La cortina era agitada por la brisa y tu pelo lacio danzaba en mi pecho. Reflejaban tus pupilas una lejanía cercana al paraíso. Por un instante el golpe de nuestros cuerpos parecía coincidir con las avalanchas de agua sobre las rocas. En medio de las sibilancias, el sudor se abría paso. Mis ojos te decían que en la pre historia de mis años solo estabas tú. Desperté sin ti; nadie dijo nada. Las olas  seguían rompiéndose en el risco.

marina y tortuga