La somnolencia es por la lluvia fría y perseverante, y como efecto secundario los engendrados en ese lapso tienden a ser aburridos y llorones. Y si los bebes nacen el día de los muertos, crecen callados, siempre están encerrados en su cuarto aduciendo que están en una teleconferencia. Por la madrugada, como fantasmas asaltan el enfriador, que se la parte día y noche.
Me atrae tu pelo negro y petróleo que se mece al compás de tu paso. Respiro tu aroma de capulines que al viento complace. Me gusta escucharte, tu voz suave como una lluvia que platica con el tejado. Sueño con vivir contigo mirando la vastedad; el barco que se hunde en el horizonte. Es una pena que pases tomada de la mano fina, larga, y un carro nuevo que lo presume como suyo.
Es un empleado que cuida los coches, y que desagrado que tu intuición esté desorientada, por decir lo menos.
La araña capaz de matar con su veneno a un dinosaurio, fue víctima de una avispa que le inoculó su semen. Semanas después del vientre del arácnido saldrán insectos vestidos de seda en negro y amarillo con fino apéndice.
Pasan haciendo alharaca una docena de hombres. van rumbo al río Tlen, a sentir la corriente fría de la montaña. Se acomodan fetalmente, así el agua masajea y relaja. Hay en la vera del río donde me acuesto en una gran laja a ver el tablero del cielo: torres caballos, alfiles y peones.
Los hombres descamisados, pisan viejas pisadas. platican de mujeres y algunos se embroman tocándose las nalgas. A la vera del camino, se oye, lejana la risa cascada de los abuelos. Por un momento dejan la charla y beben dejando en el viento el dulce sabor de la caña. Mañana, el sol escarbará, una vez más, en su espalda.
En la iglesia su patrón, cena con el prior y degustan un tequila, especial para limpiar pecados.
Mis ojos juegan ajedrez en la inmensa copa del cielo. Tengo caballos, alfiles y una dama que al bailar tira sus velos.
Corro por desiertos y laderas de nieve. Voy por los tejados abrasados y me da por brincar tan alto que vuelo. Volar rozando las olas. Volar entre flores y salir con olor a jazmín. Mirar desde el cielo a los pescadores que llegan al puerto y retornar por callejones trenzados con piedra y laja. ¡Ahh! el aroma sagrado del pan y caminar con pisadas de gato hacia la cocina y tomar una pieza dorada y esponjosa. «Solo así te paras haragán”—me dice la compañera.
Te encontré donde los ríos se unen. donde el puente simulaba un ave dispuesta al vuelo. El cielo en ocres. Ollas de fragua donde el cobre se licua. El estruendo, el agua presurosa y los dos en un abrazo. Y después la eterna oscuridad, el sinsentido. Solo en mi memoria el aroma que me dejaste en los labios.
Desperté empapado de sudor en aquella tierra de sombras y silencio.
Ella tenía veinte años y yo era un chamaco. Su pelo danzaba cuando subía por los escalones y bajo la rodilla tenía un lunar en forma de ala.
Un día le pedí un beso, ella movió la cabeza y me dio la espalda. aunque logré mirar una mueca que me pareció una sonrisa. La miraba en silencio todos los días. Una tarde me llamó a su oficina.
«Te voy a dar el beso, no soporto tu mirada pedinche». La veía hacia arriba, había almendra en sus ojos y una corona de oro en su diente medió. Cerré mis ojos, sus labios sobre mi frente, por un momento sentí la decepción, y un poco antes de abrir mis ojos, sus labios encontraron los míos. Soy un viejo, pero si me toco el centro de mi boca vuelvo a sentir sus labios y mi juventud aparece.
Era una tía lejana, porque radicaba en el extranjero, y también era de tercer grado. Viuda regresó al pueblo. Me tomó como su secretario. Esa vez le preparé su baño y poco después me llamó enérgica, pensé para mis adentros «¿Qué habré hecho mal?»
Sigue siendo mí tía lejana, pero esta tarde en la tina, acortamos distancias.
La tierra apelmazada se suelta por las navajas de una ave. En el cielo hay una nube gorda, perezosa, que simula una vaca negra. Llueve, llueve a cántaros y por una brevedad humedece el ejido. El aroma dormido despierta. Es olor a tierra mojada que se esparce. Es un olor viejo de vida, es cavernícola. Olor que a los muertos despierta y los hace recordar su niñez. El sol irrumpe poderoso y la memoria se cierra, para volver a la eternidad del silencio.
Solo Tiresias sabía de mi viaje y pasé a despedirme. En la bolsa acomodé la flauta, los maderos, cuerdas y un ramo de hierbas aderezadas por el sereno y la luna. «suerte y buen viaje» me dijo cuando me abrazaba.
Un mes después, en la puerta al inframundo toqué con maestría la flauta y las tres cabezas del perro se durmieron. Caronte me dijo, al bajarme de su barca, «no tienes mucho tiempo». La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas y las cuerdas inmovilicé su cuello. Poco antes de la salida se oyó una voz imperativa atrás de ella: «¡A dónde vas!» Ella quiso voltear, pero no rompió los amarres. Corrimos hasta ver el día. La mujer florecía en lágrimas al abrazarse con sus hijos, que decían «has vuelto mamá».
Llegó abrupto. Entró como el filo en un rojo tomate. El mayo soleado dejó paso a un día invernal. Desaparecieron las moscas y el gato adormilado salió hacía el tejado, pero se regresó antes de que la puerta se le cerrara. Al fondo del patio las gotas frías y afiladas caían sobre el naranjo. El árbol esperaba un chubasco que lo limpiara del polvo y no la insolencia de este frío que lo estremece.
La lluvia se hace más helada y el naranjo no sabe donde guardó la gabardina. Mi madre corre con una sábana de plástico y lo cubre.Ella ama las naranjas dulces que desde niña le ofrece su amigo y ella disfruta.
El clavel es la flor favorita de nuestra comunidad política. El otro quehacer que ejercitan con maestría es el de la “vista gorda” Muchos son adictos a los dos, y los de mirada obesa se justifican diciendo que apenas si pueden ver para no caerse de los escalones.
Era un reprobador de matemáticas empedernido. Tenía un tio abuelo, que mi padre lo acogió en su negocio. Empezó a darme clases y los problemas que me presentaba se los respondía con acierto. «Sí sabes, eres listo. Con seguridad tus maestros no han reparado, o quizá sean impacientes. Sí sabes me repitió» En el examen de última oportunidad logré una calificación aprobatoria y seguí mis estudios de preparatoria.
El buen maestro prende los interruptores de luz que tiene el alumno y después él será capaz de aluzar su camino.
Mi Tio-abuelo Félix me dio lo que me faltaba: que alguien creyera en mí.
Felicidades Félix Austria donde quiera que te encuentres.
Fui a Tlen. Dos días y a la vera del sendero llegué a un campo de piedras encimadas, y algunos hoyos a medio cavar, ¿o buscaban agua, o tesoros? Dicen que por este rumbo campeaba la banda de los Ali hace décadas. Había un socavón. El tiempo y los remolinos lo llenaron de hojas y arena de desierto. De él sobresalía un árbol de pirulí, una frutita roja vistosa que la disfrutan los pájaros viajeros. Me senté a la sombra y al poco tiempo llegaron varios tipos de aves que hicieron un barullo grandioso. En aquel silencio cubierto de lajas y yuyos un árbol tenía su fiesta. Así que me uní a la chifladera.