Instantánea

Se oye el ventilador de la computadora. Afuera gritan, -es el vendedor de periódico- Hay una calma que no lo es. En los dormitorios se oye una alarma, al llegar solo escucho el silencio; por la ventana, el pájaro azul negro me mira. Es un día nublado, los cotorros en el patio chiflan fiu-fiu a mujeres inexistentes. Desde la avenida se oye el ir y venir de los carros dejando su cuota de ruido. Muy a lo lejos, se abre un silencio y llega el canto de la primavera. Me encimo en su silbido, mientras el humo del café revolotea.

paisaje urbano

Un radio con frecuencia modulada

Los carpinteros tardaban en demasía. Había costado trabajo ahuyentar a los murciélagos, secar el musgo de las paredes y el olor de la humedad adosada a las paredes. Los carpinteros habían tomado medidas, y tardaría más si no hubiese madera de cedro ya seca. Solo contaba con una mesita, un banquito y un radio que al prenderlo solo escuchaba ruidos. Un radio con frecuencia modulada que vivía en la mudes. -¿Cómo sacarle al radio algo de musiquita? Buscaba algún alambre que sirviera de antena.
-¿Qué hace? estaba tan concentrado que me asusté. Lo miré, lo había visto platicar con mi vecina de enfrente.
– Soy el papa del niño que le ayudará. Cuando le di la mano para saludarlo, su piel era gruesa, áspera, callosa. 
– Tratando de hacer que el radio suene, le contesté. Se acomodó el sombrero de palma, tomo el radio.
– Ese alambre no le servirá, voy a casa y regreso. Le haremos una antena.
Diez minutos después regresó, con una agilidad de mono se trepó hasta colocarse en las vigas que sostenían el tejado, fijo un alambre de cobre de pared a pared e hizo bajar otro que lo conecto a la radio. Llegaron no cinco ni diez sino muchas estaciones que provenían de la ciudad de México. Supe también que él se dedicaba a aserrar los árboles y que me conseguiría madera de cedro ya seca a buen precio. Lo despedí afectuosamente.
Acostado, a la luz del quinqué, escuchaba la voz de Carlitos Gardel, como si él estuviese a mi lado. Llegaba la señal con una nitidez increíble, igual o mejor, y estaba a cuatrocientos kilómetros de ella.

indigena

 

Su ausencia

¡Qué bella es cuando la veo dormir! Su cabellera extendida es un río encrespado. Su pelo fulgura en la copa del cielo. Es mi señora y enriquece mis sentidos al jugar conmigo. Pero la congoja llega si ella se ausenta, y el silencio pesa como el enramado de un gigantesco árbol.

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Dolor

Por la mañana supe que el velador que años cuidó de mi casa había muerto. Un día antes llegó a mi portón y después de su pago, arrancó en su bicicleta. Ni él, ni yo oteamos la muerte. Me duele su muerte. Con un bate le quitaron sus recuerdos, su vida y el amor que tuvo a sus hijos. Él cuidó mucho tiempo de nuestros árboles, carros, tendederos y, también de nuestros hijos. Me duele porque no fui capaz de sentir la muerte y avisarle.

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Un Hombre de pueblo

Una mañana me desperté con un desagradable olor a patas o perro podrido y al salir a la puerta, veía como la gente al pasar sacaba sus pañuelos y se tapaba la nariz.
-¿Recuerda que le dije que aprendería el oficio de talabartero? Se ahogó una vaca y el patrón me regaló el cuero y lo estoy curtiendo. Lo que no sabía es que fuese apestar tanto.
-La carroña de un perro es un dulce olor, le dije.
Mi mujer me va a correr, ya no soporta el olor. Ya le dije que el otro cuero me lo llevo al monte.
Una semana después el olor fue desapareciendo. A él lo perdí de vista y cuando lo vi, venía con su carretilla llena de piedra.
-¿Vas a hacer otra casa?
-Ahora voy a hacer mi cuarto de trabajo. Mi mujer y yo nos andamos peleando por el espacio.
Tres meses después había levantado las paredes. El anexo lo ubicó pegado a la calle. En ese local fue que lo vi por última vez. Recuerdo que exhibía artículos de cuero relacionado con la charrería.
-Ya ve y nadie me enseñó. Me dijo con una sonrisa de satisfacción.
Para él, sus creaciones eran más importantes, que lo dado a la comunidad. Nunca me dijo que él fue factor para que su pueblo tuviese agua. El poder caciquil no lo dejó dirigir la presidencia municipal. Fue un líder nato, un compañero de a de veras, y un hombre preocupado por sus semejantes.

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La hechura de una casa

Lo vi un sábado por la tarde en la cantera, llevaba la carretilla llena de piedra que amontonaba frente a su casa de tarro. El domingo, día en que la gente bajaba de las rancherías hacia el pueblo, dejaban a su cuidado las bestias para que les cambiase el herraje. 
-El domingo gano dinero, estoy haciendo un ahorro para comprar cal y cemento. Va a ver, en menos de un año, si Dios quiere, haré mi casa.
En la vivienda de tarros y laminas de cartón vivía con su esposa, tres hijos, el padre senil, un hermano con su mujer y prole. En esa casa había crecido.
A las cinco de la mañana salía, y regresaba cuando los tordos buscaban el cobijo de las ceibas. Por la noche platicaba con sus vecinos o bien jugaban a la pelota donde incluían a los niños mayores.
Medio año después ya había levantado las paredes. Una casa de laja. Faltaban ventanas, puertas.
-Está chimuela. Ahorraré para comprar madera. Poco a poco iré armando.
Un día pasó el presidente municipal y le decía a su secretario.
-Mira este cabrón a quién se chingaría para hacer esta casa, ya casi está mejor que la mía. Anotalo para subirle el impuesto.
Días después supe que salió a media noche con el sargento, responsable de la partida militar, discutieron y el militar le tronó un balazo cerca del oído. “Conmigo y mis amigos, no se meta presidente, porque el otro disparo no será para que lo escuche”
Tres meses después me invitó a comer mole de guajolote para celebrar, por supuesto también estaba el sargento y su esposa.

