Aberración de Rubén García García

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Intrigado por un libro escrito en el siglo XIX, cuya edición fue la primera y la única, por ser prohibido. Motivado por el título que según pude traducir como aberración, cuenta historias que sorprende o que es difícil de creer. … regresaba acompañado de Cherri al estudio de pintura que tengo en el último piso de un viejo edificio. El área con suficiente luz y los convivientes no teníamos contacto. Tocamos varias veces, en la idea que Marce nos abriría. Ambas me sirven de modelo. Ambas son mis amantes. Nos llevamos bien los tres. Ella es la bromista del grupo. Saqué mis llaves y entramos, pensé que tal vez estaría en el baño, pero la sorpresa nos quitó el resuello, de una de las vigas aún se balanceaba. Con rapidez rompí la cuerda, la bajamos. La muerte ya había hecho de las suyas Imaginé que la decisión la había tomado de improviso, pues solo cubría su cuerpo una batita transparente que le regalé. Desde que la vi, supe que era para ella, vérsela era sentirme fauno. La vi y pasaron por mi mente las locuras que hacíamos. Cuando ella se ponía la bata me decía, quiero. Ahora tiene la bata… Cherri vio el bulto en mi pantalón. Bajó su mano y comenzó a frotar, al besarme me susurró, la muerte me excita. No le contesté y nos emparejamos teniendo al lado a Marce, que nos miraba con los ojos inmóviles y la lengua de fuera.

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Día de asueto de Rubén García García

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Pasé el peine sobre mi testa y salí para conocer el centro del pueblo. “no confíes en lo que veas” escuché la voz detrás del espejo. Me reí, la mañana era tibia, un sol abierto iluminaba las cortinas de la ventana. Guayabera de manga larga, pantalón de fina lana. A dos cuadras el cielo se volvió negro y las nubes vomitaban agua. Regresé ensopado y mis zapatos de tela parecían dos fuentecitas de juguete. Para llegar crucé con un sujeto que me saludó y dijo para sí, “lindo día”.

Cuetzalan, mágico por excelencia

Siempre hay uno de Rubén García García

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La abuela, ahora con la pandemia, es un río de rezos. Pide por sus padres, sus hijos y nietos. Hay un tal padre Rentería, que estuvo en Comala, y ora día y noche para ser perdonado. Entre los dos desordenan mi silencio y me niegan el eterno descanso. Noviembre es de lo peor, el martirio de escuchar las plegarias de los vivos e impregnarse del aroma de las flores muertas es insoportable.

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Si facilitas la adaptación te haces menos daño

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llueve, es media noche, los limpiadores a punto de rendirse. oía dentro: busca donde refugiarte, busca, busca. “metete a la derecha, hay un viejo pueblo minero” diez minutos después se encontraba en el sitio. Encontró a esas horas una señora que vendía café y antojitos. “son garnachas” pidió café y una orden que comió con gula. Miró la calle, las casas, y si pudo apreciarlas fue gracias al relampagueo. <La gente duerme, por eso no se ven luces>. “Tengo atole” ¿eso qué es? una bebida hecha de maíz azul, endulzada con panela y si desea agregarle pinole, es una delicia. Eso dice mi mamá, que a todo le echa pinole. La vio de reojo y por lo menos tenía sus ochenta años. ¿Vive su madre? No ya no, ella ya es difunta, pero cuando me distraigo el pinole desaparece, pero como conozco donde lo esconde, fácilmente lo encuentro. ¡Qué ricas están las… garnachas! Sí, este pueblo durante muchos años vivió de los camioneros hambrientos, pero hicieron la autopista y el pueblo se murió de hambre. Imagínese que algunos ya no alcanzaron a irse, solo se fueron secando con sus recuerdos y el que quedaba vivo lo echaba al fondo de algún pozo minero. Yo quedé en el que se encuentra frente a la iglesia, fui de las afortunadas. El sujeto grito para dentro: ¿A dónde madres me has traído” ¿Que dice señor? nada, nada, ¿está arrepentido de haber llegado? no se preocupe ya se acostumbrará, todos los que han llegado por aquí, les cuesta trabajo…

