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El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
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Estuve a un instante de pedirte matrimonio. Apretaba con mi mano la tuya, y cuando estaba a punto de preguntarte, ¿quieres ser mi esposa?, llegó a mi mente la firme convicción de ser siempre tú. A mí me convence el compartir. Con tiento la deslicé, y fingí que saludaba un conocido. Rompí el momento comentándote “asi que no te gusta la nieve combinada” Caminamos y cada quien tomó su ruta.

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Llegaba sofocado por la tristeza. Sus grandes orejas cayeron cuando se arrodilló.
El sonido de los tambores agitaron a la manada. Sus padres fueron baleados. Los encontró sin vida, sin colmillos.
El pequeño elefante dobló la testa, y sus pulsos se hicieron lentos. Al caer por el suelo escuchó la voz de una flor.
—¡No me aplaste!, por favor, recién nací. ¡Quiero vivir!, no me aplaste
El Elefante abrió los ojos, se levantó, y fue en busca de la manada.

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Pensó que me burlaba, que mi propósito, como el de muchos guerreros, era matarla. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua. Me azota el viento frío del sur. Soy cuerpo de piedra pero no hay nada que congele mi amor, ni la tibieza de su recuerdo.
Recién se fue con Perseo.

Tomé clases de anatomía con el Dr José negrete herrera, él era un libro frente al cadáver. decía: “hacemos la incisión, alejamos el tejido graso, no usen instrumentos de corte, solo de disección. Vean, cuento uno, cuento dos y tres y aquí debe de estar el nervio circunflejo”. y lo mostraba a los estudiantes. Pintamos a la vena de azul, a la arteria de rojo y al nervio de verde y esto lo llamamos disectocromia. ande, ande, toquen… el que no toca no siente, el que no siente es como el que no ve y el que no ve, no sabe”. Escribió su libro de anatomía bajo una óptica clínica,” este tipo de anatomía sirve más al médico general, pues relaciona los puntos anatómicos con el quehacer de la clínica” En él Había un valor mayor, la de ser humano. un compañero me confesó: vivo solo con mi madre, y ella tenía un dolor en el vientre y fiebre, le hablé al maestro explicándole, y apresuradamente me dijo que la llevara a urgencias del hospital Juárez que él, allí estaría. Diagnosticó un abdomen agudo y operó de inmediato, se había reventado la apéndice. Mi madre vive por el”.
Pendientes de sus manos cuando él tomaba los instrumentos, como un mago siempre nos sorprendía. Lo conocí cuando sus condiciones físicas mermaban por las mordidas de la diabetes, pero su pulso se mantuvo firme, su deseo de ofrecer su sapiencia inmutable. Tuvo y creo siempre tendrá el sentimiento de las personas que aman el mundo en que viven- Enseñando lo que sabía y amando a las personas que lo rodeaban, sobre todo a los estudiantes
ha pasado mucho tiempo, sé que te has integrado a la naturaleza, tu presencia en muchas conciencias persiste, tu estatura moral sirva a nuestro México y al mundo, tan necesitado de valores.
Leo de nuevo esto y sin duda ahora más que nunca la necesitamos.

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El beso
Ella tenía veinte años y yo era un chamaco. Su cabello largo bamboleaba al caminar.
Un día le pedí un beso, ella movió la cabeza y creí verla sonreír cuando me dio la espalda. La miraba en silencio todos los días. Una tarde me llamó.
Parecía decirme con la mirada «no soporto tu mirada pedinche». Había almendra en sus ojos y una corona de oro en el marfil. Cerré mis ojos, percibí sus labios en mi frente, por un momento me sentí engañado. Pensé salir corriendo, pero sus labios encontraron los míos. Fue suave, tierno, lleno de mujer. Soy un viejo, pero si me toco el centro de mi labio me humedezco. Me baño en su recuerdo y me elevo.

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El tren rezongaba. Parecía un becerro arisco subiendo hacia el pueblo. Sobre los gruñidos de la máquina, las campanas repiqueteaban alocadas. Como todos los domingos en la plaza, la gente compraba y vendía.
Del carruaje salió un sujeto con una bocina parlante, invitando a las personas a ver el espectáculo del mediodía: “Podrán contárselo a los nietos de los nietos y siempre dudarán. Sólo sus ojos darán crédito”. Dos horas después, el gentío se arremolinaba para mirar el acto.
La bestia era dócil y gran imitadora de animales. La gente reía. Sin embargo, cuando rompió en un rugido más potente que el de un león, todos enmudecieron. Abrió las fauces y el voceador del espectáculo metió la cabeza; poco después, sólo los zapatos quedaron fuera. El animal hizo una contracción ventral y el sujeto desapareció. Llovieron monedas y aplausos de la multitud. Ella caminó en círculo, levantó los brazos y agitando unas alas que brotaron de su espalda, voló hasta perderse por encima de los cedros.
El tren ha quedado en la plaza. A media noche, el viejo más viejo del pueblo agoniza y sobre el padre nuestro del cura, se escucha el tañer alocado de la campana. Es una noche sin viento y el gemido de él termina poco antes de que llegue el silencio. El difunto era el último que recordaba aquel suceso. Ahora, nadie sabe.

