No todo lo que brilla es oro de Rubén García García

Sendero

Me atrae tu pelo negro azul que se mece al compás de tu paso. Respirar tu sabor de capulines que esparce el viento, complace. Me gusta escucharte, hay lluvia que cae cuando hablas. Sueño vivir contigo mirando la vastedad: el barco que se hunde en el horizonte. Es una pena que pases tomada de la mano fina, larga, con mancuernas de oro y fistol en la camisa de seda.

Ayer lo reconocí por esos dedos largos y huesudos. Iba abrazando a otra mujer, que cargaba a un niño menor. Escuché que le decía con voz ronca: «apúrate, que hay que entregar la corbata, las mancuernillas y el fistol a mi hermano. Espero que hayas causado buena impresión y te den el trabajo»

Ficción negra de Rubén García García

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Al abrir la puerta percibió un olor a sangre. Se acercó al obeso cadáver y lo identificó por el arete. la estridente carcajada dispersó a las moscas.
—¡Hasta que te vi muerto cabrón hijo de puta!
Escucho la ingravidez de un suspiro y luego, un dolor punzante. Antes de sumirse en el vacío, la voz odiosa de su enemigo:
—¡Hoy se te quitará lo pendejo!
Y le dio la razón al gordo, que salió con el “Camaleón” que con un trapo limpiaba la sangre de su piel y le devolvía el arete.

Es demasiado de Rubén García García

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La mañana es húmeda y fría. Hace noches que la lluvia se escurre ahogando los campos sembrados de papa. Los viejos soplan sus manos para entibiar los dedos. La curva es gris, presagia que el mal tiempo seguirá.

El pueblo de San Filemón ora, y el rezo busca algo en el cielo dónde asirse, solo los alfileres de agua que caen.

Cuatro espectros montados bajan de la serranía y las madres, desesperadas, abrazan el cuerpo de los niños. ¡Lloran, lloran mucho; sin lágrimas para no mojar más la tierra!

Transformación de Rubén García García

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En la agonía del anciano, solo pidió perdón y las palabras se convirtieron en mariposas amarillas.

Monotonía de Rubén García García

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Dejé de comentarte, porque me sentí un hombre que hablaba solo. Estabas con tu taza de té, meciéndote en el sillón, tu mirada se perdía. Te limitabas a contestarme con monólogos como desde hace meses lo hacías. Me recluí en los periódicos, y tú en las telenovelas. Desde el balcón veía tu quehacer en el jardín, yo dibujaba. Los hijos, los nietos reunidos era de los momentos que disfrutábamos y después el mutismo. Tarde, nos dimos cuenta que jugábamos en equipos contrarios. ¿Volar? es ridículo. Esta casa la construimos hombro a hombro, es lo que logramos. Aquí viven los años felices, el silencio. Está en mis oídos tus pláticas con el jardín, como en mi lienzo se encuentran tus flores sonriendo de colores.

La molestia del ángel de Rubén García García

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Bastó un balazo. y fue viuda esa noche. Mañana será un día agitado y se durmió. el ángel de la guarda del occiso pasó la noche dando vueltas en la recámara. llegó la primera mosca zumbando y ella no dejaba de roncar.

El ángel enojado y nervioso se maldecía. Le molestaban las mudanzas.

El dolor parecía tan real. de Rubén García García

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Hay un hombre. Afuera hay silencio, soledad y árboles petrificados. Duerme profundamente, sonríe, y se queja al sentir que le extrajeron una costilla. Despierta, mira a su alrededor y ve el mismo esqueleto de la araña.

La huída de Rubén García García

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Con un portafolio bajo el brazo y una pequeña maleta abrió la puerta con precaución. Dio una última mirada a su casa. Dormían. Antes de cerrar escuchó la voz de su hija.
—Por qué te vas? —La luz del foco resbaló por su bata y delineó la silueta de una mujer en plenitud. Se acercó para darle un abrazo y decirle al oído:
—Me proponen un negocio y veré de que se trata.
—No mientas papá, pero respeto tu decisión. —ella sabía que no era cierto, intuía el porqué. Más de alguna vez sintió en su espalda el peso de su mirad
a.

Mis mejores tiempos ya se fueron de Rubén García García

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Por la madrugada escuché pasos felinos y sin levantarme tomé la Smith y disparé. Una sombra desapareció por la escalera de emergencia. Había escondido como parte de la suela del zapato la memoria donde estaban grabadas las pruebas contra el senador Quin, un narcopolítico. Por la mañana, a punto de abrir el enfriador, un ruido extraño me alertó y sin pensarlo me tiré por la ventana. Segundos después una explosión sacudía la vivienda. Escapé por el traspatio. “ya no estoy para estos trotes; me dije. Dejé el libro negro, y me rehíce en la poltrona para descansar del atrevimiento.

