Sendero
Disparo con la cerbatana, se rompe el foco y la luz se derrama hasta que inunda el cuarto. Me ahogué de corpúsculos y cada vez que toso ilumino como luciérnaga ávida. Comprendí que la luz es como el agua.

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En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
Sendero
Disparo con la cerbatana, se rompe el foco y la luz se derrama hasta que inunda el cuarto. Me ahogué de corpúsculos y cada vez que toso ilumino como luciérnaga ávida. Comprendí que la luz es como el agua.

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Hay un cielo borroneado. En el manto oscuro se ven conglomerados de grises, algunos llegan a ser blancos. ¿lloverá?, ¿será un crepúsculo? Creo escuchar los truenos en una lejanía cercana. La luz refleja a un árbol sin hojas y hoscos nudos. Me envuelve la congoja y recuerdo aquel relámpago que iluminó el almendro denudo. Muy serio escuché la voz docta que decía: requiere intubación, su oxigenación está en el límite. A mamá y a mí nos llevaron al laboratorio. Mi papá se quedó solo.

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El trabajo es inmenso para él, que para los demás, sin fuerza para llegar a su casa el enano se quedó dormido bajo la sombra de la limonaria… salieron de la playa cercana cientos de hombrecitos que lo sujetaban con cuerdas, los más agresivos habían tendido lianas sobre su cuello y daban vuelta al tornillo. El tormento cruel se lo proporcionaban cientos que con sus lanzas agujereaban la totalidad de su piel. A punto de sucumbir tuvo fuerza para mentar madres y chingaos y quitarse las hormigas rojizas que seguían aferradas a la piel de sus nalgas y de su espalda.

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Hay pelotas de neblina rodando de cerro en cerro. En el imaginario meteorológico presumen que el sol se pondrá bravo después de la media mañana y atormentará a la flor de la limonaria. Los perros a vuelta y media se echarán debajo de los carros. y el silencio y la siesta dormitaran juntos. Despertaran cuando el bochorno cruce la pierna, fume su puro y trastabillando agarre camino. Los grillos saldrán de la maleza y brincarán para cualquier parte.

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Nada es perfecto, se dijo.

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En la cima hice una pila de los poemas. Allí corría el agua, el rubí sobre la espuma, el collar de semillas, la noche y su murmurar. Los besos de juventud se elevaron antes de que el fuego Los dispersara. Ardió y en unos minutos mi vida se hizo humo. Bajé con un siglo de edad, pero dispuesto a sonreír por la llegada de las garzas.

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¡Se viene el agua!, se viene el agua. “¡metan la ropa!», metan la ropa. Llegó rauda con sus gotas gordas. No dio tiempo de nada y las señoras encabronadas le mientan la madre. En el campo, el maíz baila y silba con el viento.

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Ayer pasó con bastón y morral el vidente Tiresias. Me dio un manojo de hierbas. Me abrazó. “buen viaje”, me dijo. Un mes después, llegué al inframundo. Los perros me ignoraron y Caronte me dio luz verde. La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas y una mantilla inmovilicé su cuello. Poco antes de la salida escuchamos ¡A dónde vas! y por reflejo quiso voltear, y no pudo. La empujé hacia la salida y corrimos hasta ver el día. Ella florecía en lágrimas y sonrisas al abrazarse con sus hijos.

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Solicito mujer joven, de buena presencia con tarjeta de vacunación completa. Horario, de preferencia en la noche, pero puede ser en las mañanas o un fin de semana. Se requiere incrementar la libido a esposo deprimido. Si la respuesta es favorable, ocuparé su lugar. Puede quedarse si desea. Discreción absoluta. Sueldo a tratar. Telf…

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Narraba el escritor la muerte del primer actor de su novela, cuando la amante del sujeto protagónico disparó, no permitiría que la dejara a medias como el insípido de su esposo.

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Me sorprendí al no percibir el olor del café. Que el cuadro familiar fuese solo una mancha y los pormenores de su visita a mi departamento se hayan trastocado. Recordé súbitamente que ella al mencionar nuestras vivencias las refería en pasado. Miré el algodón de la camiseta que me obsequió y había manchas de un rojo óxido. La sentí y noté que la tela ya no respondía a mis manos. Caminé de un lado a otro muy ligero. Salía de la ventana un rayo de luz y enmedio danzaban finos corpúsculos. Salté una, dos y tres veces hasta que conseguí atraparlos y tenerlos entre mis manos. Curiosamente después de mi esfuerzo, me perdí entre ellos…

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El peso de la nieve dobla la rama, Entre las hojas la pájara se abriga. Cada copo es un miligramo más, que de continuar caerá su nido. En el nido hay dos polluelos que sueñan con volar y jugar con la nieve que se amontona entre el bosque. Es un bosque que disfruta del ruido y ahora esta lleno de una gruesa capa fría y alba. Solo el oso duerme el sueño de los justos. Aunque la cueva es tibia y mucho más la osa que lo acompaña. No puede evitar la inquietud de que llegue su compañera y lo agarre infraganti. Otra espina salta, ¿su esposa estará durmiendo sola?

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Subí al urbano. El tufo del cigarro, el olor a ropa sucia hizo que doblara el brazo dándole un escudo a mi olfato. Me senté frente a una mujer que tenía la mirada en no sé qué parte del mundo, la mitad de la cara recargada sobre la ventana con las mejillas húmedas. Parecía chupetearse el labio o quiza lo mordía. Se tronaba los dedos una y otra vez. A la blusa de lana le faltaba el primer botón. Cada que abría la puerta el conductor se colaban chiflones húmedos y fríos. En el empeine de la bota blanca había una mancha rojiza. Cruzaba y descruzaba los pies, parecía tener frío. Afuera las luces se prendían y se apagaban y el trineo de papá Noel parecía saltar de un edificio a otro. Lejos se escuchaban las campanas del ding-dong -dang. Pronto atravesaríamos por el barrio de las Setas, y nada raro sería que algún pelafustán se subiese y nos quitase las pertenencias. Ella apretó sus puños y con un resorte de atleta salto del asiento y apretó el botón para apearse. Moví la cabeza y me dije, “que mala decisión” poco después, dos sujetos al caminar por el pasillo me preguntaron que si no había visto a una mujer con las características de ella. Les contesté que recién se había bajado. Antes de apearse uno de ellos dijo: se me hace increíble que una mujer le haya roto el hocico al gorila de su esposo. Estaba borracho y armado, cayó sobre el filo de un escalón, rompiéndose la cabeza. Era un fichita y la mujer posiblemente piensa que ella lo mató, no sabe…Hay que encontrarla, y decirle. Una cabeza así, no se sabes que puede hacer.

Sendero
Le comunicó al administrador del circo de pulgas, que era el mismo demonio, y su padre también. Sin temblarle la voz le reclamó que estaba harto de ser la pulga trapecista y que era la última vez que lo vería en el trapecio. Sin esperar respuesta se fue brincando con un libro de ecuaciones de dos incógnitas bajo el brazo. Desde entonces se le conoce como la pulga negra de la familia.

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Infierno
Se quedó ciego y siempre tuvo fobia a la oscuridad.
Killer
Tumbado en la hamaca, entornando los ojos y rascándome las lonjas de la panza, espero pacientemente al tiempo para matarlo.
La Dinosauria de Monterroso
La institución no me lo permite, pero que bien estaría decirle: ¡Qué hermosa cola tiene usted!
Me siento increíble
Hoy troté apoyándome con el bastón.
Adolescencia
¡ Ha de estar agotadísima! Toda la noche soñé con ella.
