¿Recuerdas la casa de madera con macetas colgadas sobre la pared? la muchacha con vestido de algodón que se le adhería a los muslos. Tú la mirabas en su quehacer mientras cocinaba. Esa mujer deseaba un aliento. Se alegraba con tu mirada. Manos que daban a tu paladar una tortilla recién hecha.
Ella te percibe, ¡ah, pero los hombres son tan tontos! Todo lo quieren entender con un descaro. El pedimento con la mirada, dura segundos, si te distraes admirando sus muslos nunca comprenderás lo que están diciendo los ojos.

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