El fantasma de Rubén García García

Sendero





Él tomó su sombrero, te dio un beso en la mejilla. Dijo: “Luego vengo”; y en un santiamén llegó la madrugada, sin que él diese señas de volver. Antes de que partiera, lo abrazaste, se enlazaron tus manos. El perfil en su cuello, los senos contra su pecho.
Mientras se bañaba, miraste al espejo. Tu pelo castaño caía lacio sobre los hombros, la bata abierta parecía un zaguán resguardando frutales. ¿Sabes?, la seda va bien a tu cuerpo, al caer define la brevedad de tu vientre y la curva de tus caderas. Del buró sacaste un incienso de sándalo y el olor se esparció en la recámara.

Salió del baño con las gotas de agua atrapadas en el vello, sin mediar palabra lo besaste. Él respondió rozando los tuyos, se zafó de tus brazos, se vistió.

—Regresaré pronto— dijo.

Besó tu mejilla y sonrió con picardía.

— Voy a una reunión de caballeros.

Mientras te bañabas, miré tu silla veteada, recorrí cada una de las figuritas de porcelana. Oí crujir la puerta. Saliste con una bata color naranja y sujetabas tu pelo con una toalla. Te veía detrás del espejo. Tus ojos color carbón, labios hechos para el beso; las mejillas turgentes y frescas.

El bochorno de la noche dio la justificación para abrir la bata. Observaste la grandeza de tus pechos y sonreíste al recordar la atracción que ejercen sobre el deseo de los varones. Cepillabas el cabello y en cada movimiento sobresalía enrojecido tu pezón como una uva cargada de vino.

Te recostaste sobre la cama. La noche calurosa se transformó en tibia y la vigilia, y el fastidio fue ocultando tus deseos.

Miraba tu esplendor, acostada tenías la cabeza de lado, y la dignidad erecta de los pechos; en el sueño ellos esperaban. Tus piernas blancas que parecían con el velador cal dorada.

—No entiendo el desprecio de tu varón. ¡Cómo no trotar y cabalgar tus colinas llegando así a las dunas de tu vientre y entremezclar los suspiros con lluvia íntima! He salido de mi escondite y estoy a tu lado, por más que intenté sacudirte con mi ánimo, no despertaste. Me retiré a mi guarida a rumiar mi desorden que, por supuesto, no es de este mundo. Recuerdo las veces que escuchaba a las parejas en su procesión de quejidos. Hermosa mujer, yo también me he decepcionado de tu esposo y me he quedado con el deseo de lubricar mis sentidos.

Silueta De Un Hombre Desconocido En Negro Visto Detrás De Una Puerta De  Vidrio Cerrado, Como Un Fantasma O Un Extranjero Fotos, Retratos, Imágenes  Y Fotografía De Archivo Libres De Derecho. Image

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s