Sendero

¡Todo se resolvió, el día que decapitamos el arrepentimiento!
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El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
Sendero

sendero
Se sentó como un muñeco de resortes, con el deseo de aspirar profundamente. tocó su cabeza, su cara: barba y coleta no las tenía. Purísima blancura, silencio y quietud.
¡No! ¡basta! ¡basta!, ¡quiero morir!
—Eres el primero en saberlo
—No soporto ni el silencio, ni la paz.
—¿Entonces quieres ir al infierno? —Sí´
—Entonces estás en la casilla correcta.

Sendero
El político Leonidas tuvo que esperar hasta que pasará el desfile de paquidermos. Furioso, por la demora, jaló con violencia el rabo de una de ellas. El intruso fue aplastado por su atrevimiento. Hallada culpable y fue recluida. Tiempo después, el partido ecologista ganó la elección y tomaron a la elefanta como icono de su identidad.
La Elefanta sigue condenada, pero su efigie aparece como símbolo de Respeto y Libertad.

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A punto de claudicar en su búsqueda la encontró. No era falso lo que el viejo yerbero le había dicho. Al entrar a la botica percibió el aroma antiguo de las esencias. Deseaba un incienso especial. El anciano lo escuchó como si hubiera llegado de un largo viaje. Una hora después salió de la trastienda con varios frascos.— Por favor aspire. Con el primero sintió la soledad de su niñez, con el segundo llegaron sensaciones vagas de una novia a la que jamás le dio un beso. Una nueva aspirada y se encontró con dos años de coincidencias. Esas pláticas tan intensas donde el sueño se espanta; en el que las intimidades brincaban de la sábana al cielo. Sin duda era Martha. Al entrar compró un arreglo de rosas amarillas, localizó la tumba y la situó en un florero y se critico por su facilidad para olvidar sus promesas.
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Ayer cumplió ochenta y hace más de cincuenta años que tolera un dolor de cabeza que la hace llorar y que sin previo aviso se instala por unas horas y se va. Agrega que, si el dolor se ausentara, tendría miedo de dormirse.Tantos días a su lado, que sin él, el presagio es oscuro.

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Hubo días que tus manos se deslizaban por mi cara, y tus piernas se anudaban a mi cintura. Hoy nos encontramos en el cinema, tú fingiendo una plática con tu pareja, yo, simulando no verte al pasar a tu lado. Solo los aromas se mezclaron, viejos conocidos.…

Sendero
Hay un crepúsculo. Se ven conglomerados grises y oscuros. ¿lloverá?, podría escuchar los truenos en una lejanía que se acerca. Se refleja un árbol sin hojas y nudoso. Me recuerda el relámpago que iluminó el almendro denudo, como las placas radiográficas que mira el médico, hay cúmulos blancos en todas partes. Escuché la voz pausada que le dijo a mi mamá: requiere intubación, su oxigenación está en el límite. A ella y a mí nos llevaron al laboratorio. Mi papá se quedó solo…

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La moza soñadora sentía el temblor de aquella carne en sus manos.
—¡Eres el sapo más hermoso que he visto!
—Croac, croac.
—¡Cómo brillas! ¡Qué ojos tan vivos! Tienes olor a vainilla. ¿Serás acaso un príncipe?
—Croac, croac.
Ansiosa lo recorrió con la lengua y al abrir la boca se lo tragó.

