Mis mejores tiempos ya se fueron de Rubén García García

Sendero

Por la madrugada escuché pasos felinos y sin levantarme tomé la Smith y disparé. Una sombra desapareció por la escalera de emergencia. Había escondido como parte de la suela del zapato la memoria donde estaban grabadas las pruebas contra el senador Quin, un narcopolítico. Por la mañana, a punto de abrir el enfriador, un ruido extraño me alertó y sin pensarlo me tiré por la ventana. Segundos después una explosión sacudía la vivienda. Escapé por el traspatio. “ya no estoy para estos trotes; me dije. Dejé el libro negro, y me rehíce en la poltrona para descansar del atrevimiento.

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