Sobrebondad de Rubén García García

sendero

Llegaste como aguacero en un día soleado. De las hierbas del páramo volaron mariposas, la tierra dura se ablandó y brincaron los sapos enlodados de tiempo. La llamarada se encendió. Te fuiste, cuando sonreía. Dentro, quedó un vientecillo renuente, aire fresco que desconoce el horario y que en días pluviosos ofrece un crepúsculo, café y nostalgia. No entiendo la bondad de tu corazón ¿Por qué tenías que irte con otro más desafortunado?

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Teodoro Cano

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