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El agravio de Rubén García García

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Vivo en los hombros de una colina, a un lado hay un camino que es paso de quien vive en lo alto. A todos los conozco, porque he sido buena persona con ellos, me ponen al tanto de las noticias del pueblo y de lo que pasa a los alrededores. Ayer platiqué con Artemio y me informó que habían llegado varios extranjeros. Uno de ellos vestía con calzón blanco y un cinturón de grecas. Entendí el mensaje. Por la tarde daría con mi casa. Ya no era el tiempo de correr. cansado, preferí de una buena vez afrontar el agravio de cuando él era un púber y yo un joven impetuoso. Vi como abría la puerta. Un tope hizo que tardara en girar el picaporte. Lo recibí acostado, senil y reumático. Él se encontraba en una joven ancianidad. Su pelo ralo y cano no correspondía con la manera de caminar. Tomó una silla y la acomodó a un lado de la cama. ¡No sabes cuánto soñé con este momento!. El cómo vengar el agravio que me hiciste frente a la etnia. Me avergonzaste y fue una dura loza con la que tuve que cargar. Al tiempo que sacaba una daga curvada con cacha de cuero y plata. Es inútil que trates de justificarte. Me daría rabia que trataras de decirme que te perdone por compasión, por tu edad. Pensé en darte una tarascada en el cuello, y he cambiado de parecer, penetraré la daga hasta dentro y la moveré de un lado a otro, así te desangraras. En la entrada del puñal pondré una cinta que evite te vacíes y manches la blancura de tu cama. ¿Pero tú te recuerdas de lo que hice? yo no, mira que los años nos van borrando de la memoria. El huracán del tiempo se lleva desde la basura hasta una alfombra persa. Trataba de armar una plática, calculaba que el veneno que puse en el picaporte no tardaría en hacer efecto, la posibilidad de que yo muriese era mucha, y la de él era segura. Si en cinco minutos él se regodeaba en sus palabras, con seguridad caería antes de herirme. Saco la daga, la vio de uno y otro lado y dijo a tu muerte tendrás mi perdón. Levantó el brazo y el dolor profundo y plateado hurgaba cerca de mi columna. la último que vi, fue la mueca que sustituyo a su sonrisa.

Del despertador salía la quinta de Beethoven y una voz sensual “ya es de día, ya es de día.En el comedor me pregunté ¿y si llegara?

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La gata de Rubén García García

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Ella es la gata, la que solo entendía por gata. La que reconocía el ronroneo del carro y me esperaba son sus maullidos reclamándome el porqué llegaba tan tarde. La que se permitía dormir en mi sillón sabiendo que al llegar le haría piojito en su cabeza. Vivimos muchas aventuras, la tuve que matar con ayuda, con dolor, era imposible reducir el tumor que le salió en su columna. Descansa en paz Gata.

Puede ser una imagen de gato

El Tato de Rubén García García

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Aprisioné al Tato para que no se fugara. Su paseo nocturno sobre el filo de la barda es su escape a la vida silvestre. Cerré, se percibía como la puerta vibraba y por instantes ese algo que te mira y silba. Me retiraba con un cabo de vela, pero escuché un maullido lastimero y golpes a la puerta. La abrí y era el Tato perseguido por el griterío de los viento «No que muy sacalepunta cabrón».

El gato negro | El Diario del Centro del País

El mascarón de proa de Rubén García García

Noé era un domador fuera de serie, por ese látigo de dios, le fue posible reunir a las parejas de animales en la barca. En la cubierta se atusaba la barba cuando escuchó el canto de una sirena. Gracias al relámpago la vío y no evitó un deseo adolescente. Llegaba sola, y era razón para rechazarla, sin embargo, a escondidas la cargo entre sus brazos. Mientras se quitaba las escamas de la barba, ella abría las aguas con la majestuosidad de sus pechos.

