Fiesta huasteca sucedió por los años treinta en un lugar de la huasteca méxico. Recreación literaria.

Sendero

Fiesta HuastecaEl Palomo vestía de blanco con zapatos de charol. En la alameda reconocía a la pareja de indígenas y preguntaba:

—¿Se quieren casar?

Él costearía los trajes, la música, y la primera ronda para brindar por los novios. después, todo tendría un pago.

Palmar grande era el centro de otras rancherías. Los domingos hacían su mercado. Había cerca de la plaza un viejo cañón que aún servía. Si tronaba, la gente se enteraba que habría baile y la muchachada bajaba con sus mejores vestidos.

La plaza se transformaba en salón de baile que era iluminado por lámparas de gasolina. Agregaban una barra, bancas para las mujeres y un estrado para los músicos huapangueros.

Un día antes llegaba la cerveza y la caña, que era transportada por Juvencio, hombre del Palomo.

—Todo quedo listo patrón, solo hay que esperar que llegue la gente.

Cerca de la media noche el baile estaba en su mejor momento. . Había una joven de trenzas, sola, que miraba hacia todos lados.

—¿Gusta bailar morena?, — dijo Juvencio.

Ella lo ignoro y él volvió a invitarla ofreciéndole su mano. Muy entrecortadamente contestó

—No, gracias.

Juvencio se retiró, fue a la barra, donde pidió un vaso de caña y cuatro cervezas. A hurtadillas la miraba, y de nuevo encaminó sus pasos hacia ella. Antes de llegar, otro hombre la sacó a bailar y aceptó sonriendo. Regresó a la barra y volvió a pedir más caña al cantinero.

El enojo por el desaire sufrido le revolvía la cabeza. Temblaba… de un salto se plantó entre la pareja, sacó una navaja con pico de loro y sin mediar palabra asestó la cuchillada en el vientre del hombre. El herido abrazaba su vientre intentando detener a los intestinos que pugnaban por salir. Fue llevado fuera de la pista y lo cubrieron con una sábana.

Al agresor lo amarraron al poste.

Los huapangueros no dejaron de tocar y la muchachada siguió zapateando. Cada vez que los músicos paraban, se oían los quejidos y al tocar de nuevo se ocultaban. Juvencio con las puntas de los botines seguía el ritmo de la música. La gente disfrutaba.

Cerca del alba se fueron los quejidos.

Anestesiados por la caña los músicos tocarían hasta que empezaran a cantar los gallos. Al clarear, si bien los músicos se habían ido. En la pista silenciosa se oía otra música: la de las moscas.

Realizaran concurso regional de huapango en Zimapán

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