Ausencia

Noches profundas donde escuchaba tu voz de susurro. Los días llegaban con aromas silvestres. Duele alejarse de tus pensamientos, del hola, de los buenos días y las pequeñeces que contabas. Asistieron los falsos de la vida, la promesa desviada. Hay días de recuerdo que son inevitables como tu perfil recostado en mi pecho.
Afuera el viento golpea el tejado.

casa abandonada

El barco

Sacudiendo la vivienda, tropiezo con un detalle. Los recuerdos son palomas sobre mi cabeza, que nunca van a ninguna parte, dan vueltas y vueltas; vuelven, van. ¡Nunca duermen! Siempre alertas para incitar lo que se fue.
He movido la cabeza. Y digo ¡basta! ¿Cuándo llegará el desapego? Por la tarde miro el horizonte, el mar, el ocaso; no hay una luna diferente, ni astro que sirva de señal.
El barco que espero tarda demasiado.
El mar gruñe al azotar la roca, si quitara el mar, la roca; seguiría oyendo los azotes del agua dentro de mí. El barco tarda, y el desapego no llega.

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Cuando corro

La línea blanca divide la carretera, ésta se pierde en la lejanía; la mirada divisa un casco rojo que monta una motocicleta que no se oye. el Sol recuesta sobre mi espalda y mi sombra se inclina. En la cúspide es diferente, rozo las nubes con la mirada. los árboles parecen arbustos. Abajo se mira la huida de aguas transparentes.  Me lavo los ojos con el cristal frío que corre. Puedo llenar el hueco de mis manos y sentir la humedad que acaricia mis labios. El señor del casco rojo, viene de regreso, estoy hecho una sopa y el sol es inclemente.  A pocos metros se da la vuelta, me mira, mueve la cabeza y me da dos mandarinas que agradezco con unas gracias de deshidratado.

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Erótico cuatro o fuerza de gravedad

Mi boca es un carro de fuego atraído por la oscuridad de tu centro.
pino Daeniii

Pino Daeni

 

Diario íntimo 17

En el avión, de regreso a casa, pensaba en mi manera de ser. Me vi en el espejo, puedo ser tierna, compartida con las cosas que amo; asegurar que los pequeños detalles estén presentes, ellos son los que cubren de alegría nuestra vida. Es cierto que algunas veces escapo a mis tristezas, a mis enojos, dolores que toda mujer tiene; valoro una caricia en la mejilla, un roce de labios en la frente o un beso en la piel de mis senos. Atesoro caminar bajo un atardecer o refugiarme en los brazos de él, al escuchar el estallido de los truenos. Hoy, que ha pasado todo, puedo decir que el amor es esto; pero falta algo más, algo que no tiene nombre, que es inefable y que Salvador nunca tendrá.
La gente bailaba con la música de carnaval, lejos los rumores del río. Nosotros entregados en el abrazo y nuestras bocas reunidas. Beso sin tiempo que aún pulsa, permanece. Mi esposo vive.

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Diario de una mujer 16

Me gusta escribir, contarte los pormenores de mi ajetreo, cosas cotidianas. cómo al bañar a mis hijos da por imaginar que es tu piel morocha. Complace que escuches, sepas lo que dicen mis compañeras de oficina, las que no me dejan escribir porque rondan como palomitas a mi alrededor.
Me gustaría que estuvieras en mi regazo, hacerte mimos morder tus cachetes. Amo el placer de decir lo que sucede, lo que vuela por mi pensamiento. Me estremece el sabor de tu nombre, gritarte en silencio, fantasear que eres quien levanta mis piernas y se desploma dejando en mi cuello un te amo y en mis surcos la agricultura de tu ser.

mujer Berthe morisot

¡Qué huevos de pulga!

Les dijo que se iría del circo porque su vocación eran las matemáticas.
La recordarían años después como la pulga negra de la familia.

pulga

Premonición

Despertó en la madrugada con la boca seca. Fue a la cocina, abrió la nevera y asió la jarra, que en vez de agua tenía una cara con la boca abierta por donde salía una lengua polvosa y aplanada. Tengo sed, dijo con voz aniñada. Violentamente se incorporó de la cama con lumbre en la garganta y su corazón galopando. Se quedó inmóvil y masacrado, esperando la mañana.
hombre

 

Corriendo

Si me pienso mujer, corro desnudo, percibo el oleaje debajo de mi vientre.
Al ser hombre busco el tam tam que hacen los pechos, y al encontrar tu sexo  bailo contorsionando mis caderas; húmedo de gemidos nos volvemos cometas.

baile

 

La sugerencia

La lluvia menuda, fría, moja la oscuridad, los pastizales. Se oye el pujido asmático del camión de pasajeros que conduce a la ciudad. El grito de los pájaros anuncia su llegada. Si deseo abordarlo, es preciso salir corriendo de la cabaña hacía la carretera.
Ella me besa y me pregunta ¿Y si te vas temprano?

cabaña

«Y llegaré hasta la última consecuencia»

Ésta se enteró que estaba siendo perseguida, y se fue al laberinto.
“Aquí no te encontraran», -le susurro el Minotauro.

minotauro picasso

 

 

Diario de una mujer doce

 

“Siempre tuve la impresión de que un acto de infidelidad me dejaría con una sensación de vergüenza, con el sabor de haber masticado lo amargo de unas hojas, con un sentimiento sucio pegado en mi alma. Contigo las cosas tomaron un rumbo distinto; a tu lado sentí la suavidad de una pluma en mi cuerpo. Mi nombre fue hermoso en tu boca, tuve una sonrisa diferente. Nada tan tierno que verme en tus letras. En noches frías, tú sabías encenderme y despertar en mí a la mujer. Nada más cotidiano que vernos caminando por una banqueta del mundo, que tú cargas mis libros, y hurgo en tu costillar; que nos detenemos en cada esquina y contemplamos la gente que va, viene, corre porque el aguacero es inminente…”

paraguas dos

Auntenticidad

Nadie intenta suplir, cada quien es como es y eso lo define como auténtico. Amo a las personas por esta cualidad y no por la apariencia. Me río al imaginar a una campana que suene como rebuzno.

catedral teziutlan.

Literatura de Julio Torri

El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores.
La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al describir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales, y a pesar de todo fascinante, mágica, sobrenatural.

barco.