El enano

Dormía al lado de los bonsái… Soñaba que un ejercito de hombrecillos lo sujetaban con cuerdas, y lo herían con afiladas lanzas. Despertaba con madres y chingaos en la boca, y quitándose las hormigas.
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Depresión en el castillo

Todas las noches, por una razón que ignoro despierto y me levanto a caminar por los salones de la casa. Me he sorprendido mirando el cielo. Quizá sean los azahares los que avivan mi vigilia. No sé qué me pasa, cuando regreso, rumo con la idea de quemar mi futuro. Me digo: ¿para qué sirve?, ¿puedo vivir sin éste? Tiendo el lecho, lo golpeo para hacerlo confortable y antes de que salga el sol, cierro ruidosamente el ataúd.
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Sucesos del diluvio

La lluvia arreciaba. Eran los primeros días del diluvio y el arca bamboleaba a mitad del océano. Quedaban algunos promontorios visibles.Rachas de viento, olas coronadas de espuma se levantaban, cuando Noé salió a la cubierta sus oídos se llenaron de un bello canto que envolvía la nave. La sirena cantando le suplicó que le diera posada. La tibia luz enmarcó la perfección de sus pechos y la fina cintura que hacía resaltar la voluptuosidad de sus caderas. Le volvió a pedir refugio, invocando el nombre de Dios. Noé estuvo tentado a decirle que sí, pero recordó su hermoso y perturbador canto, las sinuosidades y redondeces de su cuerpo y la amenaza de los felinos que estarían tras ella. Ya se retiraba sollozando, cuando Noé le gritó: “¡detente!, cerrando los ojos la recorrió con sus manos y poco después la agregó en el mascarón de proa.

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Tu nombre

Tu nombre tiene un vasto silencio a mi lado ¡ay de mí si lo rompiese! Tendría que vivir contigo como un árbol que permanece mil años en la montaña ofreciendo flores al viento

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Música en el río

El río recuerda a las lavanderas, gustaba de verlas cada semana en sus orillas, llevando la chorcha de hijos. El splash splash, de cada una de ellas hacia coro y se untaba a los rumores que él traía. Algunas veces la brisa se colaba entre los sauces llorones, silbaba y detenía su respiración, abriéndole las puertas al silencio.
y el río complacía a la bóveda del cielo entregándole su música que animaban a la alegría, o bien a la nostalgia que la vida conlleva.

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La soledad del almendro

Me conmueve mirarlo sin hojas. Arriba hay un cielo borroneado y el agua finita y fría duele, como si las gotas trajesen espinas. Es una tarde entintada de sepia que estremece mis huesos. Los truenos son pisadas que se acercan. La luz apenas se unta en la frontera lejana y en los bordes de los árboles; me envuelve a cada paso la congoja y me aterra el relámpago que ilumina el almendro y lo exhibe, como una radiografía, en su precariedad.

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Concordancias

Ella vive en un pueblo donde los varones son lampiños, y las féminas de senos generosos. Él habita en un pueblo distante, y los hombres son de pelo en pecho; con mujeres de escaso busto.
Después de los correos, pasaron al Messenger, se vieron en la pantalla. Los ojos de ella escrutaron su pecho y él disfruta verla con vestidos de profundos escotes.

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El enano

Se acostaba al lado de los bonsái… y veía que de las naves salía un ejercito de hombrecillos que lo sujetaban con cuerdas y lo herían con afiladas lanzas. Despertaba con madres y chingaos y quitándose las hormigas.

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Juego de máscaras

Destrabo la mandíbula y a punto de engullirse al ave, ésta levantó el vuelo llevándose la víbora, hacia los cielos.

La fiebre de la oveja loca

—¿Cómo desea su corte de pelo?
— Un estilo ajedrez —ordenó la oveja— sacudía su melena y le guiñaba un ojo  al estilista.
Ya peluqueada se atrevió con los equinos y con descaro coqueteo con ellos…, desesperada por no turbar a los caballos, tomó su bolsa y fue en busca del perro ovejero, que al verla movió la cola y rasco con entusiasmo el pasto.

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Cazador cazado o no sabes por donde saltará la liebre.

El cazador le saltó la liebre por donde menos esperaba y por reflejo accionó el gatillo. Ocho horas después salía del hospital en una silla de ruedas. Pos-operatorio complicado, días más, egresó de nuevo, ahora con dirección al anfiteatro. En la fría soledad, con el cuerpo arqueado, y una sonrisa sardónica vio de reojo a, la mierda de la liebre, acariciada por una mano larga y huesuda.

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El viaje

El tren sube a la montaña. Quedaron atrás los pastizales, las vacas amontonadas bajo la sombra de los cedros.
Parda tarde que se refleja en la pereza del río. En las ramas de la imponente ceiba, las aves arman su alboroto y poco después, el silencioso brillo de las luciérnagas, Dicen que entre las cuevas de la montaña viven los espantos, otros en los desfiladeros. Lo cierto es que de esos vericuetos, salen en bandada los murciélagos a su festín de frutas e insectos.
En las tierras que habito nunca ha pasado nada y nada pasará y si pasa, siempre diremos que no pasó nada.
La máquina asmática del tren puja en la cuesta, fuera, vive el vacío en los profundos desfiladeros, Algunas veces, en un silencio se escuchan golpes de agua, corrientes furiosas, remolinos que se atragantan de grandes árboles. Por un ojo de ventana llega el reflejo de un cielo hermoso y entre las ramas de los pinares el canto del pájaro de cuatrocientas voces. Ha llegado el tren a la cima y poco a poco van quedando atrás las sombras. La alborada nos ha pintado de rosa y a lo lejos, saliendo del horizonte, el sol tibio despierta el griterío de las urracas.
Algún día no escucharemos a las urracas y tampoco pasará nada.

 

tren.

De insomnios

Aquellas noches largas e insomnes han quedado atrás. Acepto que la relación es un tren en fuga, Comprendo mejor al niño que llora cuando ve partir el globo hacia el espacio. Doblo la cabeza, cierro los ojos, y entiendo que lo que inicia, termina. Duele con la pesadez de una loza, mas pasará como todos los dolores que nos invaden. Al fin y al cabo, el mazo de la vida me dice que algo debo de pagar por los encuentros felices que me diste. La óptica es diferente, tal vez para ti, sólo sea el prólogo de una libertad deseada. No lo sé.

nublado

Lejanía

La cortina era agitada por la brisa y tu pelo lacio danzaba en mi pecho. Reflejaban tus pupilas una lejanía cercana al paraíso. Por un instante el golpe de nuestros cuerpos parecía coincidir con las avalanchas de agua sobre las rocas. En medio de las sibilancias, el sudor se abría paso. Mis ojos te decían que en la pre historia de mis años solo estabas tú. Desperté sin ti; nadie dijo nada. Las olas  seguían rompiéndose en el risco.

marina y tortuga

El horror*

No era chef, pero a decir de la mafia era excelente haciendo pozole
  • Los que no radiquen en México, es complicado entender la brevedad anterior. La palabra pozole, se refiere a un guisado típico de la cocina mexicana; en el argot del crimen organizado, el pozolero,  es el sujeto que hace desaparecer el cadáver mediante ácidos.

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