En el avión, de regreso a casa, pensaba en mi manera de ser. Me vi en el espejo, puedo ser tierna, compartida con las cosas que amo; asegurar que los pequeños detalles estén presentes, ellos son los que cubren de alegría nuestra vida. Es cierto que algunas veces escapo a mis tristezas, a mis enojos, dolores que toda mujer tiene; valoro una caricia en la mejilla, un roce de labios en la frente o un beso en la piel de mis senos. Atesoro caminar bajo un atardecer o refugiarme en los brazos de él, al escuchar el estallido de los truenos. Hoy, que ha pasado todo, puedo decir que el amor es esto; pero falta algo más, algo que no tiene nombre, que es inefable y que Salvador nunca tendrá.
La gente bailaba con la música de carnaval, lejos los rumores del río. Nosotros entregados en el abrazo y nuestras bocas reunidas. Beso sin tiempo que aún pulsa, permanece. Mi esposo vive.

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