Fue sustituido el hombre bala por el payaso » Risitas». Se brindó al respetable y entró a la cámara del cañón. Salió disparado con la melena al viento, los ojos al cielo. Cayó la bola roja, la peluca dorada, los zapatos enormes y se perdió en el firmamento. El público de píe lo despidió con atronador y prologado aplauso.
Mentira que Drácula haya muerto por una daga de plata certera al corazón. Asi lo hizo creer la asociación que él presidía. Se sabe, por fuentes privadas, que se infartó cuando le informaron que el primogénito había donado sangre.
Sendero Ayer, El “compa”, un hombre de palabra, pasada la media noche regresó a su casa. En la jugada perdió el usufructo de su trabajo. Tuvo la corazonada de que la siguiente partida ganaría, y no teniendo efectivo apostó los cilindros de gas de la estufa. Fiel a su palabra fue por ellos a su casa y pagó su deuda. Por la mañana sacó de su escondite unos billetes y antes de que se levantara su esposa, le dijo “vístete, iremos a la barbacoa” Cuando regresaron, la mujer se percató que no estaban los cilindros y llorando le contó a su esposo. “la delincuencia no descansa” contestó y se quedó profundamente dormido soñando en la rueda de la fortuna
Hace seis años fui al lugar donde bautizaban a los niños. La ausencia de sacerdotes hacía que las personas del pueblo en grupo fueran al mar. Tenían que cruzar el estero, para llegar a la playa. Sucedía que alguna de las lanchas volcará y había uno que otro ahogado. Quizá con más tristeza que alegría, pero el mole, las tortillas calientes y la cerveza nunca se desperdiciaba. Playa de Cazones. fuente: mi mamá.
Me quedé quieto, en silencio. Respiré apenas. Ayer caminaba sin preocupaciones. Por la noche me despertó el llanto de mi vecina. Alfredo, su esposo, había muerto. Una semana antes, el velador del vecindario fue cruelmente asesinado. Mi esposa que parece que nunca duerme, me platicó que los perros no han parado de aullar, incluidos los míos. el colmo fue cuando lo hicieron en pleno día. Ya se llevan el féretro, mi mujer que estaba a punto de partir con el cortejo, la paré. Te quedas en casa, ya habrá oportunidad de darles el pésame. Se han ido y ha quedado en el aire un aroma de flores deshojadas. Tomando café en la cocina, vi pasar a mi hija. Llegó mi esposa, me dijo: «no sé cual es tu ansiedad, al final tu y yo tenemos un año, ¿un año de qué?, del accidente en la curva del diablo.
Divisé la cara de asombro de un niño que veía un pájaro verde limón. El ave se había posado sobre los hilos retorcidosde la protección del ventanal. Tomé la cámara, puse el zoom y pude ver en los ojos del niño el cuerpo del alado. Parecía el pájaro tener una mirada suplicante, o quizá veía lo que no era. En el reflejo del cristal había otra toma que daba la impresión de ver a dos amigos que charlaban del sol cotidiano y de las flores que se desprenden del limonero. Los minutos tan largos como las horas se sucedían y ellos seguían, el pájaro brincoteando y el niño con los brazos a veces arriba, otras abajo. Si decía, no lo escuchaba, pero el tono de aquella reunión marcaba el inicio de una amistad que dejaba la impresión que los limites no existen, que las barreras son vanas y egoístas formas que el adulto ha manipulado para su beneficio.
Se vino el invierno, y es verano. La lluvia afilada cae sobre el naranjo. ¡qué olvidadizo!, no encuentra la gabardina. Esperaba un chubasco que lo limpiara del polvo cotidiano y no la gota fría que lo estremece hasta las raíces. El pájaro limón brinca entre sus ramas y canta como si el mundo estuviese sordo. Siempre lo tolera, pero con el frío sus brincos duelen, cierra las hojas y escucha el parloteo de las gallinas que van trepando una tras otra sobre su epidermis. No falta alguna que resbale y otras que lo cagan. Ya duermen y él siente el calorcito de las aves que lo resguardan de la insistente frialdad. Los plumíferos son cagones, pero no hay mal que por bien no venga.
Roncas muy angustiado amor, verás que mañana por la noche tu respiración entrecortada y sibilante dejará de molestar. Un pedazo de pan envuelto en gel será el mejor remedio para tu conflicto. Quedarás con un silencio crónico.
Si Romualdo Jodínez se hubiese levantado de su tumba, él mismo volvería a la cueva, pero con seguridad iría hasta su domicilio para reclamarle con patadas a la desconsiderada de su esposa que tuvo la osadía de poner justo año de su muerte la siguiente inscripción: «Ami marido, al año de su muerte. De su esposa, con profundo agradecimiento»
Los puercos chillan. Los llevan al matadero. Los cuidadores llevan al grande amarrado, sujeto, como si le hubiesen puesto una corbata. Les gritan, atosigan, chicotean. Los puercos chillan, quizá se hablan o lloran…
Los hermanos salen de la casa con cara de pocos amigos. Todos se creen con derechos de poseer la propiedad. Algunos ya tienen su vivienda, otros viven en lugares lejanos. Alguno de ellos puso candado a la mansión y ha dejado dentro las acuarelas pintadas por el finado, en el cajón algunos sonetos de una mujer que amó a destiempo y la foto de un perro que nunca le pidió nada…