Todos los días el campanero llega muy temprano a la iglesia y anuncia el llamado a misa. Son las mismas beatas, el mismo cura que no para, desde hace cuarenta años. A esa hora, el aroma a pan inunda la calles torcidas y empedradas del pueblo. Nada pasa. Transcurre la vida con lluvia y neblina que desciende de la montaña. Es una tierra cansada, los perones que han enraizado tienen sus ramas viejas y huesudas. Este día, la niebla baja a ras de la tierra. Parece una serpiente que sube enroscándose al tallo del árbol. Muy cerca, hay una ventana, detrás de la ventana, una niña hace dibujos en el vidrio. Ha puesto su mirada en el humo frío que arremeda el deslizar de la boa. Tras de ella, un felino acecha y con la zarpa ataca. Ella se carcajea por la torpeza del gato que se pierde entre los zacatales. El sol tierno palmea al viento y el humo de agua, poco a poco desaparece.

niebla.