Aquella mañana la neblina reptaba sobre el piso. La reconocí por su caminar, en una mano su equipaje y la otra suelta; como lo haría una mariposa con el ala rota. ¿Se iba de viaje?, Si ayer todavía apretaba mi mano. 
El tren partió. Antes, la saludé agitando el pañuelo bordado que me obsequió una semana antes.

estació del tren