Un pueblo de ojos azules

Sendero

Banquetas de adoquín, callejones y tejados de barro. Me instalé en un hotel céntrico. Le di las llaves al empleado de la recepción.-¿Algún pendiente señor?-Regresaré en dos o tres horas.- Perfecto. No le recomiendo que esté fuera después de las doce. Si desea una copa, es mejor que lo haga en el bar del hotel. Al salir del cine me detuve en un callejón a mirar revistas. Hojeaba una cuando se desató una balacera. Todos corrían; estaba paralizado. Una mano piadosa me jaló. Estaba dentro del kiosco.—No hable, no se mueva. Percibí aroma de flores restregadas. Después un silencio. Una zapatilla encajó en mis costillas. —¡Salga! Me dijo la voz hueca. Le platiqué al empleado de la recepción. —¿Está seguro que es el estanquillo que se encuentra a dos cuadras del cine? Porque ese quiosco lo cerraron hace años. La dueña, una mujer joven, la degollaron porque no quiso vender droga. En mi cuarto, saqué la revista que había tomado antes del percance. No pude dormir. La revista tenía fecha de hace cuatro años.

La calle de adoquines en el pueblo colonial de Pátzcuaro, Michoacán, México  Fotografía de stock - Alamy

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