Dígame la verdad o lo mato de Rubén García García

Sendero


Los encontró haciendo el amor en su cama. Guardó la pistola y se retiró para no volver nunca. Tres años después se casó con la mujer más fea de todo el pueblo y regresó a trabajar como agente viajero con la tranquilidad que da el de tener a una mujer atormentada de fealdad. Intempestivamente llegó a su hogar y su esposa hacia el amor. Sacó la pistola enfrentó a los amantes. Le puso el cañón en la sien al sujeto.
─ ¿Dígame que le ve a esta mujer, no es fea, es feísima? Dígame la verdad o lo mato.
─ La verdad la verdad… es que tiene orejas muy bonitas.

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