El custodio de Rubén García García

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Mi ángel de la guarda trabajo bien hasta mi pubertad. En mi adolescencia fue peor que mi madre. siempre detrás como perro faldero. Me dejaba sola cuando me bañaba, pero estaba pendiente a un costado de la puerta. De púber me gustaba encaramarme a los árboles y deslizarme presionando mi pubis sobre la superficie rugosa y me reprendía, que si era yo marimacho, que eso no estaba bien para una señorita decente. Nunca vio mi cara de placer al tocar tierra, yo no sabía porque lo disfrutaba, pero lo disfrutaba. Ahora lo sé, pero es insuficiente.

—¿ te pasa algo? —pregunta mi Ángel cuando escuchó que suspiraba.

—Nada, solo es por lo frío del agua;. Abrí la llave del agua caliente. y «sorprais», enmedio del vapor, apareció un fauno de esos que corretean a las ninfas y yo no tenía para donde correr…

Te pasa algo, me preguntó al escuchar mis gemidos.

Nada, nada…le dije con voz entrecortada. Es que el agua ahora está muy caliente.

Satiro,Fauno y silvano | Wiki | Mundo Mítico Amino

1Lilian Aguilar de Andreutti

Fiesta huasteca sucedió por los años treinta en un lugar de la huasteca méxico. Recreación literaria.

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Fiesta HuastecaEl Palomo vestía de blanco con zapatos de charol. En la alameda reconocía a la pareja de indígenas y preguntaba:

—¿Se quieren casar?

Él costearía los trajes, la música, y la primera ronda para brindar por los novios. después, todo tendría un pago.

Palmar grande era el centro de otras rancherías. Los domingos hacían su mercado. Había cerca de la plaza un viejo cañón que aún servía. Si tronaba, la gente se enteraba que habría baile y la muchachada bajaba con sus mejores vestidos.

La plaza se transformaba en salón de baile que era iluminado por lámparas de gasolina. Agregaban una barra, bancas para las mujeres y un estrado para los músicos huapangueros.

Un día antes llegaba la cerveza y la caña, que era transportada por Juvencio, hombre del Palomo.

—Todo quedo listo patrón, solo hay que esperar que llegue la gente.

Cerca de la media noche el baile estaba en su mejor momento. . Había una joven de trenzas, sola, que miraba hacia todos lados.

—¿Gusta bailar morena?, — dijo Juvencio.

Ella lo ignoro y él volvió a invitarla ofreciéndole su mano. Muy entrecortadamente contestó

—No, gracias.

Juvencio se retiró, fue a la barra, donde pidió un vaso de caña y cuatro cervezas. A hurtadillas la miraba, y de nuevo encaminó sus pasos hacia ella. Antes de llegar, otro hombre la sacó a bailar y aceptó sonriendo. Regresó a la barra y volvió a pedir más caña al cantinero.

El enojo por el desaire sufrido le revolvía la cabeza. Temblaba… de un salto se plantó entre la pareja, sacó una navaja con pico de loro y sin mediar palabra asestó la cuchillada en el vientre del hombre. El herido abrazaba su vientre intentando detener a los intestinos que pugnaban por salir. Fue llevado fuera de la pista y lo cubrieron con una sábana.

Al agresor lo amarraron al poste.

Los huapangueros no dejaron de tocar y la muchachada siguió zapateando. Cada vez que los músicos paraban, se oían los quejidos y al tocar de nuevo se ocultaban. Juvencio con las puntas de los botines seguía el ritmo de la música. La gente disfrutaba.

Cerca del alba se fueron los quejidos.

Anestesiados por la caña los músicos tocarían hasta que empezaran a cantar los gallos. Al clarear, si bien los músicos se habían ido. En la pista silenciosa se oía otra música: la de las moscas.

Realizaran concurso regional de huapango en Zimapán

El rescate de Rubén García García

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Ayer pasó con bastón y morral el vidente Tiresias. Me dio un manojo de hierbas. Me abrazó. “buen viaje”, me dijo. Un mes después, llegué al inframundo. Los perros me ignoraron y Caronte me dio luz verde. La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas y una mantilla inmovilicé su cuello. Poco antes de la salida escuchamos ¡A dónde vas! y por reflejo quiso voltear, y no pudo. La empujé hacia la salida y corrimos hasta ver el día. Ella florecía en lágrimas y sonrisas al abrazarse con sus hijos.

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El parto de los montes de Rubén García García

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Minutos antes de que abra la noche hay un catálogo de sepias. Las nubes obesas y agrisadas procuran inminencia. El sol deja en el aire una luz comatosa. A los lados del río lo sigue una pista de piedras. En el horizonte el perfil de los montes se pierde y el añil de la tierra se amontona cubriendo la arboleda. El río da golpes de mago y hace y deshace remolinos. Bajo el chapoteo del agua, se abre en intermitencia el canto de las ranas… la noche se da por instantes y en el calor aletean olores de flores trituradas. Nada perturba, los gusanos dejan de roer. El sopor, el silencio y las sepias se tensan al parir en el monte el silbido profundo de la serpiente. El sol ha muerto.

