La palmera se dobla por los vientos silbantes. De aquella primera caricia queda un latido torpe. Del asombro de los primeros meses es más ceniza que braza. La cotidianidad es un muro que cada día escala a lo profundo. Hay una mariposa dentro del pensamiento, tal vez renazca si deseas; ventanas que se abren en algunas noches y piden a la luna que vuelva.

paisaje desolación