—¿Cómo desea su corte de pelo?
— Un estilo ajedrez —ordenó la oveja— sacudía su melena y le guiñaba un ojo  al estilista.
Ya peluqueada se atrevió con los equinos y con descaro coqueteo con ellos…, desesperada por no turbar a los caballos, tomó su bolsa y fue en busca del perro ovejero, que al verla movió la cola y rasco con entusiasmo el pasto.

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