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A mis maestras de Rubén García García


Tu voz que platica del viento, de los fantasmas. Cuando te asomas me alcanza tu voz instructora, donde las frases que corriges, las transformas. Tienes luz en tus ojos y las cucarachas del lenguaje corren en desbandada. Me prometes tu sonrisa y bajo tu mirada, atento pongo mi parco entendimiento para comprender las declinaciones que susurras.
Escucho tu voz de mujer sosiego, mujer oído que con tu saber penetras. Cuando me hablas y pronuncias mi nombre, mi oído se hincha y baila. Serás por siempre la guía.

Vocabulario de la clase en español - Página 2 de 7 - AIL Malaga - Spanish  Language School, Intensive Courses

Aquí no pasa nada y cuando pasa, tampoco pasa nada de Rubén García García

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Si a México, se le pudiese levantar la tapa, como una cajita de Olinalá: saldría el eco de los gritos de lo que aún con vida fueron enterrados y los quejidos de los muertos al roer de los gusanos. Algunos carteles de » Se busca» » la última vez que lo vieron preguntaba por cigarros»

CAJITAS DE OLINALÁ

Amplía Astudillo la denominación de origen Olinalá a nuevos artículos | La  Plaza Diario

Furia al amanecer de Rubén García García

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Antes que el sol saliera y el gallo cantara, el matrimonio del Rancho las Margaritas ya llevaba un avanzado trabajo. La prole crecía y la niña mayor estaba en la universidad estudiando medicina. Veinte años después los hijos eran suficientes. Esa noche se abrazaron y él al oído le susurró: Dormiremos como troncos, no importa que el gallo cante y el sol rebuzne. Fueron catapultados, desconocían la furia de la cama, que no soportaba más peso despues de la alborada.

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La casa que tenía una foto

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Encontré una casa abandonada, quizá pudiese comprarla y rehabilitarla. Entré sin forzar la puerta. Era de dos plantas y unas escaleras que llevaban a un sótano. Parecía haber sido un lugar para fotografía. En una de las paredes aparecía una púber con la ropa desgarrada. En mi cabeza resonó una voz.

Eyy… eyy, mírame. ¿Verdad que soy una niña sexi? Esta es la primera foto de tantas que me tomó; las últimas ya no pude verlas…¿puedes imaginártelas? por favor…por favor ayúdame.

Puede ser arte de 1 persona
Balthus español

Reflexiones de la vida de Rubén García García

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Los últimos años pasaron por mi mente, tu palabra amable que me encendía. Luego tu silencio que no me explicaba. Ayer me deshice de mis nudos y vine a verte, soy una mujer que me gusta enfrentar cara a cara con la vida. Te encontré doblado en una silla y con la mirada ausente. Regresé apesadumbrada. Comprendo, con un ahora de claridad, que lo que nunca llega, duele menos que lo que llega tarde.

Corriendo sobre los cerros de Rubén García García

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La carretera corre hacia la lejanía. Escucho el motor que pasa a mi lado. Es una motocicleta que se vuelve diminuta. Corro, el sol sobre la espalda y mi sombra sobre el gris del asfalto. En la cima, encharcado de sudor puedo tomar las nubes. Podría lavarme la cara con el agua del rio, el que corre abajo y parte los cerros. Seco de la garganta. Soy lluvia que riega mis pasos.

La moto viene de regreso, tan veloz que se pierde en las nubes.

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La araña matadinosaurios de Rubén García García

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La araña capaz de matar con su veneno a un dinosaurio, fue victima de una avispa que la tomó desprevenida inoculándole su semen. Habrá, semanas después, una noche glamorosa donde cientos de avispas saldrán luciendo en el vuelo una estola de seda.

Descubren araña gigante comiendo a zarigüeya en Perú

Cinco generaciones de Rubén García García

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«Estoy predestinado a realizar una hazaña para mi pueblo» se dijo Antonioni, después de haber salido con vida ante una muerte inminente. Su hijo tuvo una vida parecida, y al igual que su padre, presentía que la vida le tenía reservada una gran proeza. Ambos murieron de viejos. El suceso se repitió en generaciones. El último de la dinastía nunca se cuestionó. Moriría crucificado en las afueras de Roma pensando que su esfuerzo para la nueva religión de «amaos los unos a los otros», había sido en vano.

Historia desconocida de la crucifixión: el castigo más atroz (y humillante)  de la Antigua Roma

El camión de media noche de Rubén García García

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No había nada que decirse, nuestras miradas exhaustas se entendían. Un golpe con tu codo en mis costillas me decía que el camión de la media noche no tardaría en pasar. Afuera brincaba la lluvia fría en los pinares. Decidí no vestirme, ni mojarme, ni dejar de abrazarla, mañana me iría antes de que llegasen sus padres. Total ya era tiempo de que supieran que su hija tenia un amante. Un novio con pechos y pocas caderas, pero dispuesta a casarse con ella.

Dos chicas en la cama Toulouse-Lautrec, Henri de