Sacudiendo la vivienda, tropiezo con un detalle. Los recuerdos son palomas sobre mi cabeza, que nunca van a ninguna parte, dan vueltas y vueltas; vuelven, van. ¡Nunca duermen! Siempre alertas para incitar lo que se fue.
He movido la cabeza. Y digo ¡basta! ¿Cuándo llegará el desapego? Por la tarde miro el horizonte, el mar, el ocaso; no hay una luna diferente, ni astro que sirva de señal.
El barco que espero tarda demasiado.
El mar gruñe al azotar la roca, si quitara el mar, la roca; seguiría oyendo los azotes del agua dentro de mí. El barco tarda, y el desapego no llega.

mar.2