El viaje

El tren sube a la montaña. Quedaron atrás los pastizales, las vacas amontonadas bajo la sombra de los cedros.
Parda tarde que se refleja en la pereza del río. En las ramas de la imponente ceiba, las aves arman su alboroto y poco después, el silencioso brillo de las luciérnagas, Dicen que entre las cuevas de la montaña viven los espantos, otros en los desfiladeros. Lo cierto es que de esos vericuetos, salen en bandada los murciélagos a su festín de frutas e insectos.
En las tierras que habito nunca ha pasado nada y nada pasará y si pasa, siempre diremos que no pasó nada.
La máquina asmática del tren puja en la cuesta, fuera, vive el vacío en los profundos desfiladeros, Algunas veces, en un silencio se escuchan golpes de agua, corrientes furiosas, remolinos que se atragantan de grandes árboles. Por un ojo de ventana llega el reflejo de un cielo hermoso y entre las ramas de los pinares el canto del pájaro de cuatrocientas voces. Ha llegado el tren a la cima y poco a poco van quedando atrás las sombras. La alborada nos ha pintado de rosa y a lo lejos, saliendo del horizonte, el sol tibio despierta el griterío de las urracas.
Algún día no escucharemos a las urracas y tampoco pasará nada.

 

tren.

De insomnios

Aquellas noches largas e insomnes han quedado atrás. Acepto que la relación es un tren en fuga, Comprendo mejor al niño que llora cuando ve partir el globo hacia el espacio. Doblo la cabeza, cierro los ojos, y entiendo que lo que inicia, termina. Duele con la pesadez de una loza, mas pasará como todos los dolores que nos invaden. Al fin y al cabo, el mazo de la vida me dice que algo debo de pagar por los encuentros felices que me diste. La óptica es diferente, tal vez para ti, sólo sea el prólogo de una libertad deseada. No lo sé.

nublado

Lejanía

La cortina era agitada por la brisa y tu pelo lacio danzaba en mi pecho. Reflejaban tus pupilas una lejanía cercana al paraíso. Por un instante el golpe de nuestros cuerpos parecía coincidir con las avalanchas de agua sobre las rocas. En medio de las sibilancias, el sudor se abría paso. Mis ojos te decían que en la pre historia de mis años solo estabas tú. Desperté sin ti; nadie dijo nada. Las olas  seguían rompiéndose en el risco.

marina y tortuga

El horror*

No era chef, pero a decir de la mafia era excelente haciendo pozole
  • Los que no radiquen en México, es complicado entender la brevedad anterior. La palabra pozole, se refiere a un guisado típico de la cocina mexicana; en el argot del crimen organizado, el pozolero,  es el sujeto que hace desaparecer el cadáver mediante ácidos.

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El paisaje

Tiene algunas semanas que llegué a este pueblo, nada fácil, por tierra hay que cruzar un río y luego tomar el camino real y subir de a pocas hasta llegar a la mitad del cerro que es donde se asentaron los primeros en llegar, ¿quién los habrá guiado hasta este lugar?, no se, pero según he leído, muchos de estos pueblos, buscaron la sierra para escapar de la dominación española. Es un pueblo con abundante población aborigen, aún conservan su vestido, muchas de sus costumbres, sus alimentos y su lengua. Cada que puedo vengo a la iglesia, que es el sitio donde mejor se complace la mirada.  Es una tarde soleada, y desde el atrio se miran las curvas que da el río bordeando los sembradíos y los potreros. Algunas manchas que está en acahuales o bien pedacitos de selva que la codicia ha respetado. Cientos de miles de ojos habrán mirado lo que miro, pero seguramente, había otro paisaje. Enormes árboles de ceiba;  cedro, caoba, frutales y las enredaderas que van de árbol en árbol enseñando sus flores al cielo. Penumbra de selva, calor de selva y la estridencia de los tordos o de los cotorros volando de una rama a otra. Ahora, eso es suposición, lo que veo es una tierra cuadriculada, pelona, con vacas que se alimentan del pasto sembrado por el vaquero. Los pequeños cuadrados cercados con alambre de púas y que obstruyen el camino. Claro que hay madera, es tan grandiosa la vida que la codicia no la ha terminado de talar; por supuesto que al final la codicia se terminará por imponer. Más allá de la mirada, pasando dos o tres veces el río, están las grandes ciudades, de allá vine. Este silencio, la brisa que me despeina, el olor a pan recién hecho y estar contemplando los cientos de caminos que van y vienen me convida a permanecer.

sabana

La irreverencia

Levantarse temprano, sin que aclare el día, es para masoquistas. Eso pensaba al vestirme meticulosamente de blanco y tomando apresuradamente café con algún bizcocho. Apenas abría la mañana y las avenidas lucían solitarias, uno que otro despistado se cruzaba. Aún, en fila tenía algunos bostezos. Antes de llegar al hospital, me detuve. Es un crucero peligroso, por ser el paso obligado de las ambulancias. El día se había despintado y el cielo azul emergía, me dije, habrá un sol de poca madre y recién terminaba de soltar con el pensamiento la posible realidad, cuando, salió de alguna fisura un relámpago haciendo un zigzag iridiscente. Me salpicó de un verde naranjo y un amarillo crisantemo. Arriba estaba el desmadre, caían en avalancha gritos estridentes que rompían la quietud. Parecido al que se escucha, cuando se cae toda la vajilla del trastero. Un instante glorioso; admirar el vuelo de los cotorros, serpentinas tornasoladas, borrachos de vida, sin respetar el rojo de los semáforos, ni el silencio obligatorio de los hospitales.
Sonriente, atendí a los enfermos.

parvada

 