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Viernes de bohemia

Visitaba a un buen amigo que tenía habilidad para tocar el piano. Nos reuníamos no más de cuatro. Los viernes eran para disfrutar con algo helado en la mano. ¡Qué fría cerveza!, y escuchar a Rachmaninoff y ya con dos litros de la amargosa venían episodios románticos con Agustín Lara. A la media noche parábamos y él decía “muchachos no hagan ruido, por favor más respeto para los cadáveres de vidrio”.

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Renoir

Las lavanderas del río

Llegaron al río las lavanderas con su chorcha de hijos. Ellas cargan la maleta de ropa más pesada y las crías, lo que pueden. Cada una tiene su lugar, piedras que el tiempo modeló como bateas y se sirven de ellas para tallar. Algunos varones, se fueron a su milpa y el resto a servirle al patrón para cuidar el ganado. La chamacada disfruta del agua que baja presurosa de la montaña. Los grandes cuidan a los chicos que se distraen viendo el ir y venir de los peces y gusarapos. Todo parece igual, los zopilotes dan vueltas en círculo, esperan el momento para caer sobre la carroña. una parvada de cotorros cruza el cielo gritando y posándose en  la arboleda que crece cerca de la cañada. La corriente corre sin prisa y su murmullo parece un rezo. Un sujeto con ropa de mezclilla y camiseta blanca es arrastrado por la fuerza del agua con la panza hacia arriba. Una de las mujeres se da cuenta, avisa a las demás, la joven nada hacia el cuerpo y regresa. No tienen porque preocuparse, el muerto no es del lugar, sino del algún pueblo de la serranía. Saben que más abajo el ahogado quedará varado entre las piedras, como es un paso obligado, otros lo sacarán y darán parte a la autoridad; que en este momento ya estará en la cantina de Don Julio, vacunándose contra el sopor de la tarde. Se despacha bien con una cerveza fría en la mano.

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El regalo

Hoy encontré en el mercado: cazuelas, jarros en miniatura y pregunté si tenía metates, que eran las licuadoras de antes, los arrieros iban de un pueblo a otro vendiendolos. Metates enanos, de juguete que regalaban a las niñas, para que supieran como molían las abuelas.  Me han dicho que no tienen, les he pedido que busquen por algún rincón de México. Vi en sus ojos, una promesa seria, así que esperaré, Prometí darle a una amiga niña ese obsequio. Han pasado meses y nada. Ahora en los mercados no encuentras el regalo hecho con la habilidad manual, sino fabricado en automático y con la monotonía del plástico.

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Metate

 

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Varones

 

Él Oía el parloteo de las mujeres.

  • Se deben de casar con un hombre mayor, ellos son maduros y saben como tratar a una mujer.
  • Jajaja Sarita estás en otro siglo, “los hombres nunca maduran”, cásate, júntate con el que te de la gana.

-¡¿Qué los hombres no maduramos Bah?! Estoy a punto de caer del árbol de la vida y no por estar verde, sino por ser un post maduro.

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La Gata

Es la única gata cuyo nombre es Gata. Así entiende. Por la mañana me sigue hacia la cocina, mientras tomo el café se enrosca en mi pierna y maúlla seco y breve. Como diciéndome » ¡A qué horas, me sirves! Al retornar a la casa, me espera en el portón, – ella reconoce el ronroneo del carro y corre a recibirme- En realidad no es que sea muy afectuosa, sucede que tiene hambre. Así que maúlla suave y prolongado, como expresando » ¡Joder, pero que tarde llegas!»
La gata tiene una historia de vida y muerte, tal vez en eso se parezca a mí, pues mi vida ha sido eso. No, no soy proclive a las armas. Sucede. Pasa porque la vida tiene sus misterios, y la verdad es un misterio que esté con vida; y lo mismo ha sucedido con ella.

gato.

Los tiempos han cambiado

Los tiempos han cambiado para mal; ayer jugábamos en la calle. Hoy no dejo salir a mi nieto . Carros a velocidad, cazadores de niños y, ofrecedores de droga. Él se enoja y me dice que ya es grande y yo, muevo la cabeza.
niña de juan serolla

El recuerdo de la primera novia

¿Quién no recuerda a la primera novia? ¿Qué se habrá hecho? ¿Estará feliz? ¿Me recordará? Mañana celebraríamos el día en que nos dimos el sí. Son cosas de chamaco, pero de vez en cuando me da por la fuga. Me despedí de ella hace tantos años, pero la memoria no entierra ni lo que besa, ni lo que muerde.
Renoir.muchacha

La aridez

La palmera se dobla por los vientos silbantes. De aquella primera caricia queda un latido torpe. Del asombro de los primeros meses es más ceniza que braza. La cotidianidad es un muro que cada día escala a lo profundo. Hay una mariposa dentro del pensamiento, tal vez renazca si deseas; ventanas que se abren en algunas noches y piden a la luna que vuelva.

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