Los tiempos han cambiado

Los tiempos han cambiado para mal; ayer jugábamos en la calle. Hoy no dejo salir a mi nieto . Carros a velocidad, cazadores de niños y, ofrecedores de droga. Él se enoja y me dice que ya es grande y yo, muevo la cabeza.
niña de juan serolla

El recuerdo de la primera novia

¿Quién no recuerda a la primera novia? ¿Qué se habrá hecho? ¿Estará feliz? ¿Me recordará? Mañana celebraríamos el día en que nos dimos el sí. Son cosas de chamaco, pero de vez en cuando me da por la fuga. Me despedí de ella hace tantos años, pero la memoria no entierra ni lo que besa, ni lo que muerde.
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La aridez

La palmera se dobla por los vientos silbantes. De aquella primera caricia queda un latido torpe. Del asombro de los primeros meses es más ceniza que braza. La cotidianidad es un muro que cada día escala a lo profundo. Hay una mariposa dentro del pensamiento, tal vez renazca si deseas; ventanas que se abren en algunas noches y piden a la luna que vuelva.

paisaje desolación

Frente al espejo

Esta mañana frente al espejo vi que en el fondo de mis ojos había gotas de colores que daban la impresión de ser estrellas.
Me sorprendí con temor. Después sonreí y recordé que la noche anterior mi piel fue rodeada por tu boca. ¿Qué habría de raro si mis ojos estuviesen soñandote?

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El faro

Pensé que había sido tuyo. En lo vasto de la mirada, bajo el sol, bajo las olas, En la siesta. Pensé en el silencio que hay bajo los puentes. ¡Nada es cierto! El silencio líquido se convirtió chillido de pájaros y alas en desbandada. Mis palabras navegan sin control, buscando el faro del puerto.

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Dolor de guitarra

Calló la guitarra-nadie escuchó el lamento- fue un golpe sordo a la garganta. Nadie lo imaginó; ni la suavidad de la madera, ni la tensión de las cuerdas.Nadie dijo nada, sólo la tristeza que salió cantando.

guitarra de manuela ramiro lopez

ManeuelaRamiro López

La palabra

Camino sobre el precipicio. Entiendo mis pasos lerdos. Abrí ventanas y deje al vuelo mis pensamientos para que tengan oportunidad de salir y ser. «Mis ojos arden y las letras se escabullen”. Encontré razón y vida en la palabra. Ella es corazón latiendo. Me hace lanzarla y me embelesa hacerla flor, cielo o mar.

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Un hombre de palabra

Antes de salir el sol, tomaba sus arreos y se presentaba con la cuadrilla, los separaban por parejas; observaba el mapa, identificaba su ruta. La ocupación era cargar una bomba con un químico que abatía el mosco en aquella zona palúdica. Rancherías alejadas, dispersas. Todo el día caminando, roseando las casas. Regresaba entrada la noche.
Cada día estás más flaco y pálido Celedonio.
Si, yo creo que me está haciendo mal el trabajo, pues, aunque no quiera respirarlo, el polvo se mete.
¿Qué polvo es?
En la caja de cartón duro con forma de botella dice D. D. T. y trae una calavera.
-Mejor salte, antes de que sea demasiado tarde.
La calle era un jolgorio de chamacos que jugaban en la calle, tras la pelota que iba de un lado para otro y el que pitaba era el buen Celedonio.
-Ya renuncié. Desde mañana estaré trabajando de vaquero. Había hecho buenos amigos con los compañeros del paludismo y gente que vive en los ranchos apreciaban el trabajo. No todos, otras se escondían.
-¿Esconderse? ¿por qué Celedonio?
-Dentro de la norma, todo aquel que haya presentado fiebre un mes antes o en el momento, se le tiene que pinchar con una lanceta y sacarle una gota de sangre que uno extiende en una laminilla de vidrio, según nos dijeron es para ver si la persona tiene o no paludismo. Se esconden para que no se les saque sangre. Unos por el dolor causado por la lanceta, otros dicen en que las gotas de sangre el gobierno las vende. ¿Usted cree?
Le desee suerte en su nuevo trabajo, seguramente tendríamos más tiempo para poder platicar, me parecía un buen amigo, lo saludaban con cariño y respeto. Un hombre de palabra, decían de él.
Movía la cabeza, y en un principio me reí de la burrada de los campesinos: “El gobierno quiere vender nuestra sangre” pero un segundo pensamiento me llevó a deducir que la desconfianza de ellos hacia las autoridades era inmensa. Después supe que veinte años antes había entrado el ejército y había masacrado a un pueblo vecino.