Tan joven que eras

Sale luz brillante de la lámpara, escucho, “sólo miraras puntitos de colores”.
Llegué a tres y no supe. la náusea brinca bajo la lengua. Tengo frío, frío intenso, dentro. A dos camillas de la mía, una niña se queja. Con señas hice que la enfermera me auxiliara. Me cubre con una frazada y deja un riñón de acero por si vomito. Muevo manos, pies y siento. “es ganancia,” —me dije. Oí del residente, que fueron casi cinco horas de cirugía de espalda. Dormito, sueño, o no sé; despierto e intento arquear. La niña se queja y, me duele. “solo tiene diez años”, escucho otra voz. —Díganle a su médico.
Soy más anciano que mi padre, me duele serlo; dolor íntimo, petrificado. Padre, si hubieses llegado a mi edad tendrías la canasta llena de olores, de mañanas verdes repletas de pan. Cargo piedras que ruedan sobre mi espalda herida. Dolor que hace bolas o se estira; es tan pequeño, como inmenso fue el tuyo. Nada comparado con tu sufrimiento. Tan joven que eras el día que te fuiste y yo tan viejo, y estoy.

reanimacion

Un día, la niña y el gato

Todos los días el campanero llega muy temprano a la iglesia y anuncia el llamado a misa. Son las mismas beatas, el mismo cura que no para, desde hace cuarenta años. A esa hora, el aroma a pan inunda la calles torcidas y empedradas del pueblo. Nada pasa. Transcurre la vida con lluvia y neblina que desciende de la montaña. Es una tierra cansada, los perones que han enraizado tienen sus ramas viejas y huesudas. Este día, la niebla baja a ras de la tierra. Parece una serpiente que sube enroscándose al tallo del árbol. Muy cerca, hay una ventana, detrás de la ventana, una niña hace dibujos en el vidrio. Ha puesto su mirada en el humo frío que arremeda el deslizar de la boa. Tras de ella, un felino acecha y con la zarpa ataca. Ella se carcajea por la torpeza del gato que se pierde entre los zacatales. El sol tierno palmea al viento y el humo de agua, poco a poco desaparece.

niebla.

Definición

Las pitahayas son muñequitas gordas, pecosas, con su falda rosa mexicano, que al bailar, mueven sus olanes.

pitahaya

El río y la moto

La carretera se pierde en la lejanía, Detrás, escucho el motor, que en instantes se hace ruidoso y pasa a mi lado. Es una motocicleta que en segundos se vuelve diminuta. Cuando corro, el sol cae sobre la espalda y mi sombra se inclina sobre la lengua gris del asfalto. Estoy en el pico del cerro, con un charco de sudor en la cabeza. Desde aquí, puedo tomar las nubes con la mirada, los árboles parecen arbustos. Casi podría lavarme la cara con el agua del rio. El río que corre abajo y parte los cerros. Hay un cielo con un azul transparente, sin nubes. Tengo mi garganta seca y la lengua pastosa y el sudor hace regatos por las mejillas. Mi sudor es lluvia y fluye. La moto viene de regreso y el rio se dobla y estira como una sierpe manchada de espejos.

rio amazonas

Vives en dos mundos

 

piernas

foto del google

No estés triste, vives en dos mundos. Soy el de la noche que se
desliza por tus pestañas y después rodea tus muslos.

 

Tu no cumpleaños

Las horas son peones, cada veinticuatro horas se levantan antes que el sol. Hoy es especial; es la fiesta de tu no cumpleaños. Avivemos la mirada cuando se prenda el fuego lunar.  Mientras,  tu sonrisa corre y el conejo reposa, tomaremos el te en los hombros de la montaña y despertemos a las flores de la hierba.

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La danza

Motiva y me da alegría que mi labor poética se extienda en el blog de «piedra y nido» de la escritora argentina Patricia Nasselo. Aquí el enlace: http://piedraynido.blogspot.com/search/label/Rubén%20García%20García?fbclid=IwAR2wDynxOB5onOMsiV9bHa-CvdhZLfOvxWkJMmIjZwt631EVd_1JF3N7WbI

aguacero

¿ Lo han visto?

El silencio se astillaba antes del canto de los gallos. Escuchaba el paso continuo de las bestias, aún de que me cubriera con la almohada. El ¡oh bestia, oh! de los arrieros. Mi casa recogía el eco de los cascos y los gritos de los comerciantes que venían tanto de la costa como de la montaña. Mañana es tiempo de plaza y llegarán de las rancherías, unos a vender, otros a comprar; y otros por el placer de encontrar viejos amigos, un pariente distante, o bien una madre que pregunta por su hijo y trae en las manos una vieja fotografía en blanco y negro. las autoridades y comisariados de tierras siempre tienen puntos en común: la de atender a las personas que solicita un servicio. La madre de la foto, no se cansa de recibir la misma respuesta: “no lo conocemos”, “no lo hemos visto”, ”¿ya preguntó al señor de la tienda?, López, gusta de calzar ese día, su traje de charro y traer el mejor caballo, atrás cabalga su esposa, lleva pulseras y aretes que hacen juego con el vestido. Alrededor del mediodía, la cantina principal está cerrada, solo se permite el ingreso a gente conocida por el presidente municipal o por el hermano que es quien facilita la entrada a los principales. Dentro, platican, se ríen y toman su cerveza, Aunque la energía eléctrica tiene dos meses que entró en funciones, todos la ingieren sin refrigerar. Refieren que el frío le mata el sabor y levantan la botella. En algunos la espuma no es contenida y resbala hasta el cuello causando risa y siendo objeto de bromas.
Se coló y cuando se dieron cuenta estaba en el centro de la reunión enseñando la foto gastada “Este es mi hijo por estos días estaría por cumplir los cuarenta años”
—¿Lo han visto?, ¿lo han visto? … .

foto de un hijo

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