“Siempre tuve la impresión de que un acto de infidelidad me dejaría con una sensación de vergüenza, con el sabor de haber masticado lo amargo de unas hojas, con un sentimiento sucio pegado en mi alma. Contigo las cosas tomaron un rumbo distinto; a tu lado sentí la suavidad de una pluma en mi cuerpo. Mi nombre fue hermoso en tu boca, tuve una sonrisa diferente. Nada tan tierno que verme en tus letras. En noches frías, tú sabías encenderme y despertar en mí a la mujer. Nada más cotidiano que vernos caminando por una banqueta del mundo, que tú cargas mis libros, y hurgo en tu costillar; que nos detenemos en cada esquina y contemplamos la gente que va, viene, corre porque el aguacero es inminente…”

paraguas dos