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Ella se hacía la dormida, cuando él llegaba después de la media noche. No tuvo dudas de que él tenía ya otra mujer.—Cuando me acosté estabas bien quieta y no te quise despertar.—¿Te fuiste con tus amigos?—Ha aumentado el trabajo, pero a salida nos tomamos una cerveza.
Juana vivía en una vecindad. Por la tarde sacaba la silla y su canasta de tejido fuera del cuartucho y continuaba con la filigrana de colores que iban decorando la tela inmaculada. Sus ojos en el manto y sus oídos en el taconeo. Cuando reconocía el andar de su esposo empezaba a calentar su cena. Desde hace tres meses llegaba cerca de la media noche. Lo oía comer, desvestirse y roncar.Hace cinco años se juntó con él. —Estabas joven, con cara de niña. Si, pero harta. Como yo fui la mayor, hacia todo y mi madre solo sabía hacer hijos con los hombres que se juntaba. dos años después la dejaban. No me incomodaban mis hermanos, ellos no tenían culpa, para ellos yo era su mamá. Tampoco juzgo a mi mamá, simplemente me harté y me salí de la casa. Su deseo de salir y caminar era mayor y en ese andar se encontró con él. En cinco años nunca se le detuvo la regla. -Y…- Mujer es la que puede tener hijos y yo no me embarazaba por más que le rogué a la virgencita. Vendí mis bordados y fui a ver al médico de la iglesia que me dio la dirección de una especialista. Me gasté hasta lo que no tenía y la doctora dijo que había que hacerle estudios a él. ¿Se los hizo? Pero como va a creer que yo le iba a decir eso a Alfonso. Es como decirle que no sirve. Entendí que andaba en busca de otra mujer que le diera cría.
Amaneció ese día enojada con ella. Aseó la vivienda, lavó la ropa, guisó. Si su marido llegaba temprano, solo calentaría la comida. Después de bañarse, maquillarse, y vestirse con su mejor atuendo salió a la calle de luces y cumbia. Se sentó a ver los anuncios y a oír la música. “Si soy yo, ¡malhaya!, si es diosito que no quiere, pues que se le hace. Se le acercó un jovencito. Ella dudó, ¿Tenías miedo? y como chingaos no tenerlo. Miedo a que te destripen, miedo a todo. Escuché la voz de él, como si hubiese salido del cascarón. “No sea malita, yo también tengo miedo” y eso me desarmó y me dio valor.
Esa noche lo esperó y lo incitó a tener sexo. Un día no llegó la comadre y la panza se le hizo globosa. El esposo volvió a ser el mismo, amable cariñoso y protector de la familia. Cuando el niño cumplió el año, el esposo con cariño, le dijo al oído. ¿Cuándo me darás la niña para tener la parejita?

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¿Qué sucedió?
El ermitaño en la profundidad de un bunker salía de una crisis febril. La última vez no encontré un ser humano. Solo hay bosques petrificados, edificios, silencio y soledad. Un aviso que decía que todos deberían entrar a un túnel. ¿Y tú no te fuiste? ¿A mis ochenta años? Saben, cuando de niño soñaba con ser un rey, de mayor me aguijonaba poseer, -nunca era suficiente- ahora la tierra no tiene dueño y me conformo con un espejo para poder platicar conmigo.
Creo que tocan, espero que no seas tú.

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Sintió la tibieza de una boca en sus labios. El tren del medio día había cruzado el túnel y la claridad volvió. Los cuatro pasajeros parecían dormidos y de pelo en pecho.

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Quince días que la lluvia no para en la planicie sembrada de papa. ¿Y por qué papa? Estas tierras cuarteadas no dan más que papas, se han acostumbrado a lo frío y a lo seco. El cielo tiene nubes percudidas de sombra que presagian agua. Las mujeres rezan, los hombres miran el cielo para que suceda el milagro de que el agua pare, que terca insiste.
Bajan en silencio. Las pisadas de los cascos se oyen al golpear la laja de la serranía. Y las madres desesperadas abrazan a sus hijos. Han llorado días y días, lo hacen sin lágrimas para no mojar más la tierra.

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Vio con horror a otro bebé, que hacía los mismos gestos. Arrojó la sonaja al intruso y el intruso hizo lo mismo, a toda prisa buscó el cobijo de su mamá. Lloraba tan angustiado que la madre pensó que algo le había picado. Muy cerca, el Otro había desaparecido del espejo.

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Andrés adelantó su regreso y entró a su casa con pasos felinos y sorprender. La sorpresa fue hacia él. Su amigo amado y su compañera dormían abrazados. El estilete de la traición hacía estragos en la batea del tórax. <<Cómo no estarlo narrador, si hace quince días él y yo dormimos en la montaña…>>

Sendero
Me vestí con un short adherente y un suspensorio. Terminaba de calzarme los tenis para ir a trotar cuando oí tus pasos.— ¡Ah… ya hizo café! –Exclamó. ¿Quiere que le sirva una taza? Sentada en un sofá. Me acuclillé y quedamos cara a cara. No recuerdo que le dije acerca de la vida. Dejé de hablar. Murmullos, pulsos, alientos cortados. Mis labios en su oído. Sus muslos duros. Metí los pulgares en el elástico y empecé a tirar. Besaba sus rodillas. Labio con labio. Amoldados; sudor, respiración ruidosa ocultados por el sonido de la televisión.Salí a correr por un camino de naranjos. Imposible no recrear lo que había pasado a cada zancada, la brevedad del short, el roce constante de la tela y volvió el deseo de tomar otra taza de café.
