Por la mañana supe que el velador que años cuidó de mi casa había muerto. Un día antes llegó a mi portón y después de su pago, arrancó en su bicicleta. Ni él, ni yo oteamos la muerte. Me duele su muerte. Con un bate le quitaron sus recuerdos, su vida y el amor que tuvo a sus hijos. Él cuidó mucho tiempo de nuestros árboles, carros, tendederos y, también de nuestros hijos. Me duele porque no fui capaz de sentir la muerte y avisarle.

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