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Lo presenté a mis padres como mí novio. Aceptó que en la casa había que tratarnos con respeto. Me decía “hola, como te ha ido” “bien” Ya en la sala mamá traía agua de frutas. Nos mirábamos como idiotas y reíamos sin motivo. Pasó un mes.—Qué serio es tu novio, siempre tan callado, ¿Así es? Todo parecía ser la calca de los ayeres y viendo que mis padres estaban en la cocina lo empecé a tocar y, él molesto “nos van a ver” Me enojó que tuviese gelatina en las venas. Acariciaba y subía la mano hasta llegar; sobaba de arriba abajo y de abajo hacia arriba… hasta sentir su dureza.Me agradaba verlo colorado. Contenía mi risa. En la noche lo esperaba emocionada, los días habían dejado de ser monótonos “Por favor estate quieta” lo dejaba. Volvía a reír al ver sus manos tratando de ocultar lo imposible.Un día mis padres salieron “luego vienen” le dije y empecé mi juego. Mi osadía se convirtió en sorpresa, cuando sentí que sus manos me tomaban de las caderas y limpiamente ajusté como ratoncito en la boca del gato…

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Afuera, el viento mueve los tejados y penetra a la casa. Se oye crujir la viga y la fuerza del aire balancea tu cuerpo y es el ruido molesto quién me ha espantado el sueño.

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A la abuelita se la llevaron al callejón. Su silla no. Tiene arreglo.

gGG
Rubén García García
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Al abrir la puerta percibió un olor a patas y sangre. Se acercó al cadáver y lo identificó por el arete.Esbosó una sonrisa y soltó la carcajada que ahuyentó a las moscas.
-¡Hasta que te vi muerto cabrón hijo de puta!
Pudo escuchar un ruido, tan leve como suspiro. Un dolor punzante explotó en su nuca y antes de sumirse en el vacío, la voz odiosa de su enemigo que le dijo:.
-¡Hoy se te quitará lo pendejo!
Y le dio la razón al gordo; que salía del hotel pulgiento acompañado del actor que limpiaba de su piel la pintura roja y le devolvía el arete, zafándolo de la oreja.
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La tía Gertrudis no puede ver una puerta abierta de la alacena porque se enoja, pero ella deja abierta la de su dormitorio. La puerta del estante, se entiende, se meten las pipiliacas* que se comen el chile del mole. La de su recámara no sé, quizá extraña a su difunto esposo. La escucho llorar y creo que por sofocarlo se oye como un quejido.-¡Flaco, flaco! ve con don Demetrio y pides un kilo de bistecs y medio de chorizo. Buscó el dinero y no lo encontró.-Dile que te lo apunte, luego voy y se lo pago.-Me dijo el carnicero que más tarde pasa a cobrarle. Hizo un gesto de rechazo y luego la cambió a una sonrisa forzada. Yo no vi que don Demetrio llegara ni por la tarde, ni por la noche. Algunos susurros en la madrugada y los quejidos de mi tia antes de que cantara el gallo. Lo que recuerdo es que nunca faltó en la mesa un trozo de carne. Aún me timbra en el oído su voz aflautada:» No desperdicien nada, ni se la den al gato, que no me la regalan»

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Los encontró haciendo el amor en su cama. Guardó la pistola y se retiró para no volver nunca. Tres años después se casó con la mujer más fea de todo el pueblo y regresó a trabajar como agente viajero con la tranquilidad que da el de tener a una mujer atormentada de fealdad. Intempestivamente llegó a su hogar y su esposa hacia el amor. Sacó la pistola enfrentó a los amantes. Le puso el cañón en la sien al sujeto.
─ ¿Dígame que le ve a esta mujer, no es fea, es feísima? Dígame la verdad o lo mato.
─ La verdad la verdad… es que tiene orejas muy bonitas.

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En este momento que la perra juega en el jardín, te llega el deseo de no ir al trabajo y quedarte a mi lado. Vi que sacudiste la cabeza e hincaste el tacón en el piso de madera. Inefable sería perdernos y disfrutar la intimidad del tiempo. Reímos. Pero volar es peligroso…te despediste con un beso a orillas de mi boca y roce con las palma tu cadera. El taxi te esperaba, la oficina también.

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Prevención de Rubén García García
¿Por qué te vas? preguntó ella cuando lo vio con su vieja maleta.
Se detuvo, titubeo, no miró la armonía de su figura. Era complicado decirle que era imposible mirarla como hija.
