El parto de los montes de Rubén García García

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Minutos antes de que abra la noche hay un catálogo de sepias. Las nubes obesas y agrisadas procuran inminencia. El sol deja en el aire una luz comatosa. A los lados del río lo sigue una pista de piedras. En el horizonte el perfil de los montes se pierde y el añil de la tierra se amontona cubriendo la arboleda. El río da golpes de mago y hace y deshace remolinos. Bajo el chapoteo del agua, se abre en intermitencia el canto de las ranas… la noche se da por instantes y en el calor aletean olores de flores trituradas. Nada perturba, los gusanos dejan de roer. El sopor, el silencio y las sepias se tensan al parir en el monte el silbido profundo de la serpiente. El sol ha muerto.

Puede ser una imagen de lago, crepúsculo, cielo y naturaleza

A mis maestras de Rubén García García


Tu voz que platica del viento, de los fantasmas. Cuando te asomas me alcanza tu voz instructora, donde las frases que corriges, las transformas. Tienes luz en tus ojos y las cucarachas del lenguaje corren en desbandada. Me prometes tu sonrisa y bajo tu mirada, atento pongo mi parco entendimiento para comprender las declinaciones que susurras.
Escucho tu voz de mujer sosiego, mujer oído que con tu saber penetras. Cuando me hablas y pronuncias mi nombre, mi oído se hincha y baila. Serás por siempre la guía.

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Aquí no pasa nada y cuando pasa, tampoco pasa nada de Rubén García García

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Si a México, se le pudiese levantar la tapa, como una cajita de Olinalá: saldría el eco de los gritos de lo que aún con vida fueron enterrados y los quejidos de los muertos al roer de los gusanos. Algunos carteles de » Se busca» » la última vez que lo vieron preguntaba por cigarros»

CAJITAS DE OLINALÁ

Amplía Astudillo la denominación de origen Olinalá a nuevos artículos | La  Plaza Diario

Furia al amanecer de Rubén García García

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Antes que el sol saliera y el gallo cantara, el matrimonio del Rancho las Margaritas ya llevaba un avanzado trabajo. La prole crecía y la niña mayor estaba en la universidad estudiando medicina. Veinte años después los hijos eran suficientes. Esa noche se abrazaron y él al oído le susurró: Dormiremos como troncos, no importa que el gallo cante y el sol rebuzne. Fueron catapultados, desconocían la furia de la cama, que no soportaba más peso despues de la alborada.

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La casa que tenía una foto

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Encontré una casa abandonada, quizá pudiese comprarla y rehabilitarla. Entré sin forzar la puerta. Era de dos plantas y unas escaleras que llevaban a un sótano. Parecía haber sido un lugar para fotografía. En una de las paredes aparecía una púber con la ropa desgarrada. En mi cabeza resonó una voz.

Eyy… eyy, mírame. ¿Verdad que soy una niña sexi? Esta es la primera foto de tantas que me tomó; las últimas ya no pude verlas…¿puedes imaginártelas? por favor…por favor ayúdame.

Puede ser arte de 1 persona
Balthus español

Reflexiones de la vida de Rubén García García

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Los últimos años pasaron por mi mente, tu palabra amable que me encendía. Luego tu silencio que no me explicaba. Ayer me deshice de mis nudos y vine a verte, soy una mujer que me gusta enfrentar cara a cara con la vida. Te encontré doblado en una silla y con la mirada ausente. Regresé apesadumbrada. Comprendo, con un ahora de claridad, que lo que nunca llega, duele menos que lo que llega tarde.

Corriendo sobre los cerros de Rubén García García

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La carretera corre hacia la lejanía. Escucho el motor que pasa a mi lado. Es una motocicleta que se vuelve diminuta. Corro, el sol sobre la espalda y mi sombra sobre el gris del asfalto. En la cima, encharcado de sudor puedo tomar las nubes. Podría lavarme la cara con el agua del rio, el que corre abajo y parte los cerros. Seco de la garganta. Soy lluvia que riega mis pasos.

La moto viene de regreso, tan veloz que se pierde en las nubes.

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La araña matadinosaurios de Rubén García García

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La araña capaz de matar con su veneno a un dinosaurio, fue victima de una avispa que la tomó desprevenida inoculándole su semen. Habrá, semanas después, una noche glamorosa donde cientos de avispas saldrán luciendo en el vuelo una estola de seda.

Descubren araña gigante comiendo a zarigüeya en Perú

Cinco generaciones de Rubén García García

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«Estoy predestinado a realizar una hazaña para mi pueblo» se dijo Antonioni, después de haber salido con vida ante una muerte inminente. Su hijo tuvo una vida parecida, y al igual que su padre, presentía que la vida le tenía reservada una gran proeza. Ambos murieron de viejos. El suceso se repitió en generaciones. El último de la dinastía nunca se cuestionó. Moriría crucificado en las afueras de Roma pensando que su esfuerzo para la nueva religión de «amaos los unos a los otros», había sido en vano.

Historia desconocida de la crucifixión: el castigo más atroz (y humillante)  de la Antigua Roma

El camión de media noche de Rubén García García

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No había nada que decirse, nuestras miradas exhaustas se entendían. Un golpe con tu codo en mis costillas me decía que el camión de la media noche no tardaría en pasar. Afuera brincaba la lluvia fría en los pinares. Decidí no vestirme, ni mojarme, ni dejar de abrazarla, mañana me iría antes de que llegasen sus padres. Total ya era tiempo de que supieran que su hija tenia un amante. Un novio con pechos y pocas caderas, pero dispuesta a casarse con ella.

Dos chicas en la cama Toulouse-Lautrec, Henri de

Nanoficción de Rubén García García

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Educabilia on Twitter: ""La oveja pelada", un corto de Pixar para pensar el  lado positivo de la vida :] http://t.co/C8SWDPOtJt #Educabilia  http://t.co/fuTlQiy0gO"
Mis ovejas Están haciendo fila en «beauti salon.» Hoy les presentaran al nuevo perro ovejero.
Perros de trabajo - El Mundo de los Canes

Avión de una sola hélice de Rubén García García

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Estuve a un instante de pedirte matrimonio. Apretaba con mi mano la tuya, y cuando estaba a punto de preguntarte, ¿quieres ser mi esposa?, llegó a mi mente la firme convicción de ser siempre tú. A mí me convence el compartir. Con tiento la deslicé, y fingí que saludaba un conocido. Rompí el momento comentándote “asi que no te gusta la nieve combinada” Caminamos y cada quien tomó su ruta.

desayuno en el viejo bar | blocdejavier

La flor y el joven elefante

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Llegaba sofocado por la tristeza. Sus grandes orejas cayeron cuando se arrodilló.

El sonido de los tambores agitaron a la manada. Sus padres fueron baleados. Los encontró sin vida, sin colmillos.

El pequeño elefante dobló la testa, y sus pulsos se hicieron lentos. Al caer por el suelo escuchó la voz de una flor.

—¡No me aplaste!, por favor, recién nací. ¡Quiero vivir!, no me aplaste

El Elefante abrió los ojos, se levantó, y fue en busca de la manada.

Pequeña flor silvestre azul Stock de Foto gratis - Public Domain Pictures

La piedra viva de Rubén García García

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Pensó que me burlaba, que mi propósito, como el de muchos guerreros, era matarla. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua. Me azota el viento frío del sur. Soy cuerpo de piedra pero no hay nada que congele mi amor, ni la tibieza de su recuerdo.

Recién se fue con Perseo.

Perseo y Medusa | Mandelrot