Visitaba a un buen amigo que tenía habilidad para tocar el piano. Nos reuníamos no más de cuatro. Los viernes eran para disfrutar con algo helado en la mano. ¡Qué fría cerveza!, y escuchar a Rachmaninoff y ya con dos litros de la amargosa venían episodios románticos con Agustín Lara. A la media noche parábamos y él decía “muchachos no hagan ruido, por favor más respeto para los cadáveres de vidrio”.

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Renoir