El viento ronroneaba entre las plantas. La tarde calurosa enterraba su bochorno. Salía una luna papel bond, bajo el caimito me llenaba de inmensidad. Las ramas verdes parecían brazos caídos. Se cerraba un día, empezaba a ahorcarse entre el cuchicheo de las hojas. El sombreo de la tarde, la luna blanca destellaba el cobre en su fragua. A su lado fulgía Venus. Las ramas se mecían, yo sumido en el asiento que me vio de niño.

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