La mariposa parda de Rubén García García

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La mariposa tenía colores pardos y soltaba una pelusilla gris cada vez que se posaba en una flor. Volaba como si tuviese un ala rota, en tanto las amarillas lo hacían como breves fogatas sobre las olas del mar. Oculta tras un viejo árbol veía con admiración la fuerza de las monarcas; a ella le dolía el ala.

«reumatismo juvenil», -le había dicho su mamá, «es cosa de familia». Hacía interrupciones en el vuelo y eso molestaba a las flores ya que manchaba sus pétalos. «Esa mariposa tiene mucha caspa» Cuchicheaban. Ella dejó de volar sobre ellas y lo hizo de árbol en árbol.

Las flores doradas se enfermaron de palidez y arrugas. En silencio sollozaban al verse ajadas y polvorosas. La mariposa fue hacia ellas y aún así tuvieron fuerza para decirle: «llévate tu caspa a otra parte». Una flor infante, le dijo: «acomódate a mi lado y cuéntame de la vida que no conozco el mundo»

Le habló de la montaña, del viento, de la alegría del pájaro y del viejo cedro que fue su confidente. Los días siguieron como la gota de rocío que rueda. A la flor niña la llenó de su caspa gris. Hasta que la flor le pidió que la peinara y la mariposa fea vio que el color y la tersura llegó de nuevo a sus pétalos…

Un Clarín cantaba a lo lejos.

La mariposa parda de Rubén García García

Sendero

La mariposa tenía colores pardos y soltaba una pelusilla gris cada vez que se posaba en una flor. Volaba como si tuviese un ala rota, en tanto las amarillas lo hacían como breves fogatas sobre las olas del mar. Oculta tras un viejo árbol veía con admiración la fuerza de las monarcas; a ella le dolía el ala.

«reumatismo juvenil», -le había dicho su mamá, «es cosa de familia». Hacía interrupciones en el vuelo y eso molestaba a las flores ya que manchaba sus pétalos. «Esa mariposa tiene mucha caspa» Cuchicheaban. Ella dejó de volar sobre ellas y lo hizo de árbol en árbol.

Las flores doradas se enfermaron de palidez y arrugas. En silencio sollozaban al verse ajadas y polvorosas. La mariposa fue hacia ellas y aún así tuvieron fuerza para decirle: «llévate tu caspa a otra parte». Una flor infante, le dijo: «acomódate a mi lado y cuéntame de la vida que no conozco el mundo»

Le habló de la montaña, del viento, de la alegría del pájaro y del viejo cedro que fue su confidente. Los días siguieron como la gota de rocío que rueda. A la flor niña la llenó de su caspa gris. Hasta que la flor le pidió que la peinara y la mariposa fea vio que el color y la tersura llegó de nuevo a sus pétalos…

Un Clarín cantaba a lo lejos.

Un día en la vida de Elia

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lleva la pelota de ropa ajena que ha lavado en el río. No tarda la noche y sabe que hay que rebuscar en la cocina algunas tortillas que untadas con frijol y chile servirá para calmarle el hambre a su marido. Hay un huevito que reparte entre sus dos hijos, ella con un café negro con galletas se conforma. Tiene que ordenar la ropa, planchar el uniforme de los niños, limpiar los zapatos y calcetas que remendar. Antes de acostarse va a verlos, y los besa. Trastea, hace tiempo en la cocina, y confía que el compañero esté en el sueño. Solo desea dormir, y dormir como si nunca hubiese dormido.

El beso de Rubén García García

Sendero

Hace millones de años besé tu boca. Beso helecho que descendió de la montaña. Nadie sabía del tiempo, un beso que se alojó en tu memoria, en tus sueños. Beso forjado en la herrería de tus emociones. Reptaba hacia tus fuentes y bebía de ti hasta calmar la sed, mientras tus suspiros se confundían con el fuego de tus volcanes. Bajo tu lengua sentía la catarata de tu aliento con sabor de canela y menta. El beso está en ti como lluvia, como sol tibio y noche afrutada. Sólo tú lo llamas, la planicie de tu piel lo grita y el sabe que dormirá contigo.

El fulgor de Rubén García García

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Te encontré donde los ríos se unen. donde el puente parecía un ave dispuesta al vuelo. Todo llegó como un sueño con tiempo alterado. El cielo en ocres. Ollas de fragua donde el cobre se licua. Algún estruendo, el agua presurosa y los dos en un miligramo fulgente. Y después la eterna oscuridad, el sinsentido y solo en mi memoria el aroma de tus labios.

Pompas del terror de Rubén García García

Sendero

Mi Shing, general de la dinastía Tang, para amedrentar a los pueblos que se negaban a contribuir a la riqueza del imperio; hacia volar las semillas de diente de león. Sabían entonces, que el ataque era inminente del dragón Chino; si al terminar la lluvia de esferas no habían reunido el oro en semillas.

Era inútil huir.