ranchería

Intimidades del género

En la noche me dolieron las rodillas y prometí no hacer el amor como si rezara. Mi mujer no lo sabe, se fue a un retiro con las beatas del pueblo.

mujer desnuda

La espera

El agua fría del pozo corrió sobre su espalda, no pudo evitar un resoplo. Con el baño se fueron los restos de un sueño inquieto. La mañana no abría. El resplandor de la luna le daba luz a la recámara de su madre; le dejó una fruta, la intención de besarla y un recado.
Contempló el patio con sus frutales. Por un instante, se vio jugando con sus hermanos, mientras su madre daba de comer al cerdo. Se fue. Sólo llevó la esperanza. 
Habían pasado dos años y la madre seguía con la manutención de la prole, pidiéndole a la virgen Morena por el hijo ausente y llevándole, cada quince días, una veladora al templo.
Golpeaba la ropa con furia, deseando sacar la tristeza; sólo conseguía endurecer el dolor. No podía sacarlo del recuerdo. Lavaba, a pesar del desaliento, humedeciendo de lágrimas la manga de su camisa. En la noche, rendida, lo veía entre sueños.

Una mañana, al despertar, encontró sobre la mesa rústica –al lado del rosario- su taza con leche y una nota. Supo que él estaba, que había vuelto cobijado por la oscuridad de la madrugada y fluyó su llanto; en el regato corría el dolor de dos años. ¡Sus ruegos no habían sido en vano! El cansancio lloviznó en su interior y la piel se hizo fresca, dentro fluía una esperanza realizada. El sueño cobró lo que ella le debía, tanto, que no pudo abrir los ojos, pero eso ya no le importó. Su hijo estaba en su recámara durmiendo.

madre de Gauguin

Gauguin

 

Cara a cara

Ella vive en un pueblo donde los varones son lampiños y las féminas de abultados pechos. Él, mora muy distante y los hombres son de pelo en pecho, con mujeres de escaso busto.
Después de meses de plática con el Messenger, se vieron en la pantalla. Ella escruta su pecho y él disfruta al verla con vestidos de profundos escotes.

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La gente se va

El paso de la yegua resonó en el empedrado del pueblo. Parecía que sus gentes dormían la siesta. Había una nube de silencio, señales de un pasado rico, construcciones sólidas, cuyas ventanas de cedro decolorado aún mantenían el vidrio astillado. La opulencia de sus años mozos se negaba a desaparecer. La maleza crecía en los jardines, las enredaderas; trepadoras indomables subían por las paredes de piedra. En los tejados, como tordos centinelas, se balanceaba uno que otro helecho. Las puertas cerradas, la madera quemada, retorcida. La iglesia mantenía su majestuosidad.  El pueblo había sido centro comercial de la vainilla, que cuando los precios internacionales bajaron. los importantes dejaron sus casas y se fueron a la capital. La gente que se quedó fueron niños, ancianos, mujeres. El. campo no da, las tierras no se estiran, cultivarlas requiere de asistencia técnica, abono y capital. La gente se va, unos porque nacieron para la aventura, pero la mayoría es para no morir de hambre

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Zozocolco 2014

Diario de una mujer 18

Me he visto caminar por la orilla del mar y meditar cada vez que el agua me besa los pies. Su inmensidad asombra, atemoriza; sobre el horizonte hay un barco de vela que se hunde con el sol. Me veo jugando sobre el pecho de mi padre, abrazándome; los ojos se abultan.Suspiro, camino, siento que su sombra me sigue y cuida. Como todos, he sufrido, reído; el equilibrio entre ambas es lo que me mantiene. Una ola llega, burbujea en mi piel, se va. Nada se queda. Me iré yo. Dejaré en el vuelo de las gaviotas mis quehaceres. Eso deseo, eso amo.

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