La noche es mi cobija, la ciudad duerme,  veo la bastedad del tiempo oculto en las paredes de la iglesia. En los callejones es profundo el silencio; El tum tum de mis pisadas resuenan. Me paro.Vuelve la mudez, parecería que no hay nadie. Escojo recovecos a la luz tenue de algún farol. Me tenso al imaginar lo que aconteció en esas paredes. Tal vez podrían escucharse las voces, gritos. Me he alejado mucho. Este callejón no lo recuerdo; a cada paso que doy se hace estrecho. Tal parece que termina. Si no estoy equivocado este muro es falso. Lo traspaso, me adentro en un enorme patio, la sombra de los ahuehuetes oscurece más la noche. Escucho pisadas detrás, me doy la vuelta y no hay nadie. Es solo un gato que se enrosca entre mis piernas, me mira. Sus ojos brillan intensamente. Me pierdo en su luz. Estoy dentro del felino, recorre senderos que nunca imaginé que existieran, vericuetos olvidados, enormes helechos, árboles que forman túneles, se hacen estrechos, que apenas, el felino puede traspasarlos. Cuando pensé que ya había terminado, sus ojos me depositaron en un valle dorado, él se perdió entre los arbustos de colores. El despertador me devuelve y de la ventana salta una sombra.

pantera