No tarda en llegar el taxi para ir a la oficina. Él ríe de “Nieve”; a través de la ventana se ve a la perra persiguiendo a la libélula en el jardín. Al encontrarme con sus ojos sonreímos los dos.  Tibia mañana, de café con pan. Nadie llegará hasta después del mediodía. Él vino de un trópico distante. Me perturba. Hinco el cuero de la bota en la duela del piso, no tanto para que se fijara en mis formas de mujer, sino para decirme que volar con algo que no es tuyo, es peligroso.  La tonadilla de una canción suena en mi cabeza.
lara la la la…La vida es una autopista que no tiene regreso, lalala-lala…
Salí apresurada hacia la puerta de mi casa, le pagué al taxista y regresé.

carretera