Sobrebondad de Rubén García García

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Llegaste como aguacero en un día soleado. De las hierbas del páramo volaron mariposas, la tierra dura se ablandó y brincaron los sapos enlodados de tiempo. La llamarada se encendió. Te fuiste, cuando sonreía. Dentro, quedó un vientecillo renuente, aire fresco que desconoce el horario y que en días pluviosos ofrece un crepúsculo, café y nostalgia. No entiendo la bondad de tu corazón ¿Por qué tenías que irte con otro más desafortunado?

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Teodoro Cano

Te lo dije de Rubén García García

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Despacio entró a la cueva, solo oscuridad, algún rumor de agua, muy lejos percibía algún gemido. Todo cesó y en avalancha lo atropelló el silencio, fue un instante. En las tripas parecía tener una carrera de autos y empezó a inflarse. «algo te hizo daño» pareció escuchar la voz de su esposa. » fue la crema de vainilla» Creyó asentir con la cabeza y luego llegó la nada.

«Nunca me hacía caso, se carcajeaba cuando le dije que lo iba a matar» platicaba la mujer consigo misma, mientras repartía licor de frutas en el novenario.

muerte

Hay que aprovechar el agua de Rubén García García

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Bajo la tierra los sapos sueñan con la lluvia. El cielo arde, y el río es un lienzo de piedras. Sólo hay sol.De la noche a la mañana, el día rompe ruidoso. Sin que nadie lo predijese, con la ausencia de los santos, el agua despertó a los tambores del tejado. La gente salió a bailar bajo el torrente. A los ancianos los pusieron bajo la chorrera y más de alguno pataleo. Días después los sembrarían bajo un sol amodorrado.

Dejas bañar a tus hijos en la lluvia? Piénsalo dos veces

Como el agua

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Disparo con la cerbatana, se rompe el foco y la luz se derrama hasta que inunda el cuarto. Me ahogué de corpúsculos y cada vez que toso ilumino como luciérnaga ávida. Comprendí que la luz es como el agua.

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El almendro de Rubén García García

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Hay un cielo borroneado. En el manto oscuro se ven conglomerados de grises, algunos llegan a ser blancos. ¿lloverá?, ¿será un crepúsculo? Creo escuchar los truenos en una lejanía cercana. La luz refleja a un árbol sin hojas y hoscos nudos. Me envuelve la congoja y recuerdo aquel relámpago que iluminó el almendro denudo. Muy serio escuché la voz docta que decía: requiere intubación, su oxigenación está en el límite. A mamá y a mí nos llevaron al laboratorio. Mi papá se quedó solo.

De secuelas nadie sabe; después del virus ¿cómo se vive? - El Sol de San  Luis | Noticias Locales, Policiacas, sobre México, San Luis Potosí y el  Mundo

Gulliver de Rubén García García

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El trabajo es inmenso para él, que para los demás, sin fuerza para llegar a su casa el enano se quedó dormido bajo la sombra de la limonaria… salieron de la playa cercana cientos de hombrecitos que lo sujetaban con cuerdas, los más agresivos habían tendido lianas sobre su cuello y daban vuelta al tornillo. El tormento cruel se lo proporcionaban cientos que con sus lanzas agujereaban la totalidad de su piel. A punto de sucumbir tuvo fuerza para mentar madres y chingaos y quitarse las hormigas rojizas que seguían aferradas a la piel de sus nalgas y de su espalda.

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Un día de verano de Rubén García García

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Hay pelotas de neblina rodando de cerro en cerro. En el imaginario meteorológico presumen que el sol se pondrá bravo después de la media mañana y atormentará a la flor de la limonaria. Los perros a vuelta y media se echarán debajo de los carros. y el silencio y la siesta dormitaran juntos. Despertaran cuando el bochorno cruce la pierna, fume su puro y trastabillando agarre camino. Los grillos saldrán de la maleza y brincarán para cualquier parte.

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