de barro con techo de palma. La cocina tenía bracero, el fuego se alimentaba  con leña. Los pisos lucían limpios. Una casa humilde fresca y amplia. Todos dormían en catres. El patio arbolado y al fondo el horno de barro donde se horneaba el pan que se vendía.
Años después mi madre contaría que Enrique de ocho meses gateaba yendo debajo de un catre. La gata rayada no lo dejaba y le tiraba de zarpazos.
Eso enfureció a la abuela.
– “Gata cabrona después de que se te da de comer ahora quieres lastimar al niño” Se fue a la cocina a buscar un leño, cuando regresó, la tía Elvira ya cargaba al infante y la gata iba detrás de una víbora.

LLegaron los vecinos al escuchar el alboroto.

Es coralillo dijo un vecino y lo mataron..

-La gata lo espantó , decía mi abuela con orgullo..

El felino vio crecer al primo Enrique y donde andaba la cría estaba la gata.

Estaba feliz, la abuela la tendría viviendo junto a mí.. delgada fibrosa y por sus brazos corrían venas tensas, abultadas como cuerdas de tololoche.

abuela